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El silencioso declive del alimoche sombrío, protagonista del Día Internacional del Buitre 2026

Hay aves que parecen formar parte del paisaje hasta que, poco a poco, empiezan a desaparecer. Por el Día Internacional del Buitre 2026 (primer sábado de septiembre) vamos a realizar una aproximación a una de las aves carroñeras con una mayor problemática: el alimoche sombrío (Necrosyrtes monachus).

Conocido también como buitre encapuchado o buitre de capucha por la característica apariencia de su cabeza y cuello, es una de ellas. Durante mucho tiempo fue uno de los buitres más habituales de buena parte del África subsahariana y, a diferencia de otras especies de buitres, consiguió adaptarse extraordinariamente bien a la presencia humana. Hoy, sin embargo, esa capacidad de adaptación ya no parece suficiente para garantizar su supervivencia.

Alimoche
Ejemplar de alimoche sombío (Necrosyrtes monachus). Imagen © Josef Stulz.

Estamos ante un ave carroñera de tamaño relativamente pequeño si la comparamos con otros buitres africanos. Su longitud ronda los 60-70 centímetros y su envergadura puede acercarse a los 1,7 metros. El plumaje es predominantemente marrón oscuro y contrasta con la piel desnuda de la cabeza y el cuello, una adaptación muy característica de las aves que introducen la cabeza en las carroñas para alimentarse. Su aspecto puede parecer discreto, incluso poco llamativo, pero detrás de esa apariencia se encuentra uno de los carroñeros más importantes de los ecosistemas africanos.

El alimoche sombrío pertenece al género Necrosyrtes, del que es la única especie, y ocupa buena parte del África subsahariana. Puede vivir en sabanas, zonas arboladas, bosques abiertos, áreas agrícolas y regiones próximas a los asentamientos humanos. Precisamente esta última característica ha hecho que durante años fuese posible observarlo en las proximidades de pueblos y ciudades, donde encontraba restos de animales, desperdicios orgánicos y otros recursos alimenticios.

Una vida ligada a la carroña y a la actividad humana

La alimentación del alimoche sombrío es bastante flexible. Aunque la carroña constituye uno de sus principales recursos, también puede consumir insectos y aprovechar restos procedentes de la actividad humana. Esta capacidad para alimentarse de diferentes recursos le permite ocupar ambientes muy variados y explica por qué ha sido tradicionalmente un buitre relativamente común en algunas regiones africanas.

Su presencia alrededor de mataderos y asentamientos humanos tiene además una explicación sencilla. Allí donde se concentran restos orgánicos, estos buitres encuentran alimento con facilidad. En determinadas zonas pueden reunirse en grandes cantidades junto a otros carroñeros, esperando la oportunidad de aprovechar una nueva fuente de alimento.

Pero esta relación con el ser humano tiene una doble cara. La proximidad a las poblaciones puede proporcionarle comida, pero también lo expone a numerosos peligros. Los residuos contaminados, los productos químicos, los venenos utilizados contra otros animales, la persecución directa y las actividades humanas pueden convertir estos lugares aparentemente favorables en auténticas trampas.

Un buitre que necesita árboles para criar

Aunque pasa buena parte de su tiempo buscando alimento en el suelo, el alimoche sombrío depende de los árboles para reproducirse. Construye sus nidos en árboles de cierta altura, normalmente aprovechando las horquillas de las ramas, y puede reutilizar estructuras construidas en años anteriores.

La reproducción suele estar relacionada con las condiciones ambientales y la disponibilidad de alimento, por lo que el periodo reproductor varía dependiendo de la región.

La especie pone normalmente un único huevo y ambos progenitores participan en los cuidados del pollo. Después de la eclosión, la cría necesita permanecer durante meses bajo la protección y alimentación de sus padres.

Esta estrategia reproductiva tiene una consecuencia importante: cada adulto reproductor es muy valioso para la población. Una especie que produce una sola cría por puesta no puede compensar rápidamente una elevada mortalidad de adultos. Por eso, cuando las amenazas provocan la desaparición continuada de ejemplares, la recuperación de la población resulta especialmente difícil.

