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Día Mundial de la Ecología 2026: manglares y praderas submarinas, una conexión natural que fortalece la biodiversidad

Los manglares y los pastos marinos desempeñan una función ecológica esencial para la salud de los océanos y la estabilidad de las zonas costeras. El próximo 1 de noviembre es el Día Mundial de la Ecología 2026, y debemos tener presente que estos ecosistemas contribuyen a capturar dióxido de carbono, proteger el litoral frente a la erosión y mantener la biodiversidad, además de proporcionar alimento y refugio a numerosas especies. Su importancia aumenta cuando se encuentran conectados, ya que el intercambio de materia orgánica y energía entre ambos hábitats favorece el funcionamiento de las redes alimentarias. Sin embargo, el aumento del nivel del mar, la contaminación, y la transformación de las costas amenazan su conservación y podrían reducir sus beneficios durante las próximas décadas.

Los manglares, grandes reservas naturales de carbono

Los manglares son bosques que crecen en zonas costeras tropicales y subtropicales, especialmente en estuarios, deltas y bahías protegidas. Sus árboles están adaptados a los suelos inundados por las mareas y a las variaciones de salinidad. Sus raíces estabilizan los sedimentos, reducen la energía de las olas y proporcionan refugio a peces, crustáceos y moluscos.

Una de sus funciones más importantes es el secuestro de carbono azul, término que engloba el carbono capturado y almacenado por ecosistemas costeros y marinos. Los manglares absorben dióxido de carbono mediante la fotosíntesis y acumulan parte de ese carbono en la madera, las raíces y, especialmente, los sedimentos.

Las condiciones con poco oxígeno de los suelos inundados ralentizan la descomposición de la materia orgánica y permiten conservar parte del carbono durante periodos prolongados.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la superficie mundial de manglares se estimaba en unos 14,8 millones de hectáreas en 2020. Las estimaciones más recientes reflejan variaciones en la superficie cartografiada, por lo que las comparaciones deben considerar las diferencias metodológicas. En cualquier caso, las cifras globales no deben ocultar que persisten pérdidas y degradación en distintas regiones.

Además de contribuir a regular el clima, estos bosques protegen las costas frente a la erosión y ofrecen zonas de reproducción y cría para especies de interés ecológico y pesquero. Su desaparición supone, por tanto, la pérdida simultánea de reservas de carbono, biodiversidad y protección natural del litoral.

La subida del nivel del mar amenaza su capacidad para almacenar carbono

El aumento del nivel del mar constituye uno de los principales desafíos para los manglares. Estos bosques necesitan mantener un equilibrio entre las inundaciones, la acumulación de sedimentos y el crecimiento de sus raíces. Cuando el mar sube más deprisa de lo que el terreno puede elevarse, los árboles pueden quedar sometidos a inundaciones más prolongadas y sufrir cambios en las condiciones de salinidad y oxigenación.

Una investigación científica sobre bosques de Kandelia obovata analizó cómo podría cambiar el destino de la hojarasca y el almacenamiento de carbono bajo tres escenarios: el nivel del mar actual y aumentos simulados de 40 y 80 centímetros, asociados en el planteamiento del estudio a horizontes de 100 y 200 años.

Estos escenarios permiten comparar respuestas ecológicas, pero no constituyen predicciones universales de la subida del mar.

Los resultados mostraron que más del 68 % de la hojarasca era exportada por las mareas en los tres escenarios, aunque esta proporción disminuía al aumentar el nivel del agua. La retención de restos vegetales dentro del manglar aumentaba, mientras que la retirada de hojarasca por los cangrejos y la descomposición microbiana disminuían.

Sin embargo, una mayor retención de materia orgánica no implicaba necesariamente un mayor almacenamiento de carbono. El balance final dependía también de la productividad de la vegetación y de la acumulación de carbono orgánico en los sedimentos. Según el estudio, el secuestro neto de carbono disminuiría en 2,48 toneladas por hectárea y año en el escenario de subida de 40 centímetros, y en 4,21 toneladas por hectárea y año en el escenario de 80 centímetros, respecto a la referencia utilizada por los investigadores.

Estas cifras corresponden al sistema estudiado y no pueden extrapolarse directamente a todos los manglares. La respuesta de cada bosque dependerá de su especie vegetal, la disponibilidad de sedimentos, la topografía y la velocidad de subida del mar. Los resultados, no obstante, subrayan la importancia de proteger estos ecosistemas y permitir, cuando sea posible, su desplazamiento hacia el interior.

Los pastos marinos, praderas submarinas llenas de vida

Los pastos marinos son plantas con flores que viven completamente sumergidas en el agua salada. A diferencia de las algas, poseen raíces, rizomas y hojas. Crecen en fondos poco profundos donde llega suficiente luz y forman praderas que sirven de refugio, alimentación y zona de reproducción a peces, moluscos, crustáceos y tortugas marinas.

También desempeñan una función importante en la captura de carbono azul. Mediante la fotosíntesis absorben dióxido de carbono y contribuyen a acumular materia orgánica en los sedimentos. Sus hojas ralentizan las corrientes y favorecen la deposición de partículas, mientras que sus raíces y rizomas ayudan a estabilizar el fondo marino.

