Día Mundial de la Manta o Manta Raya 2026: todo sobre los gigantes marinos que se alimentan de plancton
Cada 17 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Manta Raya, una fecha dedicada a poner el foco sobre uno de los animales marinos más sorprendentes y, al mismo tiempo, menos conocidos por buena parte de la sociedad. Su enorme tamaño, sus peculiares «alas», su forma de desplazarse por el océano y su alimentación basada principalmente en pequeños organismos del plancton hacen de las mantarrayas unos animales verdaderamente extraordinarios. Esta jornada es también una oportunidad para descubrir que, aunque pertenecen al mismo gran grupo que las rayas que conocemos habitualmente, presentan importantes diferencias en su anatomía, comportamiento, alimentación y forma de vida.
Hablar de mantarrayas es acercarse a unos animales que pueden alcanzar varios metros de envergadura y desplazarse con una elegancia que recuerda al vuelo de un ave bajo el agua.
Son gigantes pacíficos que no poseen el aguijón venenoso característico de muchas otras rayas y que, pese a su impresionante aspecto, se alimentan filtrando el agua para capturar diminutos organismos marinos.
Conocer cómo viven, dónde habitan, cuánto pueden llegar a pesar, cómo se reproducen y por qué son diferentes de las rayas comunes permite comprender mejor su importancia dentro de los ecosistemas oceánicos y la necesidad de conservar unas poblaciones especialmente vulnerables debido a su lento crecimiento y reducida capacidad reproductiva.

Un animal diseñado para volar bajo el agua
La primera impresión que produce una mantarraya es la de estar contemplando un animal que vuela en lugar de nadar. Su cuerpo tiene forma de rombo y está acompañado por unas enormes aletas pectorales que se extienden hacia los lados y que utiliza para desplazarse mediante movimientos ondulantes.
En las especies de mayor tamaño, la distancia entre los extremos de estas aletas puede superar ampliamente los seis metros y, en el caso de la manta oceánica gigante, se han registrado ejemplares de hasta unos 9,1 metros de anchura corporal. FishBase recoge para esta especie un peso máximo publicado de unos 3.000 kilos, aunque estas dimensiones extremas no representan el tamaño habitual de todos los ejemplares.
Su enorme cuerpo no está formado por huesos como el de los mamíferos o muchos peces, sino principalmente por cartílago, como sucede en los tiburones y en las demás rayas. Esta característica les proporciona una estructura relativamente ligera para su tamaño y contribuye a la extraordinaria flexibilidad de sus movimientos.
Cuando una manta nada, puede parecer que mueve unas gigantescas alas, alternando movimientos de sus aletas pectorales mientras mantiene una sorprendente elegancia para un animal que puede pesar varias toneladas.
Pero quizá la característica más llamativa se encuentra en la parte delantera de su cabeza. A ambos lados de la boca poseen dos estructuras carnosas denominadas lóbulos cefálicos, que pueden enrollarse o desplegarse y que actúan como auténticos conductos para dirigir el agua y el alimento hacia la boca. Esta particular anatomía está estrechamente relacionada con su forma de alimentarse y constituye una de las características que permiten reconocer rápidamente a una mantarraya.
La boca, además, está situada en la parte frontal de la cabeza y es extraordinariamente grande. Cuando la manta se alimenta abre la boca mientras avanza por el agua y permite que esta penetre cargada de organismos microscópicos. El agua continúa su recorrido hacia las estructuras filtradoras de las branquias, que retienen las partículas alimenticias y dejan pasar nuevamente el agua.
¿Cuántas especies de mantarrayas existen?
Aquí es importante hacer una aclaración porque el término «mantarraya» se utiliza de manera bastante general. No todas las especies de la familia Mobulidae reciben estrictamente el nombre de manta, ya que muchas son conocidas como rayas diablo o móbulas. Actualmente, FishBase reconoce diez especies válidas dentro de la familia, mientras que los estudios taxonómicos continúan revisando las relaciones entre ellas y sus poblaciones.