Alimoche
Alimoche sombrío (Necrosyrtes monachus) en un árbol. Imagen © Callum Evans.

La desaparición de grandes árboles puede dejar a una zona aparentemente adecuada sin lugares seguros para reproducirse. Además, la degradación de las sabanas y otros ambientes naturales reduce la disponibilidad de alimento y puede obligar a los buitres a acercarse todavía más a las poblaciones humanas, aumentando su exposición a otros peligros.

Las electrocuciones y las colisiones con tendidos eléctricos, el envenenamiento accidental, los pesticidas, la pérdida de hábitat y la persecución directa forman un conjunto de amenazas que actúan simultáneamente. Cuando varias de ellas coinciden sobre una población pequeña, el resultado puede ser devastador.

El silencioso declive de los buitres africanos

Durante las últimas décadas se ha producido una disminución catastrófica de las poblaciones de buitres africanos. El problema ha sido especialmente estudiado en algunas regiones del continente, pero durante mucho tiempo existió menos información sobre lo que estaba ocurriendo en África occidental.

Un estudio científico publicado en 2024 aporta una visión especialmente preocupante sobre esta región. Los investigadores recuerdan que los censos realizados en Mali, Burkina Faso y Níger encontraron poblaciones de buitres en fuerte declive y cada vez más confinadas a las áreas protegidas. El alimoche sombrío constituía una excepción relativa: seguía siendo la única especie de buitre que podía encontrarse todavía de forma extendida y cerca de los asentamientos humanos.

Pero incluso esta aparente resistencia esconde un retroceso enorme. Los censos históricos muestran que entre la década de 1970 y 2004 la cantidad de buitres encapuchados observados en África occidental pasó de 84 individuos por cada 100 kilómetros a 46, lo que representa una reducción aproximada del 45 %. En Dakar, Senegal, la situación fue todavía más drástica: los registros realizados a lo largo de varias décadas indican una disminución del 85 % de la población entre 1969 y 2016.

Los datos obtenidos en otras zonas, como el estado de Edo, en el sur de Nigeria, también apuntaron hacia un descenso muy acusado. La acumulación de estas evidencias llevó a que el alimoche sombrío fuese clasificado como En Peligro Crítico de Extinción en la Lista Roja de la UICN.

Sin embargo, el estudio también introduce un matiz importante. El declive no se está produciendo de manera idéntica en todo el territorio. Existen todavía lugares de África occidental donde la especie continúa siendo relativamente abundante. Es el caso de determinadas zonas del centro de Burkina Faso, Banjul y las regiones costeras y occidentales de Gambia, el departamento de Ziguinchor, en el suroeste de Senegal, Guinea-Bissau y el sur de Ghana.

Esto demuestra que hablar del alimoche sombrío únicamente como una especie que está desapareciendo de todo el continente sería demasiado simplista. Existen poblaciones que todavía resisten, pero están sometidas a una presión creciente y, en determinadas regiones, el declive ha alcanzado niveles críticos.

Benín ofrece una de las imágenes más preocupantes

Uno de los objetivos del estudio publicado en 2024 fue conocer mejor la situación de la especie en Benín, un país sobre el que existía relativamente poca información.

Los investigadores recorrieron nada menos que 1.451 kilómetros por carreteras pavimentadas y sin pavimentar y pequeños caminos, además de entrevistar a personas que, por su actividad profesional, conocían directamente la situación de estas aves. Entre ellas había vigilantes de mataderos, veterinarios, carniceros y guardas forestales.

El resultado fue muy revelador: únicamente se contabilizaron 52 buitres encapuchados durante los censos. La mayoría, 32 individuos, se localizaron en el departamento de Atacora, mientras que otros diez aparecieron en Alibori y diez en Borgou.

La abundancia relativa fue de apenas cuatro buitres por cada 100 kilómetros recorridos, un dato que los investigadores consideran indicativo de una situación próxima a la desaparición de la especie en el país.