En el Mediterráneo destaca Posidonia oceanica, cuyas praderas contribuyen a mantener la calidad del agua y proteger los fondos. En las regiones tropicales existen otras especies, como Halophila beccarii, que pueden formar pequeñas praderas con una función ecológica relevante.

La situación de estos hábitats es preocupante. Un estudio publicado en 2026 en la revista Nature, basado en imágenes de satélite de aguas someras y relativamente claras, identificó 148.506 kilómetros cuadrados de pastos marinos. Entre los periodos 2019-2020 y 2023-2024 detectó la pérdida de 5.969 kilómetros cuadrados, aproximadamente el 4 % de la superficie cartografiada al inicio de la comparación. También identificó otros 6.221 kilómetros cuadrados que pasaron de una cobertura densa a otra más dispersa en regiones tropicales. Solo el 21 % de la superficie identificada se encontraba dentro de áreas marinas protegidas. Estos datos se refieren al ámbito observado por el estudio y no representan un inventario completo de todas las praderas del mundo.

La contaminación, el exceso de nutrientes, las obras costeras, el dragado, el fondeo de embarcaciones y el calentamiento del agua figuran entre sus principales amenazas.

Cuando disminuye la transparencia del agua, las plantas reciben menos luz y pueden perder capacidad fotosintética. Si desaparecen, también se reduce la estabilidad de los sedimentos y puede liberarse parte del carbono almacenado.

Manglares
La profunda relación entre los distintos ecosistemas se puede medir con las consecuencias que suceden cuando falta alguna especie fundamental de los mismos.

Manglares y pastos marinos: una conexión que fortalece los ecosistemas

La importancia de estos hábitats no reside únicamente en sus funciones individuales. Cuando se encuentran conectados, pueden mantener redes alimentarias más diversas y ofrecer a los organismos distintas fuentes de alimento.

Una segunda investigación científica, realizada en un estuario tropical de Hainan, China, comparó un sistema con manglares y pastos marinos con otro compuesto únicamente por manglares. Mediante el análisis de isótopos estables, los investigadores estudiaron el origen del carbono y las relaciones alimentarias entre los organismos.

El sistema conectado presentaba una mayor diversidad de fuentes de carbono, entre ellas el pasto marino Halophila beccarii, las macroalgas, las algas que crecen sobre las plantas, la materia orgánica suspendida en el agua, los sedimentos y los restos vegetales de los manglares. Los distintos grupos de consumidores aprovechaban estos recursos en proporciones diferentes, lo que revelaba varias vías de transferencia de energía.

Los investigadores también encontraron una mayor redundancia trófica potencial. Esto significa que existen diferentes vías alimentarias que pueden contribuir al funcionamiento de la red ecológica. Aunque no garantiza que el sistema sea resistente a cualquier perturbación, esta diversidad puede reducir la dependencia de determinados organismos respecto a una única fuente de alimento.

En el sistema formado únicamente por manglares, varios grupos de consumidores dependían más de recursos o presas específicos. El estudio concluyó que conservar los hábitats conectados, incluidas las pequeñas praderas de Halophila beccarii, debería ser una prioridad para mantener el funcionamiento de las redes alimentarias estuarinas.

El futuro depende de su conservación conjunta

Durante las próximas décadas, la evolución de estos ecosistemas dependerá de la intensidad de los cambios en la climatología y de las decisiones que se adopten para proteger las costas. Los manglares necesitarán espacio para desplazarse tierra adentro cuando suba el mar, siempre que la topografía y los usos del suelo lo permitan. También será esencial mantener los flujos de las mareas y la llegada de sedimentos.

En los pastos marinos, reducir los vertidos urbanos y agrícolas, controlar la turbidez, limitar los daños provocados por las embarcaciones y evitar alteraciones innecesarias del fondo ayudará a conservar las praderas existentes.

La restauración debe adaptarse a las especies autóctonas y a las condiciones de cada lugar, ya que recuperar la vegetación no significa que todas las funciones ecológicas se restablezcan de inmediato.

También resulta necesario proteger los corredores naturales que conectan manglares, praderas submarinas, estuarios y otros hábitats costeros. La conservación debe evaluar no solo la superficie protegida y el carbono almacenado, sino también la biodiversidad y las relaciones que permiten a estos sistemas funcionar conjuntamente.

Los manglares y los pastos marinos son aliados fundamentales frente al cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Las investigaciones analizadas muestran que la subida del nivel del mar puede reducir la capacidad de los manglares para almacenar carbono y que la conexión entre ambos hábitats favorece la diversidad de recursos alimentarios. Protegerlos significa conservar reservas naturales de carbono, mantener la productividad marina y reforzar la protección de las costas. Su futuro dependerá de nuestra capacidad para reducir las presiones que los degradan y comprender que, en los ecosistemas costeros, conservar cada hábitat también significa preservar las conexiones que sostienen la vida.

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

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