Del asfalto a los refugios climáticos: reinventar las ciudades en el Día Mundial de las Ciudades 2026
Este reto implica a administraciones públicas, empresas constructoras, estudios de arquitectura, compañías energéticas, organizaciones sociales y entidades responsables de infraestructuras. Todas pueden contribuir a desarrollar ciudades más frescas, eficientes y resilientes, capaces de proteger a la población sin disparar el consumo energético ni agravar las desigualdades.
Una referencia para orientar esta transformación es el artículo científico Urban Adaptation to Climate Change: Climate Refuge Networks as a Strategy to Mitigate Thermal Stress, publicado en 2026 en la revista Urban Science, de MDPI. Sus autores analizan las redes de refugios climáticos como estrategia para reducir el estrés térmico y comparan las experiencias de Barcelona, Ámsterdam y Copenhague. El estudio destaca la importancia de combinar espacios frescos, planificación urbana, coordinación institucional y medidas específicas para proteger a las personas vulnerables.

Transformar las ciudades para reducir el calor
Uno de los primeros pasos consiste en modificar el diseño del espacio público. El asfalto, el hormigón expuesto al sol, las grandes plazas sin sombra y las calles con escasa vegetación absorben y almacenan energía durante el día, liberándola después y dificultando que el entorno se enfríe por la noche. Este fenómeno, conocido como isla de calor urbana, prolonga el estrés térmico y aumenta las necesidades de refrigeración.
Los proyectos de renovación urbana deberían incorporar arbolado, pavimentos adecuados, zonas de sombra, espacios de descanso y recorridos peatonales protegidos. Las plazas y avenidas pueden combinar superficies permeables, pérgolas y vegetación para reducir la exposición solar y favorecer la infiltración del agua.
Los árboles desempeñan un papel fundamental porque proporcionan sombra y enfrían el ambiente mediante la evapotranspiración.
Sin embargo, su implantación requiere seleccionar especies adaptadas al clima local, garantizar espacio para las raíces y planificar el mantenimiento. En regiones con escasez de agua, conviene priorizar especies resistentes a la sequía y utilizar sistemas de riego eficientes, con agua regenerada cuando sea viable.
La orientación de las calles, la separación entre edificios y la ventilación natural también deben formar parte del planeamiento. Los corredores de aire pueden facilitar la disipación del calor, aunque su eficacia depende de la geometría urbana y las condiciones meteorológicas. Cada ciudad necesita soluciones adaptadas a su clima, densidad y características constructivas.
Materiales y tecnologías para construir ciudades más frescas
Los materiales de construcción deben elegirse teniendo en cuenta su comportamiento frente a la radiación solar, la acumulación de calor y las necesidades de refrigeración. Las cubiertas y fachadas de colores claros, con revestimientos reflectantes, pueden reducir el calentamiento de las superficies. Combinadas con un buen aislamiento, ayudan a limitar la entrada de calor en los edificios.
Las cubiertas vegetales y las fachadas verdes aportan sombra, retienen parte del agua de lluvia y contribuyen al enfriamiento mediante evapotranspiración. Su instalación exige una estructura apropiada, impermeabilización, mantenimiento y una gestión responsable del agua.
Los materiales de cambio de fase constituyen otra opción tecnológica. Pueden absorber y liberar energía térmica durante sus cambios de estado, amortiguando las variaciones de temperatura interior. Su rendimiento depende del diseño constructivo y de las condiciones climáticas.
La tierra, la piedra y otros materiales con elevada inercia térmica también pueden contribuir a mantener temperaturas más estables cuando se combinan con aislamiento, protección solar y ventilación nocturna. Sin embargo, si las noches son demasiado cálidas, las paredes pueden retener calor y dificultar el enfriamiento del edificio.
Las ventanas de altas prestaciones, los vidrios con control solar, las persianas exteriores y las lamas automatizadas permiten reducir la radiación que alcanza los interiores. En edificios existentes, estas mejoras pueden disminuir considerablemente el sobrecalentamiento sin necesidad de realizar una rehabilitación integral.
Los sensores de temperatura, humedad y calidad del aire permiten regular la ventilación y la climatización según las condiciones reales. Los modelos digitales y los mapas térmicos pueden identificar los puntos críticos de cada barrio y ayudar a decidir dónde invertir primero. La prioridad debe ser reducir la demanda energética, no trasladar el problema al consumo eléctrico o al espacio público.
Edificios preparados para temperaturas extremas
No existe un único modelo arquitectónico adecuado para todas las ciudades, pero los edificios preparados para el calor suelen compartir varias características: aislamiento térmico, protección solar exterior, ventilación controlada, ventanas bien diseñadas y una envolvente capaz de limitar las ganancias térmicas.
La arquitectura bioclimática permite incorporar patios sombreados, porches, galerías, ventilación cruzada y sistemas para evacuar el calor acumulado durante la noche. En zonas donde las temperaturas nocturnas permanecen elevadas, estas medidas deben complementarse con refrigeración eficiente.
Los hospitales, las residencias, los centros educativos y otros equipamientos de uso colectivo merecen una atención especial. Sus instalaciones deben disponer de sistemas fiables para mantener condiciones térmicas seguras y, cuando resulte necesario, alimentación eléctrica de respaldo y planes de continuidad ante emergencias.
En las viviendas, las ayudas públicas y la colaboración empresarial pueden facilitar la instalación de aislamiento, persianas exteriores, cubiertas reflectantes y equipos eficientes. La prioridad debe situarse en los inmuebles más vulnerables, evitando que la protección dependa exclusivamente de la capacidad económica de sus habitantes.
