El próximo 3 de marzo se celebra el Día Mundial de la Vida Silvestre, una fecha elegida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para reivindicar la importancia de proteger la vida salvaje y frenar actividades tan perjudiciales para todas las especies del planeta como el comercio ilícito de animales o partes de ellos (marfil, pieles…), y la caza furtiva, directamente relacionada y que ha causado el declive poblacional y la desaparición de multitud de especies.

 

El lema para la conmemoración de 2016 es “El futuro de la vida silvestre está en nuestras manos”. Con él, Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU, quiere poner de manifiesto los esfuerzos de la comunidad internacional por proteger a todas las especies, como representan las metas específicas para este fin incluidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), aprobados en 2015.

Ban Ki-Moon considera, no obstante, que es necesario redoblar los esfuerzos por parte de todos los actores implicados, en especial de aquellos que viven en contacto con la vida silvestre, como pueden ser las comunidades indígenas y las poblaciones rurales, así como todos aquellos que trabajan de una manera o de otra en el medio natural.

Manada de cebras

Frenar el comercio ilegal de especies

Para proteger a las especies salvajes hay que atacar directamente a sus amenazas, que son la pesca y la caza furtivas, fuera de cualquier regulación, control y ética, y el tráfico de especies exóticas. Aunque no solo hay que detener la oferta, y frenar el furtivismo, sino que también hay que controlar la demanda, concienciando a la población de que las especies deben permanecer en sus hábitats y que poseer un objeto de marfil, una prenda hecha con pieles de animales o una mascota exótica es una mala idea, ilegal y execrable, que no hace sino perjudicar al medio ambiente de forma global, afectando a los ecosistemas de donde son extraídos estos ejemplares, así como aquellos donde pueden terminar por la irresponsabilidad de algunos ciudadanos (el extendido problema de las especies invasoras).

La comunidad internacional ya dispone de instrumentos para el control de estos actos ilícitos, como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que debe ser aprovechado y correctamente ejecutado para detener la matanza de animales, extremadamente grave en algunos casos, como el del elefante africano (Loxodonta africana), eje de la campaña de la ONU para el 3 de marzo de 2016. Los mamíferos terrestres más grandes han sido sistemáticamente perseguidos y cazados para conseguir su marfil, que se vende en el mercado negro como elemento decorativo. Además, la amenaza sobre los elefantes asiáticos está en aumento.

Elefante Africano

El cambio climático es la amenaza creciente

Además del tráfico ilegal de especies, otros factores amenazan la supervivencia de la fauna y la flora silvestres. Es el caso de la sobreexplotación de los recursos, que dejan a muchas especies sin alimento o refugio, o atacan directamente a las poblaciones (como es el caso de la sobrepesca). Otro elemento clave es el cambio climático, que provoca que las especies más sensibles tengan problemas para subsistir.

Es vital que toda la sociedad (gobernantes, empresas y ciudadanos) se ponga manos a la obra para proteger la vida silvestre, que mantiene el equilibrio de los ecosistemas y, por extensión, de todo el planeta. Acabar con el furtivismo es clave (y una de las maneras más eficaces es que desaparezca la oferta, concienciando a la población), pero también hay que controlar la explotación de los recursos y frenar la deforestación y la sobrepesca, con alternativas como los bosques sostenibles y la acuicultura ecológica. Muchas opciones para frenar la sexta extinción masiva de especies de la historia de la Tierra, la primera provocada directamente por la especie dominante.