Los grandes espacios naturales de Lituania que merece la pena descubrir
Lituania es uno de esos destinos europeos que se descubren mejor sin demasiadas prisas. Más allá de Vilna y de sus ciudades históricas, el país guarda una naturaleza sorprendentemente diversa: grandes masas de bosque, cientos de lagos, ríos de aguas limpias, humedales, dunas junto al Báltico y paisajes moldeados por los glaciares. De hecho, Lituania cuenta actualmente con cinco parques nacionales, cada uno vinculado a una región y a unas tradiciones diferentes.
Para quien esté pensando en viajar al país y quiera combinar naturaleza, cultura, gastronomía y alojamientos con carácter, estos son algunos de los espacios naturales que merece la pena incluir en el recorrido.
Parque Nacional de Aukštaitija: el país de los lagos y los bosques
En el noreste de Lituania, alrededor de la localidad de Palūšė y dentro de la región de Aukštaitija, aparece uno de los paisajes más representativos del país. El Parque Nacional de Aukštaitija fue creado en 1974 y es el más antiguo de los parques nacionales lituanos. Su paisaje está dominado por bosques de pinos, colinas, humedales y una extraordinaria concentración de lagos.
Aquí la sensación es la de entrar en una Lituania mucho más rural y silenciosa. El parque conserva más de un centenar de lagos rodeados de bosques, además de ríos, pequeños cursos de agua y antiguos pueblos etnográficos. Entre los lugares más interesantes están el lago Tauragnas, uno de los grandes lagos del país, el lago Baluošas, la cresta de Šiliniškiai y el mirador de Ladakalnis, desde donde se contempla un magnífico paisaje de lagos y bosques.

La biodiversidad también es uno de sus grandes atractivos. En los bosques y humedales pueden encontrarse especies poco frecuentes, mientras que entre sus animales destacan el lobo, el lince y diferentes aves rapaces y forestales. El propio servicio de parques señala la presencia de orquídeas silvestres, mamíferos y aves de interés europeo.
Es un destino especialmente recomendable para quienes disfrutan caminando, haciendo rutas en bicicleta o recorriendo los lagos en kayak o canoa. Las aguas que conectan muchos de ellos permiten plantear auténticas pequeñas aventuras acuáticas, mientras que los senderos ofrecen otra manera de descubrir los bosques.
Para dormir, una de las opciones más interesantes es buscar una sodyba, la tradicional casa rural lituana, muchas veces situada junto a lagos o bosques. También existen pequeños alojamientos rurales, cabañas de madera y zonas de acampada. Es una buena forma de experimentar el paisaje en lugar de limitarse a visitarlo durante el día.
La gastronomía de Aukštaitija está muy ligada a los productos del campo y del bosque. El pan de centeno, las patatas, los hongos, los frutos silvestres, el pescado de los lagos y las elaboraciones de trigo sarraceno forman parte de la cocina tradicional. La región también conserva una importante tradición cervecera.
Parque Nacional de Dzūkija: bosques, ríos y el reino de las setas
Si Aukštaitija es la tierra de los lagos, Dzūkija podría considerarse el gran territorio forestal de Lituania. El Parque Nacional de Dzūkija se extiende por el sureste del país, principalmente en torno a Varėna, Merkinė y los valles del Nemunas, el Merkys y el Ūla. Con más de 58.000 hectáreas, es la mayor área protegida del sistema de parques nacionales lituano.
El paisaje cambia aquí de manera notable. Aparecen extensos pinares, dunas continentales, humedales, praderas inundables, pequeños lagos y ríos de aguas claras. Los valles del Nemunas, Merkys, Ūla, Grūda y Skroblus son algunos de los elementos naturales más característicos del parque.
La relación entre la población local y el bosque es especialmente interesante. En Dzūkija todavía existe una fuerte cultura de recolección de setas y frutos silvestres, hasta el punto de que la gastronomía tradicional de la región gira en buena medida alrededor de estos productos.
