Hoy, 21 de junio, celebramos el Día Mundial del Yoga 2019, coincidiendo con otras celebraciones que dan la bienvenida a la próxima estación. El solsticio de verano es ese momento en el que debido al movimiento de los planetas la duración del día y de la noche es exactamente la misma. El sol se manifiesta fuerte y poderoso en su máxima plenitud, lo que en las culturas antiguas ha sido un fenómeno venerado por su grandeza y energía. 

Día Mundial del Yoga 2019: su práctica se ha extendido por todo el mundo y se practica en cualquier lugar.

No está demás dedicar unos momentos a meditar sobre lo que queremos para estos tres nuevos y únicos meses en nuestras vidas, a todos los niveles. Hoy el contacto con el universo y con el astro rey es magnífico, de ahí que se realizan reuniones de practicantes de esta disciplina oriental por todo el mundo.

Uno de los principales argumentos de este tipo de filosofía, que conlleva además un determinado ejercicio físico, es que todo y todos estamos conectados en el planeta. A pesar de que el hombre ha intentado separarse o darle la espalda a su propio medio, la naturaleza, esa interconexión sigue ahí (aunque la obviemos); y debemos, si no lo hemos conseguido aún, reconectarnos con ella.

En el antiguo Sri Ishopanishad aparece un mantra al respecto:

«¡Oh, Sol, dador de vida, descendiente del Señor de la Creación, profeta solitario del cielo! Derrama tu luz y aparta tu resplandor deslumbrante para que yo pueda contemplar tu forma radiante: este espíritu lejano que hay en ti es mi propio espíritu interior».

El mejor sitio para realizar yoga es en la propia naturaleza.

El yoga conlleva una práctica en la que interiorizamos el presente de forma consciente, el momento actual, pero teniendo en cuenta nuestra relación con el exterior, lo que nos rodea, y en donde estamos sumergidos. Este tipo de ejercicios físicos que tanto se han divulgado, ha perdido en muchos casos su esencia: el yoga estaba hecho para la mente. En su origen se centraba en respiraciones, visualizaciones y meditación.

Lo que conocemos como asanas llegaron con una evolución muy posterior, daban estabilidad y comodidad con la práctica. Los rishis/gurús/maestros ayudaban a la gente a vivir  de forma armoniosa, y se cree que con la llegada de los 200 libros sagrados de la India, Upanishads, el yoga comenzó esa forma que incluía la práctica del ejercicio físico. Después, muchos de esos maestros llegaron a Occidente y entonces fue cuando comenzaron a mezclarse técnicas y ejercicios, convirtiéndose en una disciplina gimnástica.

En la actualidad el yoga es un compendio de disciplinas difícil de definir. El yoga es laico, según aclaró el propio gobierno indio Bharatiya Janata Party, e insiste en que su objetivo principal está relacionado más bien con el «bienestar» (wellness) y la paz mental que con la búsqueda espiritual. Por mucho que algunos lo quieran tachar de adoctrinamiento religioso. De hecho, en su país de origen forma parte del sistema de salud tradicional indio.

Se necesita concentración y firmeza.

De cualquier forma, hay muchas opiniones y para todos los gustos. Yo creo que cada uno debe de escoger la parte que más le atraiga e interese para si mismo, porque siempre es posible evolucionar e ir más allá. Nada debe ser estático, la vida fluye, el yoga también.

Entonces, llegados a este punto, lo mejor es dejarse guiar por profesionales competentes para que puedan orientarte cuál sería el yoga más satisfactorio para ti en este momento, según tu condición física, actitud y aptitud, y un largo etcétera.

A pesar de ello se podría decir que todos los tipos de yoga tienen en común numerosos beneficios, a los que se le sumarían unos cuantos más según el que elijamos practicar. Por eso, no dudes en comenzar una nueva etapa de tu vida que incluya la práctica de esta saludable disciplina, antes vete sumergiendo en todo lo bueno que te puede ofrecer con esta infografía explicativa sobre algunos de los principales beneficios del yoga.

Es uno de los mejores ejercicios para las embarazadas y para el pequeño ser que están gestando.