«La cumbre del COP25 ha fallado», son las directas y francas palabras que Fridays for Future, el movimiento ecologista juvenil, pronuncia para referirse a la COP 25 de Madrid. Reivindicando un mayor compromiso por parte de los gobernantes, ante una Cumbre del Clima que no termina de limar asperezas, a pesar de que el planeta se encuentra en un estado de emergencia climática.

Hoy, 13 de diciembre, está convocada una huelga global a las 16:30 frente al Palacio de Congresos de Madrid para protestar por lo que parece de nuevo una falta de resultados concretos para actuar, aún teniendo como lema y hastag #TiempoDeActuar.

Tenemos que enmendar los errores y avanzar uniendo nuestras fuerzas para evitar el desastre.

Y siguen cada uno por su lado

El dictamen de la sociedad civil, según exponen los jóvenes, no tiene ni voz, ni voto, aunque son los que más están haciendo en realidad de forma local, para que el cambio climático no avance. Pero esgrimen que no se van a callar, ni van a aceptar palabras vacías como respuesta. Señalan, que en vez de unir sus fuerzas, los distintos países cada vez se encuentran más distanciados de los Acuerdos de París.

Teniendo en cuenta que la Cumbre del Clima está retrasando su cierre, precisamente para formalizar acuerdos y llegar a compromisos auténticos, ¿nuestro futuro seguirá pendiente de estas reuniones oficiales, o tendremos que agilizar otras vías? 

Ya estamos viendo que las disputas económicas siguen sobre la mesa, siempre mirando cada país por sus propios intereses, no de forma global por el mundo o por las personas más perjudicadas por el calentamiento global.

Cada vez habrá más desplazamientos por el cambio climático, ¿van a levantar alambradas todos los países?

Solastalgia para dar y tomar

Si ahora a nuestros políticos les parece un rompecabezas «colocar» a unos cuantos inmigrantes en sus territorios, no saben lo que les queda por venir cuando haya millones de refugiados climáticos llamando a sus puertas, por un daño que han producido los países desarrollados. ¿Pondrán alambradas?

La solastalgia será la palabra más vocalizada. Esa angustia porque todo nuestro hábitat se desvanece sin poder hacer nada para impedirlo. Un término, que muchos especialistas ya han advertido que será el fracaso como sociedad y como civilización.

Según la Organización Mundial de la Salud, entre 2030 y 2050 habrá más de 250.000 muertes por año debido a las consecuencias del cambio climático, y los problemas de salud tanto físicos como mentales aumentarán. Ansiedad, depresión, trauma, estrés, fatiga, y un largo etcétera de complicaciones, que afectarán a una gran parte de la población mundial, según se desprende de uno de los últimos estudios («Climate change and mental health: risks, impacts and priority actions») publicados en la prestigiosa revista International Journal of Mental Health Systems.

Este es nuestro mundo. ¿Verdaderamente estamos conectados?

Despilfarro de millones: ¿qué tal un relevo generacional?

Países como China, Australia, Brasil, India, Venezuela o Japón; y por supuesto, los países del Golfo o Arabia Saudí, están intentando poner en el texto sus propias comas y sus propios puntos, y adoptar un lenguaje cuanto menos, versátil. ¿El término «ciencia» se obviará?

 El carbón es, además, uno de los factores que está dando por traste los acuerdos. Japón y Australia siguen en su línea, y no pretenden moverse demasiado de su economía, y a ello se une que muchos estados quieren ir retrasando más las fechas para implementar las acciones.

¿Y así pretenden o pretendemos ponernos de acuerdo? Señoras y señores, hagan el favor de centrarse y tomar decisiones fidedignas, ya está bien de ampararse en la diplomacia y en evitar compromisos auténticos, porque va llegando la hora. Estamos en una cuenta atrás, y no tenemos más tiempo. Hay una emergencia climática.

Las buenas y bonitas palabras, junto con los millones de euros que se van en mantener estas costosas cumbres, no acaban de obtener resultados. Muchos piensan, que si los humanos hemos desarrollado tanta tecnología, que se use para las próximas, y se realicen por videoconferencia. Así se evitan, por lo menos los sobrecostes y, sobre todo, se hacen realmente sostenibles.

Y si no son incapaces de ponerse de acuerdo, existe algo que se llama «relevo generacional», y ya les están esperando en la puerta.