Los bosques proporcionan arándanos, bayas, hierbas y una enorme variedad de hongos, mientras los ríos y lagos aportan pescado.
Para el viajero, Dzūkija ofrece una experiencia muy diferente de la de los destinos turísticos más conocidos. Se puede recorrer en bicicleta, practicar senderismo, navegar en kayak por el río Ūla, visitar pequeños pueblos tradicionales o acercarse a la Reserva Natural de Čepkeliai, uno de los grandes humedales del país. En determinados espacios protegidos es necesario contar con guía o respetar condiciones específicas de acceso.
En cuanto a fauna, sus grandes masas forestales constituyen refugio para numerosas especies de mamíferos y aves, mientras que los ríos, turberas y bosques forman un mosaico de hábitats de enorme valor. Es, además, un territorio especialmente atractivo para observar aves y disfrutar de la naturaleza con una sensación de aislamiento poco habitual en Europa.
Aquí merece especialmente la pena alojarse en una casa rural tradicional o en una sodyba de un pueblo forestal. Algunas permiten conocer de cerca la arquitectura rural, probar productos locales e incluso participar en experiencias relacionadas con la cocina tradicional.
Y si existe un lugar de Lituania donde comer forma parte inseparable del viaje, probablemente sea este. Las setas aparecen en sopas, guisos, empanadas, dumplings y conservas. También hay que probar la banda, una especie de pastel salado elaborado con patata o trigo sarraceno y horneado sobre una hoja de col, además del pastel dulce de trigo sarraceno conocido como babka, acompañado habitualmente de miel y frutos del bosque.
Parque Nacional de la Costa de Curlandia: dunas, mar y bosques frente al Báltico
Hay un momento en un viaje por Lituania en el que el paisaje cambia completamente. Ocurre al llegar a la costa de Curlandia y contemplar una estrecha franja de tierra cubierta de bosques de pinos y enormes dunas de arena entre el mar Báltico y la laguna de Curlandia.
El Parque Nacional del Istmo de Curlandia, conocido también como Kuršių nerija, se encuentra en el oeste del país, frente a Klaipėda. El territorio protegido forma parte del sitio Patrimonio Mundial de la UNESCO y conserva uno de los paisajes de dunas más singulares de Europa.
Nida, Juodkrantė, Preila y Pervalka son sus principales localidades. El contraste entre las casas tradicionales de madera, los bosques, las dunas y el mar convierte esta zona en uno de los lugares más fotogénicos de Lituania.
La vegetación está muy condicionada por la arena y el viento. Los pinares dominan buena parte del paisaje, mientras que las dunas albergan comunidades vegetales adaptadas a unas condiciones especialmente difíciles. El parque protege también una fauna vinculada a los bosques, las dunas, la costa y la laguna. Uno de sus grandes espectáculos naturales tiene lugar durante las migraciones de aves, cuando miles de ejemplares atraviesan la península. En la reserva de Nagliai pueden observarse numerosas especies y existen varias torres destinadas a la observación ornitológica.
El sendero educativo de Nagliai es una de las experiencias imprescindibles. Tiene unos 1,2 kilómetros y atraviesa bosques y pasarelas hasta llegar a las llamadas Dunas Grises o Dunas Muertas, desde donde se contempla la laguna.
También se puede recorrer la península en bicicleta, caminar por las dunas, bañarse en el Báltico, practicar deportes acuáticos o simplemente contemplar el atardecer desde la duna de Parnidis.
Para pasar la noche, Nida y las demás localidades ofrecen pequeños hoteles, pensiones y casas de huéspedes. Pero, si se busca una experiencia más auténtica, las antiguas casas de pescadores y las viviendas tradicionales de madera son el elemento que mejor conecta al viajero con la historia de este territorio. El propio parque protege las antiguas construcciones de los pueblos pesqueros y la arquitectura tradicional de madera.
