El CO2 es uno de los principales causantes del calentamiento global y el gran quebradero de cabeza del ser humano a la hora de combatir el cambio climático. Su reducción es primordial para poder afrontar los graves problemas a los que se enfrenta el planeta, pero también existe la opción de su eliminación después de ser emitido y para ello contamos con unos fieles aliados: los árboles.

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El reino Plantae absorbe el CO2 y produce oxígeno sin ningún problema. El intercambio ocurre durante la fotosíntesis, que permite a la planta obtener energía a partir de la luz solar, una reacción durante la cual absorbe CO2 y expulsa oxígeno. De esta forma, el metabolismo de los vegetales ayuda a limpiar la atmósfera de los productos de combustión, cuyas principales fuentes son el tráfico rodado, el consumo energético y la industria.

Si bien la primera opción debe ser la reducción en origen, promoviendo una cultura de ahorro energético y hábitos saludables, las emisiones se pueden contrarrestar gracias a la contribución de los árboles. Una cantidad determinada de masa verde en las ciudades, cerca de las autopistas o en las inmediaciones de las zonas industriales, colabora en la regeneración del aire atmosférico y minimiza los efectos de nuestra inconsciencia.

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Los árboles que más CO2 absorben

Según un estudio elaborado por la Universidad de Sevilla en 2007, los árboles que más CO2 pueden eliminar del ambiente son los pinos, en concreto dos especies muy comunes en España, el pino carrasco (Pinus halepensis) y el pino piñonero (Pinus pinea). Un pino carrasco maduro puede absorber cerca de 50 toneladas de CO2 en un año. Esto supone que un solo ejemplar absorbe el equivalente a la emisión de casi 30 automóviles, de tamaño medio y que recorran aproximadamente 10.000 kilómetros cada 12 meses.

Teniendo en cuenta que la mayor parte de la Península Ibérica es un hábitat ideal para este tipo de conífera, la conclusión es clara: los pinos son fundamentales para la lucha contra el cambio climático, sin perjuicio de continuar concienciando a la población de que debemos ser responsables tanto en el consumo energético como en el uso del transporte.

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Por detrás de las casi 50 toneladas por año que absorbe un pino carrasco adulto, el pino piñonero es capaz de contrarrestar más de la mitad, unas 27 toneladas, que no es una cantidad nada desdeñable. Otras especies muy efectivas para contribuir a una atmósfera limpia son la encina (Quercus ilex) y el alcornoque (Quercus suber), con alrededor de 5 toneladas por año, así como el olmo (Ulmus minor) y el olivo (Olea europea). En todos los casos hablamos de ejemplares maduros, que ya sabemos que nos aportan muchos beneficios.

El valor de los árboles es incalculable. Son los que protegen el suelo, dan cobijo a los animales y son una de las principales unidades estructurales de los ecosistemas, pero además reportan beneficios a los seres humanos, que tanto los maltratamos a base de incendios, deforestación y contaminación. Ellos nos responden con terapias antiestrés, áreas de ocio y esparcimiento y limpiando una atmósfera que nosotros ensuciamos. El ser humano está obsesionado con perjudicar a la madre naturaleza y ella, en cambio, empeñada en cuidarnos.