Las dos especies que tradicionalmente se han considerado las verdaderas mantas son la manta de arrecife, Mobula alfredi, y la manta oceánica gigante, Mobula birostris.
Manta raya de arrecife (Mobula alfredi): está clasificada como Vulnerable (VU). Esto significa que se considera que afronta un riesgo alto de extinción en estado silvestre. Su baja fecundidad, el crecimiento lento, las poblaciones pequeñas y aisladas y las capturas accidentales o dirigidas son algunos de los factores que explican su vulnerabilidad.
Manta raya oceánica gigante (Mobula birostris): actualmente figura como En Peligro (EN), una categoría más grave que Vulnerable, lo que significa que afronta un riesgo muy alto de extinción en estado silvestre. FishBase recoge esta categoría de la UICN con evaluación global de 2019
La primera puede alcanzar alrededor de 4,5 metros de anchura corporal y tiene una fuerte asociación con arrecifes, costas productivas, bahías, atolones y zonas donde se concentra el plancton. La segunda es considerablemente mayor, puede alcanzar una envergadura de alrededor de 7 metros, aunque se han documentado ejemplares excepcionales de hasta unos 9 metros de distancia entre las puntas de las aletas pectorales. Teniendo una distribución circumglobal y puede desplazarse desde aguas tropicales hasta regiones templadas.
El grupo también incluye especies más pequeñas, como Mobula thurstoni, Mobula kuhlii, Mobula munkiana o Mobula hypostoma, que presentan tamaños y distribuciones diferentes. Algunas de ellas son mucho menos conocidas por el público que las enormes mantas, pero comparten con ellas características esenciales como los lóbulos cefálicos y la alimentación mediante filtración.
¿Dónde viven las mantarrayas?
Las mantarrayas tienen una distribución muy amplia y pueden encontrarse en diferentes regiones de los océanos tropicales, subtropicales y, en determinadas circunstancias, templadas. La manta oceánica gigante tiene una distribución prácticamente circunglobal y ha sido observada desde las costas americanas hasta el océano Índico, el Pacífico, Japón, el mar Rojo y diversas regiones del Atlántico. También puede desplazarse entre aguas costeras y zonas oceánicas abiertas.
La manta de arrecife presenta un comportamiento algo diferente y suele observarse más vinculada a zonas costeras. Puede encontrarse alrededor de arrecifes de coral y fondos rocosos, cerca de islas, atolones y bahías, así como en zonas donde existen afloramientos de aguas ricas en nutrientes que favorecen la concentración de plancton. Se han documentado poblaciones en lugares tan diferentes como Mozambique, Maldivas, Indonesia, Hawái, Australia y otras regiones del Indo-Pacífico.
La profundidad a la que pueden desplazarse también resulta sorprendente. Aunque es frecuente observarlas cerca de la superficie cuando existe abundancia de alimento, las mantas oceánicas pueden realizar inmersiones profundas para buscar presas. Se han registrado inmersiones de varios cientos de metros y existen observaciones que muestran que pueden superar incluso los 1.000 metros de profundidad.
Una alimentación basada en animales diminutos
Quizá una de las mayores sorpresas para quienes conocen por primera vez a estos animales sea descubrir que un pez de varios metros de anchura puede alimentarse principalmente de organismos diminutos. Las mantarrayas son grandes filtradoras y su dieta está formada fundamentalmente por plancton, pequeños crustáceos y otros organismos que viven suspendidos en el agua. Entre sus presas se encuentran copépodos, eufáusidos, misidáceos, larvas de crustáceos y otros pequeños animales marinos. En determinadas circunstancias también pueden consumir peces pequeños.
Para alimentarse, la manta puede desplazarse lentamente con la enorme boca abierta mientras sus lóbulos cefálicos ayudan a canalizar el agua hacia ella. Después, las estructuras filtradoras de las branquias separan las partículas alimenticias del agua.
