Los ingredientes ocultos de los perfumes: qué sabemos sobre sus efectos en la salud
Los perfumes y las fragancias forman parte de numerosos productos de uso cotidiano, como colonias, desodorantes, champús, acondicionadores, productos de limpieza, cosméticos y artículos para el lavado de la ropa. Su utilización se remonta a miles de años atrás, cuando civilizaciones como la egipcia empleaban hierbas, gomas y resinas aromáticas en ceremonias religiosas. En la actualidad, las fragancias se utilizan tanto para proporcionar un olor agradable como para mejorar la experiencia de uso de los productos y conseguir que su aroma permanezca durante más tiempo.
Pero es necesario revisar los contaminantes y las sustancias químicas presentes en los productos aromáticos, así como los posibles efectos adversos asociados a la exposición humana. También pretende identificar las complicaciones descritas en las personas expuestas y analizar los factores que pueden influir en su frecuencia y gravedad.

1. Composición de los perfumes: sustancias naturales y sintéticas
Los productos aromáticos se dividen, según el texto, en dos grandes grupos: los naturales y los sintéticos. Las fragancias naturales se obtienen de materias primas como plantas, líquenes, algas marinas y aceites extraídos de distintas partes de los vegetales. Estas materias contienen compuestos aromáticos que proporcionan sus olores característicos.
Los compuestos aromáticos sintéticos se fabrican mediante procesos industriales y se utilizan como alternativas a las materias primas naturales. Entre las razones de su utilización se encuentran sus menores costes de producción, la disponibilidad limitada de determinados recursos naturales y los problemas relacionados con la calidad o la uniformidad de algunas materias primas.
Sin embargo, tanto los productos naturales como los sintéticos pueden contener sustancias capaces de producir efectos adversos. El origen de un ingrediente no determina por sí solo su seguridad, ya que también deben considerarse su composición, concentración, forma de utilización y vía de exposición.
Los perfumes y otros productos aromáticos contienen mezclas complejas de sustancias químicas. Entre ellas se encuentran los compuestos orgánicos volátiles (COV), el limoneno, el alfa-pineno, el beta-pineno, el etanol, la acetona y el acetaldehído. Estas sustancias presentan propiedades diferentes y pueden liberarse al ambiente, especialmente cuando se utilizan productos que se evaporan con facilidad o se aplican en forma de aerosol.
También se identifican otros componentes de interés toxicológico, como los ftalatos, los parabenos y el triclosán. Algunas de estas sustancias se emplean para prolongar la duración de los aromas, conservar las formulaciones o limitar el crecimiento de microorganismos. Su presencia y concentración pueden variar según el producto analizado.
2. Ftalatos: sustancias utilizadas para prolongar la duración de las fragancias
Los ftalatos constituyen uno de los grupos químicos destacados en el estudio. Entre los compuestos mencionados se encuentran el ftalato de dietilo (DEP), el ftalato de dibutilo (DBP), el ftalato de dimetilo (DMP) y el ftalato de diisobutilo (DiBP).
Según el estudio científico del que se ha extraído la información, estas sustancias pueden encontrarse en determinados productos de uso cotidiano, como desodorantes, champús, jabones, cosméticos y esmaltes de uñas. El ftalato de dietilo se utiliza para prolongar la duración de los perfumes, mientras que el ftalato de dimetilo y el propio DEP pueden ralentizar la evaporación de los componentes aromáticos, permitiendo que el olor permanezca durante más tiempo.
El documento recoge datos de un estudio en el que se analizaron 102 productos, entre ellos lacas para el cabello, perfumes, fragancias y esmaltes de uñas. En esa investigación se detectaron cuatro tipos de ftalatos. El DBP apareció en 19 de los 21 esmaltes de uñas examinados y en 11 de los 42 perfumes analizados. Por su parte, el DEP se encontró en 24 de los 42 perfumes y en 2 de las 8 sustancias aromáticas estudiadas.
Estos resultados muestran que determinados ftalatos se detectaron en una proporción importante de los productos examinados en aquella investigación. No obstante, los datos corresponden a las muestras analizadas y no permiten concluir que todos los perfumes comercializados contengan esas sustancias ni que todos presenten las mismas concentraciones.
El texto también señala que el DEP figura en la lista de contaminantes tóxicos prioritarios de la legislación estadounidense sobre aguas. Asimismo, recoge preocupaciones científicas sobre sus posibles efectos en la fertilidad masculina y sobre la exposición a ftalatos durante el embarazo. Algunos estudios citados encontraron una asociación entre la exposición prenatal a estas sustancias y un mayor riesgo de asma o niveles elevados de inmunoglobulina E (IgE) en niños.