Las entrevistas realizadas a 49 personas ayudaron además a identificar las causas que están detrás de esta situación. Entre las principales amenazas aparecen la caza furtiva con fines religiosos, mediante disparos y trampas, y la disminución de la disponibilidad de alimento.

Las conclusiones son especialmente preocupantes. Los autores advierten de que, si estas amenazas no se reducen, el alimoche sombrío podría desaparecer de las zonas situadas fuera de las áreas protegidas de Benín durante las próximas dos décadas, e incluso antes.

Cuando la superstición se convierte en una amenaza

La persecución directa constituye uno de los problemas más difíciles de resolver porque no depende únicamente de conservar el hábitat. En algunas regiones africanas determinadas partes de los buitres se utilizan en prácticas tradicionales o religiosas, lo que genera una demanda que puede desembocar en la captura y muerte de las aves.

El caso de Benín muestra hasta qué punto esta amenaza puede afectar a una población que ya se encuentra debilitada. Cuando el número de ejemplares es reducido, cada ave adulta que muere representa una pérdida considerable para el futuro de la especie.

A la caza se suma la reducción de los recursos alimenticios. La transformación de los ecosistemas, los cambios en las actividades ganaderas y agrícolas y la desaparición de animales que constituyen parte de la alimentación de los buitres pueden hacer que encontrar comida resulte cada vez más difícil.

El problema puede agravarse todavía más cuando los pocos alimentos disponibles están contaminados con venenos o productos tóxicos. Los buitres, precisamente por su comportamiento carroñero, son especialmente vulnerables a estas sustancias.

¿Por qué debería importarnos la desaparición de un buitre?

Puede resultar difícil sentir la misma simpatía por un buitre que por un ave de colores llamativos o por una especie considerada emblemática. Sin embargo, precisamente los buitres realizan uno de los trabajos menos visibles y más importantes de la naturaleza.

Al consumir cadáveres y restos animales contribuyen a eliminar materia orgánica y a reciclar nutrientes. Su presencia ayuda a mantener el equilibrio de los ecosistemas y limita la acumulación de animales muertos en el medio.

Por eso, la desaparición del alimoche sombrío no sería simplemente la pérdida de otra especie de ave. Sería también la desaparición de una pieza de un sistema ecológico que lleva funcionando durante miles de años.

Y quizá lo más preocupante sea que su capacidad para vivir junto al ser humano, que durante mucho tiempo fue una de sus grandes ventajas, puede convertirse ahora en una de sus mayores vulnerabilidades. Allí donde encuentra restos de comida puede acercarse a nosotros, pero también puede encontrarse con venenos, trampas, contaminación y persecución.

El futuro del alimoche sombrío todavía puede cambiar

La situación es grave, pero los datos de África occidental también muestran que existen poblaciones que todavía mantienen una presencia importante. Eso significa que no estamos hablando necesariamente de una especie condenada a desaparecer, sino de un animal cuya conservación requiere actuar antes de que las poblaciones locales sean demasiado pequeñas para recuperarse.

El estudio científico realizado en Benín reclama medidas como las campañas de sensibilización, una mejor aplicación de la legislación ambiental y un mayor control de las actividades que ponen en peligro a estos buitres. A ello habría que añadir la protección de sus áreas de alimentación y reproducción, la reducción del uso de venenos y la lucha contra el comercio y la captura ilegal.

Alimoche
Infografía del alimoche sombrío.

El alimoche sombrío es un buen ejemplo de cómo una especie puede pasar de ser una presencia habitual en el paisaje a convertirse, casi sin que nos demos cuenta, en un animal amenazado de desaparición. Sus poblaciones todavía sobreviven en diferentes lugares de África, pero los descensos registrados durante las últimas décadas muestran que el margen de seguridad es cada vez menor.

Conocerlo es el primer paso para comprender su importancia. Porque quizá la próxima vez que alguien vea la silueta oscura de un pequeño buitre sobrevolando una ciudad, una carretera o una sabana africana pueda mirarlo de otra manera: no como un ave que simplemente busca restos de animales, sino como uno de los últimos representantes de una población que lleva décadas desapareciendo silenciosamente.

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

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