Cuando existe una gran concentración de plancton, varias mantas pueden reunirse en una misma zona y desarrollar comportamientos cooperativos de alimentación.
En ocasiones forman largas cadenas de individuos que nadan unos detrás de otros o realizan movimientos circulares y giros repetidos para aprovechar al máximo una concentración de alimento. También se ha observado el denominado «barrel rolling», en el que la manta realiza giros sobre sí misma dentro de una zona rica en plancton para aumentar la cantidad de agua y alimento que puede procesar.
Gigantes, pero sorprendentemente pacíficas
El enorme tamaño de las mantarrayas puede resultar intimidante, especialmente cuando un ejemplar de varios metros se aproxima a un buceador. Sin embargo, su alimentación y anatomía hacen que su relación con las personas sea muy diferente de la que muchas personas imaginan cuando escuchan hablar de una raya gigante.
Las mantarrayas no tienen el aguijón venenoso característico de muchas rayas que viven sobre el fondo marino. Su cola es larga y puede recordar visualmente a la de otras rayas, pero carecen del típico aguijón defensivo que constituye una de las principales diferencias entre ambos grupos. Su comportamiento habitual es tranquilo y no son animales depredadores de seres humanos.
De hecho, muchas personas pueden observarlas durante actividades de buceo y snorkel sin que exista una interacción agresiva.
¿Cuántos años puede vivir una mantarraya?
La longevidad de estos animales ha sido durante años una de las cuestiones más difíciles de estudiar debido a su gran movilidad, su vida en mar abierto y la dificultad de realizar un seguimiento prolongado de individuos. Los estudios disponibles muestran, no obstante, que algunas especies pueden vivir durante varias décadas.
En la manta de arrecife se ha registrado una edad máxima de al menos 31 años, mientras que para la manta oceánica gigante FishBase recoge una edad máxima documentada de 20 años. Los estudios sobre la biología de los mobúlidos también han encontrado evidencias de crecimiento lento, maduración relativamente tardía y una longevidad considerable en algunas especies.
Esta combinación de crecimiento lento y reproducción poco frecuente tiene una consecuencia importante. Las poblaciones de mantarrayas no pueden recuperarse rápidamente cuando sufren una reducción importante de sus efectivos, ya que necesitan bastante tiempo para alcanzar la madurez y producen muy pocas crías a lo largo de su vida.
Una reproducción muy lenta
La reproducción de las mantarrayas es uno de los aspectos más extraordinarios de su biología. A diferencia de muchos peces que producen miles o millones de huevos, las mantas tienen una capacidad reproductiva extraordinariamente baja. Por lo general, la hembra produce una sola cría después de un periodo de gestación que puede rondar un año y, dependiendo de la especie y de las condiciones, pueden pasar varios años hasta que vuelva a reproducirse.
En la manta de arrecife (Mobula alfredi) se estima un periodo de gestación de aproximadamente 12 a 13 meses. La cría se desarrolla dentro de la madre y nace ya considerablemente desarrollada, algo muy diferente de lo que ocurre en numerosos peces marinos que liberan enormes cantidades de huevos al medio.
Esta estrategia reproductiva significa que cada nueva cría representa una inversión enorme para la madre. El crecimiento es lento, la madurez sexual llega después de varios años y la producción de descendencia es reducida. Por este motivo, los mobúlidos presentan una especial vulnerabilidad frente a la pesca accidental, la captura dirigida y otras presiones humanas.
En mayo de este mismo año se ha publicado un artículo científico sobre la manta de arrecife.
La gran diferencia entre una mantarraya y una raya común
Aunque una mantarraya es, desde el punto de vista zoológico, una raya, decir simplemente que «es una raya grande» no permite comprender realmente sus diferencias. Ambas pertenecen al grupo de los peces cartilaginosos y comparten el característico cuerpo aplanado, pero su forma de vida es muy diferente.