La IgE es un anticuerpo que participa en las respuestas alérgicas. Por ello, los resultados mencionados han despertado interés por la posible relación entre determinados contaminantes y el desarrollo de enfermedades alérgicas. Sin embargo, una asociación observada en un estudio no demuestra necesariamente que la exposición sea la causa directa del efecto, y la valoración del riesgo requiere considerar las sustancias concretas, las dosis y las condiciones de exposición.
3. Parabenos y triclosán: conservantes y sustancias antimicrobianas
Otro grupo de sustancias descrito en el documento es el de los parabenos. Entre ellos figuran el metilparabeno (MP), el butilparabeno (BP), el etilparabeno (EP) y el propilparabeno (PP). Estos compuestos se han utilizado como conservantes en cosméticos, perfumes y desodorantes, debido a su capacidad para limitar el crecimiento de determinados microorganismos.
El estudio plantea que algunos parabenos pueden tener actividad hormonal y recoge investigaciones que exploran su posible relación con procesos relacionados con el cáncer. En particular, menciona compuestos con propiedades estrogénicas, es decir, capaces de interactuar con mecanismos relacionados con los estrógenos, entre los factores que se han investigado en relación con el cáncer de mama.
El texto también aborda el triclosán, una sustancia antimicrobiana que se utilizó ampliamente en jabones antibacterianos. Según el documento, aunque su uso fue restringido por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) en determinados productos de lavado antiséptico en 2016, se ha seguido utilizando en algunas formulaciones, como pastas dentífricas, colutorios y cremas contra el acné.
Los autores señalan que el triclosán puede interferir en la función tiroidea y que tanto esta sustancia como algunos parabenos han sido estudiados por sus posibles efectos en procesos relacionados con el cáncer.
Estas observaciones forman parte de la evaluación científica de determinados ingredientes, pero es importante distinguir entre la existencia de actividad biológica, los resultados obtenidos en estudios experimentales y la demostración de efectos perjudiciales en personas expuestas a las concentraciones habituales de un producto. El texto recoge preocupaciones y asociaciones que requieren interpretarse atendiendo a la evidencia disponible para cada compuesto.
4. Alergias cutáneas y sensibilización a las fragancias
Las alergias constituyen uno de los efectos adversos que el documento identifica con mayor frecuencia en la literatura científica revisada. Algunos componentes de los perfumes pueden penetrar en la piel y desencadenar una respuesta inmunitaria en personas previamente sensibilizadas. Esta reacción puede manifestarse como dermatitis alérgica de contacto, con síntomas como enrojecimiento, picor, inflamación, erupciones y eccema.
El estudio destaca que las fragancias pueden contener numerosos compuestos con capacidad alergénica, entre ellos sustancias aromáticas de origen vegetal. Por tanto, el riesgo de desarrollar una reacción no se limita a los perfumes sintéticos, ya que determinados aceites esenciales y extractos naturales también pueden provocar sensibilización.
Los resultados recogidos en el documento muestran que la frecuencia de las reacciones alérgicas varía considerablemente entre las poblaciones estudiadas. En una investigación realizada con 90 estudiantes de enfermería, 12 personas, equivalentes al 13 %, presentaron alergia a las fragancias. En otra encuesta realizada a 567 personas de entre 15 y 69 años, seis participantes, el 1,1 %, reaccionaron a una mezcla de fragancias durante las pruebas efectuadas.
El documento también recoge un estudio en el que se observaron complicaciones relacionadas con diez perfumes populares en el 6,9 % de las mujeres con eccema incluidas en la investigación. Asimismo, menciona una elevada frecuencia de sensibilidad a fragancias comerciales entre determinados grupos de pacientes dermatológicos. En una investigación citada, esta sensibilidad se notificó en el 57 % de los pacientes estudiados, aunque el resultado corresponde a una población concreta y no puede extrapolarse a la población general.
En otro estudio realizado en India con 50 pacientes con sospecha de dermatitis alérgica de contacto, el perfume fue identificado como alérgeno en el 47 % de los casos. El texto también señala que, en investigaciones sobre dermatitis alérgica relacionada con cosméticos, las fragancias figuraron entre los desencadenantes más habituales.
