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La vida silvestre espera que recapacitemos

Oler, tocar, sentir, abrazar, degustar…estos verbos y muchos más se pueden realizar en cualquier espacio natural silvestre cerca de nosotros. Placeres que están siendo vedados, debido al inexorable avance de ese civilizado y desarrollado hábitat humano. La ciudad se traga al bosque. Lo mastica lentamente hasta que ya no queda nada de él. No queda ni un solo rastro de la vida que estuvo allí concentrada, y que a su vez sirvió como base para el desarrollo de múltiples especies animales y vegetales.

¿Cuándo se tardó en construir y levantarse ese enorme reino silvestre constituido por murallas de árboles y piedras, montañas inalcanzables para la dimensión humana, cascadas y ríos que fluían y alimentaban por doquier a la extensa red de criaturas de los lugares por dónde surcaban? La naturaleza realizó un trabajo extraordinario para que todo estuviera presente y no faltase de nada, en un perfecto estado de armonía. Sí, la naturaleza es el más alto grado de perfección. La perfección hecha materia. No necesita nada, ni de nadie para seguir así. Ella misma se crea y se destruye a su ritmo acompasado dado por las estaciones. Es perfecta en sí misma. La creación divina.

Naturaleza
En la naturaleza todo es equilibrio.

Pero todo ello es posible destruirlo en un momento, en un instante, en un solo segundo. La obra maestra por antonomasia se puede deshacer al acabar con cualquiera de esos puntos de conexión que unen esta red natural. La mano humana ha levantado torres de hormigón donde había unas maravillosas torres de madera, que son los árboles. Ha preferido transformar la hierba en cemento, a pesar de todos sus inconvenientes. Ha secado ríos a diestro y siniestro para crear las infraestructuras que creía necesarias, aún quedándose sin ese valioso elemento. Ha hurgado en las profundidades de la tierra y el mar para satisfacer todas sus pretensiones ególatras. Ha imitado el vuelo de las aves para poder ver desde lo más alto cuál era su próximo objetivo. Nada se le está resistiendo en ese avance implacable, dejando un rastro imborrable. Las víctimas tras de sí son numerosas, porque al hombre en algún momento de su corta, pero destructiva historia, se le olvidó que él formaba parte de esa creación divina. A partir de entonces, todo cambió.

Ese hombre que vivía de cara a la naturaleza, que la comprendía, que la respetaba, que la nutría, que la amaba, porque sabía que sin ella no podría sobrevivir; ya no existe. Esos lazos de unión que se crearon entre él y ella, entre ella y él, se esfumaron. A pesar de que la mano humana podía haber sido una mano fraternal con las dotes necesarias para esculpir y crear a su antojo sin dañar, prefirió ceder el testigo a otros valores más nocivos para ella misma. La naturaleza quedó relegada a un segundo plano, como un adlátere picajoso. 

Pensando que podía ser el rey y dominar todo cuánto quisiera, el hombre se dedicó a deshacer y exterminar aquello que le obstaculizaba en su camino sin rumbo, porque también perdió el rumbo en ese camino tortuoso que eligió recorrer. Hechizado por su nuevo poder, debió pensar que él era el elegido para seguir conquistando esos nuevos mundos, que todavía se le resistían. Pero pronto llegaron los varapalos, y aún así, decidió continuar con su labor destructora y acaparadora. Jamás miró hacia atrás para ver que era lo que iba dejando tras de si, jamás se preocupó por los efectos colaterales de su intrusión. Ahora se había convertido en un intruso, ya no respetaba a nada, ni a nadie, pero nadie le respetaba a él.

Y en algún momento llegó la venganza del mundo natural, porque lo que tiene la naturaleza es que dándole muy poco, puedes recibir mucho; pero si se la daña, ese daño se va a volver contra ti. Ese paraíso naturalizado, creado de forma artificial, ha comenzado a dar los primeros síntomas de estar verdaderamente enfermo. Entonces la pregunta sería: ¿cuánto va a tardar en autodestruirse?

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

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