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Cazar o ser cazado, controlar o ser controlado

Hace mucho tiempo que perdimos nuestra soberanía, nuestra independencia como personas. Pero ha pasado tanto tiempo, que es difícil recapitular cuál fue el momento preciso en el que dejamos de ser libres. La independencia es libertad, y de eso ya tenemos muy poco. Se nos ha ido recortando, bocado a bocado, trozo a trozo, como cuando compartías el bocadillo en el recreo del colegio con todos tus amigos. Allí no existían bacterias, ni virus «espantaniños». Todos comían, y el portador y dueño del bocadillo, cuando se daba cuenta de la situación, solo le quedaba el pico o las migajas del tremendo manjar que nos sabía a gloria, después de aguantarnos las ganas de comer y orinar (dos necesidades fisiológicas) por obediencia ciega, que por alguna razón sospechosa debimos de heredar de sistemas esclavistas, pero que aún continúan en acción, como una parte primordial de la educación.

La educación no es reprimir tus necesidades fisiológicas. En otras culturas, por ejemplo, estas cuestiones se respetan al máximo. Como lo de poderse quedar uno dormido en clase o en el trabajo. En China o en Japón, se suele ver bien. Yo lo he visto con mis propios ojos, cuando en un restaurante oriental llegó un hombre sudamericano y se sentó a comer en una mesa. Por su aspecto debía de trabajar en un empleo físico, y se le veía claramente agotado, tanto, que no le dio tiempo ni a solicitar la carta, se quedó dormido antes, encima del mantel. Ninguno de los empleados del restaurante le molestó en todo el tiempo que estuvimos comiendo allí.

Alumnos
Todos recordamos algunos de nuestros profesores por sus enseñanzas.

Desde la escuela nos inculcaron la obediencia ciega hacia nuestros superiores, aunque no tuviese ningún sentido, ni para los unos, ni para los otros. Algo diferente al respeto, que no debemos confundir, y de lo que en los tiempos que corren, carecemos por completo. No nos han hecho pensar, ni dudar, ni discernir, en la mayor parte de las ocasiones. Lo que es tener un pensamiento crítico. «Eso que me están contando, deberá ser cierto si esta persona lo afirma categóricamente». Esta frase se les quedó grabada en la mente a muchos, pero lo peor es que todavía no han salido de ella, a pesar de que el tiempo, suele ser el gran revelador de las verdades. La cuestión es que ha todas estas personas, individuos libres, ¿jamás se les ocurrió dudar de la palabra de ese profesor, ese padre, ese hermano o ese amigo? Si algo sé, es que dudando puedes encontrar la veracidad de todo, o casi todo. 

Cuando tú no puedes controlar tu vida, es que alguien está controlando la tuya en todos los sentidos. Es posible que no te hayas dado cuenta de ello, pese a todas las alusiones que seguramente hayas podido tener, aún sin ser consciente de ello. Toda nuestra información vital de cada uno de nosotros está en poder de alguien, sea referente a cualquier aspecto nuestro, y con la llegada de la tecnología, ya ha supuesto nuestra salida del poco anonimato que pudiéramos tener. Todos nuestros datos desde que nacimos están grabados de una forma u otra. Más ahora, que nuestros móviles nos conectan con todo. 

En un mundo en el que abanderamos la bandera de la libertad como símbolo máximo de nuestra cultura, nos damos de bruces cuando la realidad es justo lo contrario. ¿Si saben lo que bebes, lo que comes, la marca de crema para el rostro que usas, el coche que conduces, los zapatos que gastas, cuáles son tus vicios, por dónde te mueves, con quién andas, lo que piensas y hasta el tipo de anticonceptivo que empleas? ¿Todavía sigues pensando que eres un ser libre?

Ojo
El ojo que no duerme.

Libre es un águila cuando vuela en el cielo (si no la han colocado un localizador GPS), y va donde le lleve el viento. Libre es un jaguar cuando explora la selva y está buscando su presa diaria. Nadie le dice lo que debe comer, ni cuándo, ni cómo (más bien se ciñe a lo que puede encontrar). Libre es la ballena que nada y bucea en el océano a su libre albedrío, si no tiene la desgracia de encontrarse con un ferry en su camino. Libre es la mariposa que revolotea en las flores del jardín cuando llega la primavera en busca de su pareja, sin que tenga que dar explicaciones a nadie del porqué de su elección. Libre es el caracol, a pesar de su lentitud, para esconderse en su casa-concha y salir cuándo le apetezca o cuando tenga necesidad de hacerlo. Libres son los seres vivos que pueden desarrollarse y vivir según sus preferencias. Y ahora me dirás, que también tienen a su ojo vigilante detrás, su depredador. La diferencia con los humanos es que el control que se ha desarrollado es total y absoluto. ¿La tecnología nos ha hecho sus esclavos o la tecnología se ha convertido en la nueva esclavitud?

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

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