Los bosques son beneficiosos para la salud. Esta frase puede parecer de Perogrullo, pero la idea es algo más compleja que salir a pasear para desestresarse. El shinrin-yoku, que es como se denomina en Japón, surgió en la década de 1980 para proporcionar contacto con la naturaleza a los habitantes nipones, algo de lo que carece una de las sociedades más urbanas del planeta.

La idea no es hacer senderismo o rutas campestres, sino dar paseos de meditación y relajarse. Sumergirnos en el sonido de la hojarasca u observar el leve movimiento de las ramas de los árboles mecidas por el viento, escuchar el canto de los pájaros o impregnarnos del aroma de las especies vegetales, todo esto nos permite descansar del ajetreo de la vida diaria. En concreto, esta terapia puede reducir la presión arterial, regular la concentración de cortisol, que es un indicador de estrés, controlar los niveles de glucosa o estabilizar la actividad nerviosa.

Este método, además de en Japón, se utiliza en Corea del Sur y en los Estados Unidos y, desde hace poco, está siendo exportado a Europa, como una alternativa natural, sana y gratuita para combatir ciertas afecciones agravadas por el exceso de vida urbana y que se pueden enfrentar con baños de naturaleza.

Implantar estas terapias no parece algo complicado. Los habitantes de las ciudades están deseando salir al campo, ya sea en vacaciones con una escapada rural o los fines de semana yendo a pasar el día a la sierra más cercana. Las personas que habitan en entornos rurales lo tienen fácil, solo tienen que salir a caminar para disfrutar de los beneficios de estos baños de bosque.

Pero no cualquier entorno es válido. Los bosques viejos o maduros segregan unas sustancias que no están presentes en los jóvenes o en esas concentraciones artificialmente simétricas de árboles que, en ocasiones, encontramos en la naturaleza.  Las fitoncidas son sustancias que producen los árboles y las plantas que nos relajan y activan nuestro sistema inmunitario.

Los beneficios de esta técnica no solo repercuten en las personas que la disfrutan, sino también en los propios bosques y su entorno siempre que, obviamente, los usuarios respeten las instalaciones (ningún residuo ni perjuicio al entorno, nada de interaccionar con la vida natural). Aportar valor a los espacios naturales ayuda a su conservación, es la única manera de que el sistema capitalista se pueda interesar en mantenerlos en buen estado y no arrasarlos.

En España,  el proyecto Selvans aboga por conservar los bosques maduros y hacer un uso terapéutico de ellos, hasta el punto de que los itinerarios forestales puedan ser prescritos por médicos como alternativa natural para algunas enfermedades, como la fibromialgia, donde ya se han comprobado sus efectos positivos. Es una terapia natural y gratuita, pero en este punto cabe preguntarse cómo reaccionarían los pacientes de la sanidad pública, habría que explicar bien los beneficios de esta técnica para que no parezca que el facultativo les está mandando “a paseo”.

Así que ya saben, al menos una vez a la semana es conveniente dar un paseo por una zona boscosa, en la medida de lo posible. Las opciones en el área urbana son múltiples, seguro que en alguno de los trayectos diarios podemos cruzar algún parque. Y para los días menos ajetreados, una pequeña escapada a un bosque o zona natural en las cercanías que nos devuelva la comunión con la naturaleza y mejore nuestra salud.