En conjunto, estos datos muestran que las fragancias pueden desempeñar un papel importante en determinadas reacciones cutáneas, especialmente entre las personas que ya presentan dermatitis o sensibilidad a ciertos ingredientes. Sin embargo, las diferencias entre los porcentajes publicados reflejan que la frecuencia de las alergias depende de la población analizada, los criterios diagnósticos, las sustancias utilizadas en las pruebas y las características de cada estudio.
El documento también menciona posibles reacciones alérgicas en animales de compañía. En una investigación europea citada, se observaron tasas de alergia de contacto relacionadas con perfumes de entre el 1,5 % y el 3 % en el contexto estudiado. Este dato sugiere que la exposición a determinadas fragancias también puede ser relevante para la salud de los animales sensibles.

5. Problemas respiratorios y relación con el asma
Los efectos respiratorios constituyen otro de los principales ámbitos de preocupación abordados por el estudio. La exposición a perfumes, colonias y otros productos aromáticos se ha relacionado con síntomas como tos, estornudos, irritación nasal, molestias en las mucosas, sensación de falta de aire y crisis asmáticas en personas susceptibles.
El documento recoge los resultados de una investigación sueca en la que el 20 % de la población estudiada expuesta a perfumes y colonias manifestó problemas respiratorios, mientras que el 5,5 % experimentó ataques de asma. Otros estudios incluidos en la revisión notificaron problemas respiratorios en el 9,1 %, el 11,6 % y el 18,6 % de las personas expuestas.
Estas cifras muestran que, en las poblaciones investigadas, los síntomas respiratorios asociados a los productos perfumados no fueron excepcionales. No obstante, los porcentajes proceden de estudios diferentes, con posibles variaciones en la selección de participantes, la definición de los síntomas y las características de la exposición. Por ello, no deben interpretarse como una estimación única del riesgo para toda la población.
El documento también advierte de que los síntomas respiratorios pueden aparecer por el uso de otros productos aromáticos, como los aerosoles corporales, y no exclusivamente por los perfumes tradicionales.
Desde el punto de vista de las personas sensibles, este apartado resulta especialmente relevante porque la exposición puede producirse por inhalación, sin necesidad de aplicar el producto directamente sobre la piel. Una persona puede entrar en contacto con una fragancia utilizada por otra persona en un espacio cerrado, en el transporte público o en el lugar de trabajo. En quienes presentan asma o una sensibilidad respiratoria concreta, estas situaciones pueden desencadenar molestias que afectan a su vida cotidiana.
6. Compuestos orgánicos volátiles y exposición a través del aire
Los compuestos orgánicos volátiles (COV) ocupan un lugar importante en la revisión porque pueden liberarse al ambiente durante el uso de productos aromáticos. El documento menciona sustancias como el limoneno, el alfa-pineno, el beta-pineno, el etanol, la acetona y el acetaldehído, entre otras.
Estas sustancias presentan propiedades químicas diferentes, pero algunas pueden evaporarse con facilidad a temperatura ambiente. Cuando un perfume, una colonia o un aerosol se utiliza en un espacio cerrado, parte de sus componentes puede pasar al aire y ser inhalada por las personas presentes.
Según el texto, los productos aromáticos pueden emitir más de cien compuestos orgánicos volátiles. Esta diversidad de sustancias dificulta la evaluación de sus efectos, ya que cada formulación puede contener una mezcla distinta y la exposición real depende de las cantidades utilizadas, la frecuencia de aplicación, la ventilación y el tamaño del espacio.
La presencia de numerosos COV no significa automáticamente que todos sean tóxicos o que cualquier exposición produzca una enfermedad. Para evaluar los posibles efectos es necesario conocer la identidad de las sustancias, sus concentraciones y la duración del contacto. No obstante, el estudio destaca la importancia de analizar estas emisiones y sus posibles repercusiones sobre la salud, especialmente en situaciones de exposición frecuente.
7. Posibles efectos hormonales, reproductivos y otros riesgos señalados
Además de las alergias y los problemas respiratorios, el documento recoge investigaciones sobre posibles efectos endocrinos y reproductivos de determinados componentes de los productos perfumados.
Entre las sustancias estudiadas se encuentran algunos ftalatos, parabenos y almizcles nitro. Los autores destacan que ciertos compuestos con propiedades estrogénicas pueden interactuar con mecanismos hormonales y señalan que se ha investigado su posible relación con el cáncer de mama. El texto también plantea preocupaciones sobre la capacidad de algunas sustancias para alterar la regulación endocrina y menciona posibles efectos del triclosán sobre la función tiroidea.