La primera diferencia que llama la atención es el tamaño. Algunas mantarrayas alcanzan dimensiones enormes, mientras que muchas de las rayas que encontramos habitualmente en zonas costeras son considerablemente menores. Pero el tamaño no es suficiente para identificarlas porque existen numerosas especies de rayas de tamaños muy diferentes.
Una diferencia mucho más clara está en la cabeza. Las mantarrayas tienen dos grandes lóbulos cefálicos situados a ambos lados de la boca, que parecen pequeños cuernos y que utilizan para dirigir el agua y el alimento hacia ella. Las rayas comunes no presentan estas estructuras. Además, la boca de una mantarraya se encuentra en posición frontal, mientras que en muchas rayas que viven sobre el fondo está situada en la parte inferior del cuerpo.
La alimentación constituye otra diferencia fundamental. La mantarraya es principalmente una filtradora y captura organismos diminutos suspendidos en el agua, mientras que muchas rayas bentónicas buscan activamente sus presas sobre o dentro del sedimento. Estas últimas pueden alimentarse de gusanos, moluscos, crustáceos, peces pequeños y otros animales que encuentran en el fondo.
También cambia completamente la forma de desplazarse. La mantarraya es una gran nadadora pelágica que pasa buena parte de su vida desplazándose por la columna de agua. Sus enormes aletas pectorales funcionan como alas y producen ese movimiento ondulante que hace que parezca que está volando bajo el agua. Muchas rayas comunes, por el contrario, pasan mucho más tiempo cerca del fondo y utilizan movimientos diferentes para desplazarse sobre la arena o entre los sedimentos.
La cola ofrece otra pista muy sencilla. Muchas de las rayas que popularmente llamamos rayas comunes poseen una o varias espinas defensivas capaces de producir una dolorosa picadura.
Las mantarrayas no poseen ese aguijón venenoso. Esta diferencia es especialmente importante porque explica por qué, pese a su gigantesco tamaño, una manta no debe confundirse con las rayas provistas de aguijón que pueden defenderse cuando se sienten amenazadas.

Un animal único dentro del océano
Las mantarrayas reúnen una combinación de características difícil de encontrar en cualquier otro animal marino. Son peces cartilaginosos gigantes, pero no son grandes depredadores. Tienen cuerpos que pueden superar los siete metros de anchura, pero se alimentan principalmente de animales diminutos. Poseen unas enormes aletas que recuerdan a las alas de un ave y utilizan unos lóbulos cefálicos extraordinariamente especializados para conducir el alimento hacia la boca. Pueden recorrer enormes distancias, sumergirse a grandes profundidades y reunirse en determinados lugares cuando las condiciones del océano concentran grandes cantidades de plancton.
Además, su comportamiento y su historia de vida muestran hasta qué punto la naturaleza puede seguir estrategias completamente diferentes para sobrevivir.
Una mantarraya no necesita producir miles de crías para perpetuar su especie. Su estrategia consiste en crecer lentamente, vivir durante muchos años y dedicar una enorme inversión a unas pocas crías. Es una estrategia eficaz en condiciones naturales, pero también hace que las poblaciones sean especialmente sensibles a las pérdidas provocadas por la actividad humana.
Conocerlas permite también entender que cuando hablamos de «rayas» estamos hablando de un grupo extraordinariamente diverso de animales. Bajo esa palabra se esconden especies que viven enterradas en la arena, otras que recorren los fondos rocosos y otras, como las mantarrayas, que pasan buena parte de su existencia viajando por el océano como auténticos gigantes alados.
Quizá esa sea la mejor manera de acercarse a ellas por primera vez. Una mantarraya no es simplemente una raya enorme, sino uno de los animales más singulares de los océanos, un gigante especializado en alimentarse de seres diminutos y capaz de convertir el acto de nadar en una especie de vuelo submarino. Su tamaño, su elegancia, su comportamiento tranquilo y su extraordinaria adaptación a la vida pelágica convierten a estos animales en una de las criaturas más fascinantes que podemos encontrar bajo la superficie del mar.
