El próximo 24 de junio se conmemora el Día Internacional contra la Contaminación Electromagnética 2021. Una jornada para informarse y repensar su interacción con el medio ambiente, en general, y con los seres vivos, en particular.

Por una moratoria del 5G

Viviendo en la era de las telecomunicaciones, nuestra forma de interactuar ha cambiado por completo, pero nuestros organismos biológicos no han tenido un proceso de adaptación a este medio, que en la mayoría de las ocasiones, ha traído aparejado una aumento de enfermedades a distintos niveles, en especial, en los niños.

Numerosas organizaciones, científicos y médicos de todo el mundo han dado la voz de alarma ante estas señales inequívocas, de todas las consecuencias para la salud de las personas y del planeta que podría tener.

En España, organizaciones como Ecologistas en Acción o asociaciones como Bona Ona, ya pidieron al gobierno una moratoria del 5G, y siguen movilizándose con campañas en los ayuntamientos para frenar su implantación.

La publicidad engañosa de la necesidad urgente de la implantación del 5G en los distintos países, sin el consentimiento de la población o de los ciudadanos es muy cuestionada, porque quien promociona, quien legisla, quien regula el despliegue del 5G van de la mano, pero con fondos públicos que provienen del dinero de todos los contribuyentes.

Porque, precisamente barato no es. Las cifras que se traen entre manos para ello tienen muchos ceros: nada menos que 500.00 millones hasta el año 2025.

Contaminación electromagnética

Torre 5G.

La prisas del 5G: algo huele mal

La falta de transparencia ha llevado a indagar más si cabe, en cómo se ha llegado a esto y el por qué de las prisas en plena pandemia, cuando precisamente los esfuerzos tendrían que ir en otras direcciones, más centrados en la población.

Aquí lo que está claro es que lo que se está intentando, mediante una publicidad subliminal, es que el ciudadano piense que necesita ese 5G, confundiendo los intereses de las grandes corporaciones con los intereses de la ciudadanía.

El coste beneficio no está claro, pero aún así, ya está vendido todo el pescado, como se suele decir, porque todo eso mismo podría realizarse con fibra óptica, y no tendría otras consecuencias dañinas añadidas.

La velocidad con fibra óptica en tiempo real es de 200 Gbps, es decir, 20 veces más rápido que la velocidad máxima teórica del 5G inalámbrico. ¿Ya empiezan a vislumbrarse los motivos?

¿Alguien ha tenido en cuenta qué sucederá con desaparezca la privacidad con el internet de las cosas? El ciudadano no se está dando cuenta de las implicaciones que tiene el 5G en su vida, y eso es debido a que no es tomado en cuenta, y mucho menos se la va a proveer de la información necesaria para que pueda elegir libremente.

El 5G va a ser una imposición, pero de sus repercusiones nadie va a hacerse cargo.

¿Cómo se van a medir las radiaciones a las que vamos  a estar expuestos? Las propias operadoras de las empresas realizarán el control mediante software. Es decir, algo impreciso no serán mediciones in situ, y, por supuesto, jamás en horario de máxima actividad, porque nadie quiere tener problemas.

Esa 5ª Generación de conexiones inalámbricas ligada a una 4ª revolución industrial, en la que el big data, el internet de las cosas, la realidad virtual o la robótica, forman parte del mismo paquete.

¿Abducidos por la tecnología? Podría ser, pero las implicaciones van mucho más allá que el poder disfrutar de conexión en prácticamente todos los lugares del globo terráqueo (gracias a los satélites a su servicio, como HISPASAT y la Agencia Espacial Europea).

Contaminación electromagnética

¿Dónde queda nuestra privacidad?

Riesgo permanente para la salud del ser humano y los seres vivos

La exposición a radicaciones no ionizantes son un un peligro evidente constatado por numerosos investigadores, sobre todo si son de forma permanente. 

El principio de precaución se ha pasado por alto frente a esta nueva tecnología. No se ha probado su seguridad e inocuidad.

El 5G condicionará nuestra salud de por vida, porque no habrá lugar en el que protegerse de sus daños (a lo mejor bajo tierra), ni los de los ecosistemas que nos rodean.

Contaminación electromagnética

Torre 5G.

Otras nefastas consecuencias: consumo amplificado de energía y pugna por la necesidad de tierras raras (con conflictos armados de por medio, ya lo veremos).

Pero en ese conflicto de intereses, el ciudadano es un mero títere, sin voz, ni voto, ante determinados asuntos, pero el que va a sufrir las repercusiones directas del encendido. 

Nos encontramos ante un experimento, en el que todo el que está detrás de su puesta en marcha se va a lavar las manos ante las posible secuelas. ¿Alguien ha firmado un consentimiento informado? Nadie, porque está constatada su amenaza contra la vida.