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Día Mundial de la Bicicleta 2025: cambia el asfalto por senderos, tu próxima pasión irá sobre ruedas

Hace unos años, yo también era de los que buscaban nuevas formas de conectar el cuerpo con el movimiento y la mente con la naturaleza. Practicaba deportes variados, desde correr hasta escalar en roca, pero no fue hasta que me subí a una bicicleta de montaña por primera vez que entendí lo que era realmente “salir de la rutina”. Hoy es el Día Mundial de la Bicicleta 2025, y debo contarte que el ciclismo de montaña no es solo un deporte, es una experiencia completa que combina ejercicio físico, contacto con la naturaleza, adrenalina y una buena dosis de desafío personal.

Sube a la montaña

Este deporte se practica en terrenos naturales: montañas, bosques, senderos, caminos irregulares… cualquier lugar que te saque del pavimento y te meta en la tierra, las piedras y los paisajes vivos. A diferencia del ciclismo urbano o de carretera, aquí no se trata de velocidad pura ni de llegar primero, sino de adaptarte al entorno, dominar tu técnica y fluir con el terreno. Las rutas pueden ser tan suaves o intensas como quieras, desde paseos por senderos anchos hasta bajadas técnicas entre raíces y rocas.

Bicicleta
¡No puedes resistirte a unas vistas como estas!. Imagen de Alexis Ricardo Alaurin en Pexels.

Cómo vas de preparación física

Para empezar, no hace falta ser un atleta profesional, pero sí es cierto que se requiere un mínimo de preparación física. Necesitarás algo de resistencia cardiovascular, fuerza en las piernas y buena coordinación. Pero no te preocupes: se gana con la práctica. Yo empecé con rutas fáciles y con el tiempo, sin darme cuenta, ya estaba pedaleando durante horas por terrenos que antes me intimidaban solo de verlos en fotos. Además, el ciclismo de montaña fortalece mucho el core (zona abdominal y lumbar) porque constantemente debes equilibrarte, subir cuestas y controlar los descensos.

Cualquiera con ganas puede practicarlo. De hecho, lo bonito es que no hay una edad exacta para comenzar. He salido a pedalear con gente de 18 años y con personas de más de 60 que llevan más tiempo que yo en esto. Lo importante es tener respeto por el entorno, por uno mismo y por el nivel que cada uno tiene.

No vale cualquier bicicleta

Eso sí, la bici importa. Una bicicleta de montaña debe tener suspensión (delantera al menos, aunque las de doble suspensión son ideales), neumáticos con buen agarre, frenos de disco y una geometría adaptada al tipo de terreno que vayas a recorrer. No necesitas la más cara del mercado para empezar, pero sí una que sea resistente y adecuada al terreno que piensas recorrer y explorar.

El equipo básico incluye casco (obligatorio, siempre), guantes para proteger las manos, gafas para el polvo y los insectos, y si vas por rutas más técnicas, rodilleras y coderas. Una mochila ligera con agua, una cámara de repuesto y herramientas básicas también es esencial. Y por supuesto, ropa cómoda y transpirable, preferiblemente pensada para ciclismo.

Y lo que te espera ahí arriba…

Uno de los mayores regalos del ciclismo de montaña es el entorno en el que se practica. Estar pedaleando en medio de un bosque, escuchando el crujir de las hojas bajo tus ruedas o viendo el amanecer desde un mirador al que llegaste pedaleando… eso no tiene precio. Además del ejercicio físico, este deporte te da un baño de naturaleza, algo que no solo calma la mente, sino que científicamente reduce el estrés, mejora el estado de ánimo y refuerza el sistema inmune. Respirar aire puro mientras el cuerpo trabaja es una combinación poderosísima para la salud.

¿Es un deporte de riesgo? Sí, como muchos deportes de aventura. Pero los riesgos se pueden minimizar con sentido común. Usar el equipo adecuado, conocer tu nivel, no sobreestimarte, revisar la bici antes de salir, avisar a alguien a dónde vas y llevar contigo lo necesario en caso de emergencia, son reglas básicas que todos aprendemos desde el primer día. Y créeme, la confianza y la seguridad se van ganando con cada salida.

Lo que más me ha atrapado del ciclismo de montaña es esa mezcla entre esfuerzo físico, juego y descubrimiento. No solo es una forma de entrenar el cuerpo, también es una manera de desconectar, de conocer nuevos lugares y de vivir aventuras reales. Toparte con animales que jamás habrías visto en estado salvaje, es quizás uno de los mejores recuerdos de mis rutas. Cada ruta es distinta, cada sendero te cuenta una historia diferente. Y cuando llegas a la cima, con el sudor en la frente y el corazón latiendo a mil, sientes que todo valió la pena.

Si te gustan los deportes, si disfrutas moverte, si alguna vez te ha emocionado un paisaje… dale una oportunidad al ciclismo de montaña. No necesitas ser experto. Solo necesitas las ganas. Lo demás, lo vas aprendiendo en el camino. Como todos los que ya estamos pedaleando por ahí, esperando encontrarnos contigo en el próximo sendero.

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