La gastronomía también cambia respecto al interior del país. Aquí manda el pescado, especialmente el pescado ahumado. En Nida y Juodkrantė todavía es posible encontrar establecimientos especializados en pescado recién ahumado, una de las experiencias gastronómicas más características de la costa lituana.
Parque Nacional de Žemaitija: lagos, bosques y la identidad de Samogitia
En el noroeste del país, en la región histórica de Žemaitija o Samogitia, se encuentra otro de los grandes espacios naturales lituanos. Su corazón es el enorme lago Plateliai, rodeado de bosques, pequeñas localidades, humedales y un paisaje modelado por la actividad glaciar.
El Parque Nacional de Žemaitija fue creado en 1991 y protege un importante complejo de bosques y lagos, además de numerosos espacios húmedos y elementos del patrimonio cultural samogitiano.

Su biodiversidad resulta especialmente interesante. El parque registra más de mil especies vegetales, además de cientos de especies de hongos y líquenes. En cuanto a fauna, se han documentado alrededor de 50 especies de mamíferos y más de 200 especies de aves, entre ellas especies protegidas como la cigüeña negra, y también existen poblaciones de lince y nutria.
El lago Plateliai es el gran protagonista para quienes disfrutan de las actividades al aire libre. Sus orillas pueden recorrerse a pie o en bicicleta y durante la época adecuada se pueden practicar actividades náuticas.
Existe incluso una ruta ciclista de unos 24 kilómetros alrededor del lago que permite combinar paisaje, pueblos y patrimonio.
Žemaitija resulta especialmente interesante porque naturaleza y cultura aparecen completamente entrelazadas. En sus bosques y colinas aparecen antiguos castros, pueblos tradicionales y elementos religiosos que recuerdan la historia de una de las regiones con una identidad cultural más marcada de Lituania.
Para dormir se puede optar por hoteles rurales, casas de huéspedes, campings y alojamientos tradicionales en el entorno del lago. Quien busque una experiencia más auténtica puede escoger una casa rural de madera y combinarla con actividades gastronómicas locales.
Y aquí conviene sentarse a la mesa con curiosidad. El plato que mejor representa la cocina samogitiana es probablemente el kastinys, una preparación cremosa elaborada con nata agria, mantequilla y especias que suele servirse con patatas cocidas. También son habituales las sopas, las gachas, el pan de centeno y distintas preparaciones de patata.
Parque Nacional Histórico de Trakai: naturaleza entre lagos y castillos
Trakai es diferente de los anteriores porque su principal atractivo no es únicamente natural. Es el único parque nacional histórico de Lituania y combina lagos, bosques, pueblos y uno de los símbolos más conocidos del país: el castillo de Trakai.

Se encuentra a unos 28 kilómetros al oeste de Vilna y su paisaje está dominado por el gran sistema de lagos de Trakai. El parque alberga 32 lagos, entre ellos Galvė, Akmena, Totoriškės y Luka.
En medio del lago Galvė se encuentra el famoso castillo medieval, que parece surgir directamente del agua.
Aunque es un espacio mucho más humanizado que Dzūkija o Aukštaitija, conserva una notable diversidad de ecosistemas, incluidos bosques, humedales y hábitats de importancia europea. Entre las especies asociadas a sus zonas húmedas se encuentran nutrias, tritones, sapos y diferentes insectos y plantas protegidas.
Es probablemente el parque más sencillo de incorporar a un primer viaje a Lituania, especialmente porque se puede visitar cómodamente desde Vilna. Un día puede comenzar con una ruta por el bosque de Varnikų, continuar con una visita al castillo y terminar navegando por el lago Galvė.
Las posibilidades de ocio acuático son numerosas: natación, piragüismo, navegación, paseos en barco o incluso otras actividades recreativas. También se puede recorrer el entorno en bicicleta o caminar por sus senderos.
Para dormir, Trakai cuenta con hoteles, casas de huéspedes, alojamientos junto al lago y zonas de camping. Quienes busquen una experiencia especial pueden elegir un establecimiento ubicado en una antigua casa tradicional o una estancia rural en los alrededores.
