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Día Mundial del Chimpancé 2025: ¿Pueden los chimpancés pensar como nosotros?

Los seres humanos realizamos muchas tareas que requieren llevar a cabo una serie de pasos en orden: hablar, tocar música, construir herramientas, cocinar, bailar, escribir, entre muchas otras. Todas estas actividades tienen algo en común: están formadas por secuencias de acciones organizadas, muchas veces de manera muy compleja. Un aspecto fascinante de estas secuencias es que no siempre siguen un orden lineal o simple; más bien, muchas veces incluyen relaciones entre elementos que están separados entre sí, lo que se conoce como dependencias no adyacentes.

Por ejemplo, en una oración como “El perro que ladraba sin parar era negro”, el verbo “era” debe concordar con “el perro”, aunque en medio haya otras palabras que interrumpen la relación directa entre ambos. Esta capacidad de conectar elementos separados es una de las marcas de la organización jerárquica, algo muy característico del lenguaje humano. Lo sorprendente es que no solo el lenguaje funciona así. La música y el uso de herramientas también dependen de estas estructuras complejas. La gran pregunta es: ¿pueden los animales también organizar sus comportamientos de esta forma?

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La cognición de los chimpancés es un campo de investigación todavía por explorar del que sabemos muy poco. Imagen de Francesco Ungaro en Pexels.

De cadenas simples a estructuras complejas

Durante mucho tiempo, los científicos pensaban que los animales actuaban de forma refleja y lineal. Según esa idea, una acción simplemente desencadenaba la siguiente, como si fuera una cadena automática. Este tipo de comportamiento puede explicarse con modelos sencillos, como las cadenas de Markov, que predicen lo que viene a continuación en una secuencia solo a partir del elemento anterior.

Este enfoque funcionaba bien para explicar comportamientos básicos, pero no podía dar cuenta de acciones más complejas o flexibles. Sin embargo, investigaciones más recientes han encontrado evidencias de que algunos animales no solo actúan por reflejo, sino que organizan sus acciones de forma más sofisticada, en estructuras jerárquicas similares a las humanas.

¿Qué es una organización jerárquica?

Imaginemos una receta de cocina. Para hacer un pastel, primero hay que preparar la masa, luego hornearla, y después decorarla. Pero cada uno de estos pasos también está formado por acciones más pequeñas. Por ejemplo, hacer la masa puede implicar mezclar harina, azúcar y huevos. Esta estructura, donde una acción general se divide en subacciones, es lo que llamamos jerarquía. Es decir, las acciones se agrupan y se organizan en niveles.

En el lenguaje, esto también ocurre. Una oración está compuesta por frases, las frases por palabras, y las palabras por sonidos. Cada nivel tiene sus propias reglas, pero todos se combinan para crear algo más complejo.

¿Y los animales?

Estudios recientes han demostrado que varios animales muestran signos de este tipo de organización en sus comportamientos. Por ejemplo:

  • Las ballenas y algunas aves emiten cantos compuestos por fragmentos que se organizan en estructuras anidadas, similares a frases musicales.

  • Los orangutanes producen llamadas vocales largas que muestran una organización temporal compleja.

  • Los babuinos parecen entender relaciones sociales jerárquicas entre miembros de su grupo.

  • Los chimpancés realizan juegos sociales con reglas que implican cierta planificación y comprensión de turnos, roles y objetivos.

Pero uno de los casos más llamativos es el uso de herramientas por parte de los chimpancés. Esta conducta puede requerir planificación, resolución de problemas y ejecución de acciones en una secuencia lógica, como usar una rama para sacar insectos de un tronco, o romper nueces con piedras, lo cual implica seleccionar, preparar y usar objetos con un objetivo en mente.

¿Cómo se estudia esto científicamente?

Una de las dificultades al estudiar estas estructuras en animales es que, muchas veces, las observaciones son cualitativas y subjetivas. Es decir, los científicos ven a un chimpancé usar una herramienta y describen la secuencia de acciones, pero no queda claro si esa secuencia fue realmente planificada jerárquicamente o si simplemente fue una serie de acciones una detrás de otra.

Para resolver esto, se han comenzado a aplicar métodos cuantitativos y objetivos basados en la teoría de la información. Uno de estos métodos se basa en el concepto de información mutua (IM), que mide cuánta información aporta un elemento de una secuencia sobre otro, aunque estén separados.

En general, en secuencias simples (como las cadenas de Markov), la relación entre elementos disminuye muy rápido a medida que se alejan entre sí. En cambio, en secuencias jerárquicas, la información se conserva a través de mayores distancias, lo que indica que hay una organización más compleja detrás.

Aplicar este tipo de análisis a los comportamientos de los animales, especialmente en su uso de herramientas, permitiría saber hasta qué punto hay planificación, estructura y dependencia entre las acciones, más allá de lo que se puede observar a simple vista.

¿Y qué se ha encontrado?

Aunque aún no se ha aplicado extensamente este tipo de análisis a los comportamientos de uso de herramientas en animales, la idea es prometedora. Siendo el 14 de julio el Día Mundial del Chimpancé 2025, se espera que estas nuevas metodologías permitan demostrar si, por ejemplo, cuando un chimpancé interrumpe una acción para hacer otra (como abrir una cerradura antes de empujar una puerta), esa interrupción forma parte de una planificación jerárquica consciente.

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Los pequeños chimpancés aprenden del comportamiento de sus padres y de otros miembros de su comunidad, aunque en ocasiones piensan de forma individual para resolver problemas. Imagen de Guerrero De la Luz en Pexels.

Este tipo de comportamiento no es solo interesante: podría ser la clave para entender cómo evolucionó la capacidad humana para estructurar acciones complejas, como hablar, tocar un instrumento o diseñar una máquina.

¿Por qué importa todo esto?

Estudiar cómo se organizan los comportamientos secuenciales en los animales puede darnos pistas sobre la evolución de la mente humana. Si descubrimos que los chimpancés y otros animales también organizan sus acciones jerárquicamente y mantienen dependencias entre acciones separadas, eso sugiere que la base de nuestras habilidades cognitivas más complejas podría haberse originado mucho antes de que apareciera el lenguaje.

Además, estos hallazgos pueden ayudarnos a redefinir lo que consideramos “inteligencia animal”, reconociendo que muchas especies poseen formas de pensamiento y planificación mucho más sofisticadas de lo que se creía.

Durante décadas, se pensó que los animales actuaban principalmente por reflejos simples, sin memoria ni planificación. Hoy sabemos que eso no es del todo cierto. Algunas especies muestran comportamientos sorprendentemente complejos, que pueden implicar estructuras jerárquicas y dependencias no adyacentes, muy parecidas a las que usamos los humanos al hablar, hacer música o usar herramientas.

A través de nuevas herramientas analíticas como el estudio de la información mutua, los científicos están empezando a desentrañar cómo los animales organizan sus acciones y qué nos dice eso sobre la evolución de nuestra propia mente. Puede que no estemos tan solos como pensábamos en nuestra capacidad de pensar estructuradamente. Quizás, en lo profundo de la selva, un chimpancé nos está mostrando los primeros pasos de la gramática del comportamiento.

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