En el ámbito reproductivo, la revisión recoge inquietudes sobre la relación entre la exposición al ftalato de dietilo y la fertilidad masculina. Asimismo, describe estudios que han examinado la exposición prenatal a ftalatos y su posible asociación con el asma y determinados indicadores de respuesta alérgica en la infancia.
Entre las complicaciones que el texto relaciona con el uso de perfumes se incluyen neuropatías y alteraciones neurológicas, como depresión y autismo; neoplasias, como cáncer de mama y de próstata; efectos sobre el hígado; migrañas; crisis asmáticas; síntomas en las mucosas, como lagrimeo, enrojecimiento ocular y estornudos; problemas neurológicos, como mareos, convulsiones, dolor de cabeza, desmayos y pérdida del equilibrio; síntomas respiratorios, como tos y dificultad para respirar; alteraciones cutáneas, como erupciones, urticaria, enrojecimiento, hormigueo y dermatitis; alteraciones del sistema inmunitario, como inflamación de los ganglios linfáticos, fiebre y fatiga; molestias gastrointestinales, como náuseas, hinchazón abdominal y diarrea; y síntomas cardiovasculares, como aceleración o irregularidad del ritmo cardíaco, temblores y molestias en el pecho.
Aproximadamente el 75 % de las personas con dificultad para respirar habría experimentado crisis asmáticas provocadas por los perfumes. Asimismo, se observó un mayor riesgo de asma y niveles séricos elevados de inmunoglobulina E (IgE) en niños expuestos a ftalatos durante el embarazo.
Entre los numerosos factores estudiados, los compuestos aromáticos con propiedades estrogénicas, como los parabenos, los ftalatos y los almizcles nitro, se han señalado como posibles factores relacionados con el cáncer de mama.
Estas sustancias pueden penetrar en el torrente sanguíneo a través de la piel y alterar la regulación hormonal del organismo.
8. Frecuencia de exposición y presencia de fragancias en la vida cotidiana
El uso generalizado de perfumes y productos aromáticos hace que la exposición pueda producirse en numerosos contextos. Las fragancias están presentes en productos de higiene personal, cosméticos, detergentes y artículos de limpieza, por lo que una persona puede entrar en contacto con ellas varias veces al día sin utilizar necesariamente un perfume convencional.
El documento recoge una encuesta realizada en Estados Unidos, Australia y Reino Unido cuyos resultados indicaron que, de media, alrededor del 30 % de las personas de los tres países estaban expuestas al menos a una fragancia, según la definición utilizada en la investigación.
La frecuencia de contacto con los productos aromáticos es relevante porque las personas no están expuestas únicamente a una sustancia aislada.
A lo largo del día pueden utilizar varios productos que contienen mezclas diferentes, lo que hace necesario estudiar las condiciones reales de exposición y la posible contribución de cada producto.
Para las personas con alergias, asma o sensibilidad a determinados olores, esta presencia generalizada puede representar una dificultad añadida. Los síntomas pueden aparecer en espacios compartidos en los que no controlan qué productos utilizan los demás, aunque la naturaleza y la intensidad de las reacciones varían entre individuos.
9. Conclusiones principales de la revisión científica
La revisión pone de manifiesto que los perfumes y otros productos aromáticos contienen mezclas complejas de sustancias naturales y sintéticas, entre las que pueden encontrarse compuestos orgánicos volátiles, ftalatos, parabenos y otros ingredientes con diferentes funciones. Algunos se utilizan para prolongar la duración de las fragancias, mientras que otros actúan como conservantes o componentes aromáticos.
Entre los efectos adversos recogidos, las alergias cutáneas y los problemas respiratorios destacan por su presencia en diferentes investigaciones. Las fragancias pueden provocar dermatitis de contacto en personas sensibilizadas y desencadenar síntomas respiratorios o crisis asmáticas en determinados individuos. Los resultados también muestran que la frecuencia de estas reacciones varía entre las poblaciones estudiadas.
Por otra parte, el texto recoge investigaciones sobre posibles efectos hormonales, reproductivos y otros problemas de salud asociados a determinados ingredientes. Estas cuestiones justifican seguir investigando la composición de los productos, sus emisiones al aire y las condiciones de exposición.
En definitiva, el estudio destaca la importancia de mejorar el conocimiento sobre los ingredientes de los perfumes, evaluar sus posibles efectos adversos y proporcionar información que permita a los consumidores tomar decisiones fundamentadas.