Las nuevas promociones también deberían incorporar criterios de confort térmico estival y evaluar el riesgo de sobrecalentamiento desde la fase de diseño. Para las empresas constructoras, invertir en estas soluciones supone mejorar la habitabilidad, reducir los costes operativos y anticiparse a las necesidades de adaptación climática.
Redes de refugios climáticos para proteger a la población
La transformación urbana no será suficiente si las personas no disponen de lugares seguros donde refugiarse durante una ola de calor. Las redes de refugios climáticos permiten acceder a espacios frescos, próximos y accesibles sin necesidad de construir edificios nuevos en todos los casos.
Bibliotecas, centros culturales, museos, mercados, centros cívicos y determinados equipamientos deportivos pueden desempeñar esta función si ofrecen condiciones térmicas adecuadas y amplían sus horarios durante las alertas. Los parques, jardines, patios y calles arboladas también pueden actuar como refugios exteriores cuando proporcionan sombra suficiente.
El estudio publicado en MDPI destaca el caso de Barcelona, que ha desarrollado una red institucionalizada de refugios climáticos. Según los datos municipales analizados por los autores, en 2024 la ciudad comunicaba más de 350 espacios y una cobertura aproximada del 98 % de la población a diez minutos a pie.
Sin embargo, la proximidad no garantiza por sí sola la protección: también importan los horarios, la accesibilidad, los servicios y la disponibilidad durante los fines de semana y las vacaciones.
Ámsterdam aporta una experiencia centrada en la coordinación institucional, la comunicación y la protección de grupos vulnerables. Copenhague, por su parte, destaca por el papel de las infraestructuras verdes y azules, como la vegetación y los elementos relacionados con el agua, para mejorar el microclima urbano. El estudio concluye que las ciudades necesitan combinar estas estrategias con protocolos operativos y sistemas de evaluación.
Los refugios deberían disponer de agua potable, asientos, aseos accesibles, señalización clara y personal suficiente cuando sea necesario. Las empresas pueden colaborar abriendo instalaciones al público o financiando mejoras en equipamientos comunitarios mediante acuerdos con las administraciones.
Grandes recintos para emergencias climáticas
Junto a los refugios distribuidos por los barrios, las ciudades pueden estudiar la construcción de recintos de gran capacidad para proteger a la población durante episodios prolongados de calor y otras emergencias. Estos equipamientos deberían funcionar durante todo el año como instalaciones deportivas, culturales, feriales o comunitarias, y transformarse temporalmente en espacios de protección.
Los pabellones climáticos metropolitanos podrían incorporar cubiertas reflectantes, aislamiento, ventilación controlada, refrigeración eficiente, paneles fotovoltaicos y baterías. También necesitarían agua potable, aseos, áreas de descanso, espacios accesibles y protocolos para atender a familias y personas con necesidades especiales.
Otra posibilidad son los grandes atrios bioclimáticos y las galerías cubiertas, diseñados para proporcionar sombra y ventilación natural. En lugar de climatizar indiscriminadamente enormes volúmenes, podrían combinar áreas semiabiertas con salas refrigeradas destinadas a los periodos más críticos.
La planificación debe valorar primero la reconversión de edificios infrautilizados y terrenos públicos disponibles, reduciendo la necesidad de construir nuevas instalaciones. Los grandes recintos, además, nunca deberían sustituir a los refugios de proximidad: durante una ola de calor, recorrer largas distancias puede resultar peligroso para las personas mayores o con movilidad reducida.
Tecnología, prevención y colaboración empresarial
Las ciudades pueden combinar sensores urbanos, imágenes térmicas, información meteorológica y sistemas de información geográfica para identificar los barrios con mayor exposición al calor. Si estos datos se relacionan con la calidad de las viviendas, la densidad de población y la proximidad a refugios, las inversiones pueden dirigirse hacia las zonas que más las necesitan.
La inteligencia artificial y los modelos predictivos también pueden ayudar a anticipar la demanda energética, organizar la apertura de refugios y coordinar los servicios de emergencia. Estas herramientas deben complementar la gestión pública y acompañarse de información accesible para quienes no utilizan medios digitales.
Las empresas constructoras deberán desarrollar materiales y sistemas de rehabilitación adaptados al calor. A su vez, las compañías energéticas podrían impulsar soluciones de refrigeración eficiente y almacenamiento, y las entidades financieras necesitarían incorporar el riesgo térmico a sus inversiones inmobiliarias, mientras que universidades y centros de investigación pueden evaluar los resultados de los proyectos piloto.
Las administraciones, por su parte, tendrán que integrar la adaptación en los planes urbanísticos, los presupuestos y los contratos públicos. Para comprobar la eficacia de las actuaciones, conviene medir las temperaturas interiores y exteriores, el consumo energético, los horarios de apertura de los refugios y la población que puede acceder a ellos en un tiempo razonable.
Prepararse hoy para las ciudades del futuro
Adaptarse a las olas de calor exige actuar simultáneamente sobre el urbanismo, los edificios, la energía, los servicios públicos y la organización social. Algunas soluciones consisten en rehabilitar instalaciones existentes; otras requieren nuevas infraestructuras y una planificación a largo plazo. Todas necesitan financiación, mantenimiento y evaluación.
Las empresas, las instituciones y las organizaciones disponen de oportunidades concretas para impulsar esta transformación: reducir el calentamiento de las superficies, rehabilitar edificios, ampliar las zonas verdes, habilitar refugios accesibles y desarrollar instalaciones capaces de mantener sus servicios durante las emergencias.
Las ciudades del futuro no se definirán únicamente por su capacidad para crecer o incorporar tecnología, sino también por su capacidad para proteger a sus habitantes cuando las temperaturas alcancen niveles extremos. Una ciudad preparada para el calor es aquella que consigue calentarse menos, utilizar mejor sus recursos y garantizar que nadie quede desprotegido durante una emergencia climática.
