De lo desechable a lo reutilizable: así cambié mi forma de vivir la menstruación
Si echo la vista atrás y pienso en cómo viví mis primeras menstruaciones, recuerdo sobre todo la incomodidad y la sensación de estar generando una cantidad enorme de basura cada mes. Compresas, tampones, envoltorios… todo de usar y tirar. Durante años lo asumí como algo normal, hasta que empecé a interesarme por el impacto ambiental de esos productos fabricados en gran parte con celulosa y plásticos. Me impresionó pensar en la cantidad de árboles talados y residuos acumulados simplemente para gestionar algo tan natural como el sangrado menstrual. Fue entonces cuando decidí probar alternativas más sostenibles, como las bragas menstruales y la copa menstrual de silicona médica.

Bragas menstruales, si no las has probado, debes hacerlo
La primera vez que escuché hablar de las bragas menstruales me mostré bastante escéptica. Me preguntaba si realmente podrían absorber el flujo sin que me sintiera húmeda o incómoda. Sin embargo, cuando me animé a probarlas, me sorprendió lo mucho que habían avanzado en diseño y tecnología. Hay modelos pensados para flujo débil, otros para flujo moderado y algunos que realmente aguantan días abundantes. En mi caso, que tengo un segundo día bastante intenso, opté por una braga menstrual de alta absorción y de fabricación artesanal en España, con hilo se soja y una calidad superior. Es biodegradable y reciclable, que se puede lavar a 40 grados centígrados. La combiné con una copa las primeras veces por miedo a manchar. Para mi sorpresa, no fue necesario.
Lo que más me gusta de las bragas menstruales es la comodidad. Me las pongo y me olvido. No siento que lleve “algo” como cuando usaba compresas, que a veces se movían o me rozaban si caminaba mucho. Trabajo muchas horas sentada frente al ordenador, y con ellas no tengo esa sensación de humedad constante. Además, para dormir han sido un antes y un después. Antes me acostaba preocupada por posibles fugas; ahora duermo mucho más tranquila. Eso sí, requieren organización: cuando tienes flujo abundante y pasas muchas horas fuera de casa, necesitas llevar una de recambio o saber que aguantarán hasta que vuelvas. Y luego está el lavado. A mí no me supone problema enjuagarlas primero con agua fría y luego meterlas en la lavadora, pero entiendo que para algunas personas puede resultar engorroso, sobre todo si comparten piso o no tienen facilidad para lavar con frecuencia.
Copa menstrual, sostenible y ecológica
La copa menstrual fue otro descubrimiento importante. Al principio me imponía bastante respeto. La idea de doblarla e introducirla parecía complicada, y temía no saber colocarla bien. Las primeras veces fueron un pequeño reto, no lo voy a negar. Requiere conocerse, perder el miedo y darse tiempo. Pero una vez que le coges el truco, la libertad que ofrece es increíble. En días de mucho trabajo, reuniones largas o incluso viajes, la copa me ha permitido olvidarme del baño durante horas, porque puede mantenerse puesta hasta ocho o incluso doce horas según el flujo.
Me gusta especialmente la que uso porque es una copa menstrual de silicona médica biocompatible, un material seguro que no altera la flora vaginal y que puede durar años si se cuida bien. Además, está fabricada en España, no lleva tóxicos como tintes o derivados del plástico, como TPE, por lo que me aseguro que cumple con todos los estándares. Pensar que con una sola copa puedo cubrir varios años de menstruaciones me parece un cambio enorme frente a la cantidad de productos desechables que utilizaba antes. Económicamente también se nota: la inversión inicial es mayor que una caja de tampones, pero a medio plazo compensa claramente.
Sin embargo, no todo es perfecto ni universal. La copa no siempre me resulta práctica en baños públicos pequeños o poco limpios, donde vaciarla y enjuagarla puede ser incómodo. En esos casos, prefiero llevar bragas menstruales o combinarlas. También hay trabajos físicamente exigentes o con poco acceso a descansos en los que cada persona tendrá que valorar qué le resulta más cómodo. Tengo amigas que trabajan de cara al público muchas horas seguidas y se sienten más seguras combinando métodos en los días fuertes. Otras, que hacen deporte intenso, prefieren la copa porque no se mueve y no se nota en absoluto.
Lo que más valoro de haber hecho este cambio es la sensación de coherencia con mis valores. Reducir el uso de productos con celulosa y plástico, disminuir mi huella de residuos y tratar mi cuerpo de una manera más respetuosa me ha hecho vivir la menstruación con menos carga negativa. Ya no la siento como algo sucio o molesto que hay que esconder, sino como un proceso natural que puedo gestionar de forma consciente.

Creo que no existe una única opción perfecta para todas. Cada cuerpo, cada ritmo de vida y cada contexto laboral son distintos. Pero sí siento que hoy tenemos más alternativas que nunca para vivir la menstruación de forma sostenible, cómoda y alineada con el cuidado del planeta. En mi experiencia, atreverse a probar estas nuevas maneras ha sido liberador. Y aunque al principio dé un poco de miedo salir de lo conocido, el cambio puede ser mucho más sencillo —y transformador— de lo que imaginamos.