Y aquí aparece uno de los grandes regalos gastronómicos del viaje: la cocina karaim, vinculada a la comunidad caraíta asentada históricamente en Trakai. Su plato más conocido es el kibin o kybyn, una empanadilla de masa rellena, tradicionalmente de carne, que se ha convertido en uno de los símbolos culinarios de la localidad.

Dormir en contacto con la naturaleza
Una de las mejores maneras de conocer la Lituania natural es no regresar cada noche a una gran ciudad. El país ofrece una interesante red de alojamientos rurales, casas de madera, pequeñas pensiones, campings y sodybos, las tradicionales casas de campo lituanas.
En las zonas rurales, estas casas permiten acercarse mucho más a la forma de vida de cada región. En Dzūkija pueden estar rodeadas de bosques donde históricamente se recogían setas y frutos silvestres; en Aukštaitija aparecen junto a lagos y antiguos pueblos; en Žemaitija permiten descubrir una cultura regional muy marcada, mientras que en la costa de Curlandia las construcciones tradicionales recuerdan la antigua vida de los pescadores.
No se trata únicamente de buscar un sitio donde dormir. En muchos casos, alojarse en el medio rural significa desayunar productos locales, probar pan casero, descubrir conservas, miel, setas o pescado y, sobre todo, levantarse con un paisaje natural delante de la puerta.
Una gastronomía que también forma parte del paisaje
Viajar por los espacios naturales de Lituania implica también recorrer su geografía a través de la comida. La cocina tradicional está muy ligada al clima y a los productos que históricamente podían cultivarse o encontrarse en cada territorio: centeno, patata, trigo sarraceno, cerdo, pescado, setas, hierbas y frutos del bosque.
Por eso merece la pena probar los grandes clásicos nacionales, como los cepelinai, enormes masas de patata rellenas; el kugelis, una especie de pastel de patata; el oscuro pan de centeno; las preparaciones de requesón y el espectacular šakotis, un pastel cocinado sobre fuego abierto que se ha convertido en uno de los dulces más reconocibles del país.
Pero lo más interesante es buscar las diferencias regionales. En Dzūkija hay que prestar atención a las setas, el trigo sarraceno y los frutos silvestres; en Žemaitija, al kastinys y las preparaciones de patata; en Aukštaitija, a los productos del bosque, el pescado y las tradiciones cerveceras; en Trakai, a los platos caraítas; y en la costa de Curlandia, al pescado ahumado. Esa diversidad convierte cada desplazamiento por Lituania en una pequeña experiencia gastronómica.
¿Qué espacio natural elegir para un primer viaje?
Si es la primera vez que se visita Lituania y se quiere conocer una representación bastante completa de su naturaleza, yo intentaría combinar Aukštaitija, Dzūkija y el Istmo de Curlandia. Los tres muestran paisajes completamente diferentes: el primero representa la Lituania de los lagos y los bosques, el segundo la gran naturaleza forestal del sureste y el tercero el extraordinario encuentro entre dunas, mar y laguna.
Si además se dispone de tiempo, añadir Trakai permite incorporar historia, arquitectura y cultura caraíta al recorrido, mientras que Žemaitija resulta especialmente recomendable para quienes quieran profundizar en las tradiciones rurales y en la identidad de una de las regiones históricas más singulares del país.
Y quizá esa sea precisamente una de las mejores razones para viajar a Lituania: no hace falta elegir entre naturaleza, cultura y gastronomía. En este país, las tres aparecen constantemente juntas. Un sendero puede terminar junto a un antiguo pueblo, un lago puede estar dominado por un castillo medieval y una casa rural puede convertirse, al caer la tarde, en el mejor lugar para probar una receta que ha pasado de generación en generación.
Para un viajero que busque paisajes tranquilos, bosques, agua, fauna, pequeñas localidades y experiencias alejadas del turismo masivo, Lituania ofrece mucho más de lo que suele imaginarse antes de llegar.

