Cómo evitar los microplásticos en nuestra alimentación: aprende a elegir mejor cuando haces la compra
Cada día, cuando hacemos la compra, elegimos los alimentos pensando en su sabor, su calidad nutricional, su procedencia o su precio. Sin embargo, hay un factor al que prestamos mucha menos atención y que puede estar presente en numerosos productos de nuestra cesta: el plástico. No solo hablamos de los envases que utilizamos para transportar o conservar los alimentos, sino también de los pequeños fragmentos y sustancias que pueden desprenderse de determinados materiales y terminar mezclándose con lo que comemos y bebemos. Desde los loncheados de embutido que incorporan separadores de plástico entre cada loncha hasta las bolsitas de infusiones que se sumergen en agua hirviendo, pasando por las botellas de bebidas, los envases de salsas y los envoltorios de productos frescos, nuestra alimentación cotidiana está rodeada de materiales plásticos que pueden convertirse en una fuente de exposición a microplásticos y nanoplásticos.
La preocupación científica por este fenómeno ha aumentado considerablemente durante los últimos años. Los investigadores están identificando partículas de plástico en diferentes alimentos, bebidas e incluso en muestras biológicas humanas. Aunque todavía no se conocen con precisión todas las consecuencias que puede tener esta exposición continuada para nuestra salud, cada vez existen más motivos para prestar atención a los materiales que están en contacto directo con los alimentos y aprender a realizar elecciones de compra más conscientes.

Microplásticos y nanoplásticos: contaminantes invisibles en nuestra alimentación
Los microplásticos son pequeñas partículas de plástico cuyo tamaño puede oscilar entre un micrómetro y cinco milímetros. Los nanoplásticos son todavía más pequeños, con dimensiones que pueden llegar a ser inferiores a una milésima de milímetro. Debido a su reducido tamaño, muchos de estos fragmentos resultan invisibles a simple vista y pueden pasar inadvertidos durante la manipulación y el consumo de los alimentos.
Estas partículas proceden de la degradación de objetos plásticos, del desgaste de materiales y de la fragmentación de envases y otros productos. También pueden desprenderse directamente de los materiales utilizados para almacenar, transportar, preparar o comercializar alimentos. La contaminación puede producirse durante diferentes etapas de la cadena alimentaria, desde la producción hasta que el producto llega a nuestra mesa.
Una investigación publicada en 2025 en la revista científica npj Science of Food, titulada Food contact articles as source of micro- and nanoplastics: a systematic evidence map, analizó 103 estudios sobre la liberación de estas partículas procedentes de materiales en contacto con alimentos. Sus resultados identificaron evidencias de que determinados envases, botellas, bolsas, recipientes y bolsitas de infusiones pueden liberar microplásticos y nanoplásticos durante su utilización habitual. Los investigadores también señalaron que todavía existen limitaciones metodológicas que dificultan establecer con exactitud las cantidades que llegan a los alimentos.
El problema no se limita, por tanto, a los plásticos que terminan abandonados en la naturaleza y se incorporan posteriormente a la cadena alimentaria. También debemos considerar los materiales que utilizamos directamente para conservar y consumir nuestros alimentos.
Embutidos, quesos y loncheados: el plástico que se esconde entre cada loncha
Uno de los ejemplos más cotidianos lo encontramos en los productos loncheados que compramos en supermercados y grandes superficies. Muchos envases de jamón cocido, pavo, salchichón, chorizo, jamón serrano y otros embutidos incorporan pequeñas láminas de plástico entre una loncha y otra para evitar que se peguen y facilitar su separación.
Aunque estos separadores cumplen una función práctica, implican que el alimento permanece en contacto directo con varias superficies plásticas durante su almacenamiento y comercialización. Además, los productos suelen presentarse en bandejas de plástico recubiertas por una película transparente termosellada, multiplicando los materiales que rodean al alimento.
La presencia de plástico no significa automáticamente que todas las lonchas estén contaminadas con partículas ni que consumir estos productos suponga un riesgo demostrado. Los envases alimentarios deben cumplir las normas de seguridad correspondientes. Sin embargo, la investigación científica ha confirmado que determinados materiales en contacto con alimentos pueden liberar partículas como consecuencia del roce, la fricción y otros procesos físicos.
Una alternativa sencilla consiste en comprar los embutidos y quesos directamente en la charcutería, solicitar que los corten en el momento y pedir que los separen con papel adecuado para uso alimentario, sin láminas plásticas individuales. También podemos optar por piezas enteras de queso o embutido que podamos cortar en casa, reduciendo la cantidad de envases y materiales utilizados.
Bebidas y salsas: cuidado con las botellas de plástico
El agua, los refrescos, los zumos, las bebidas vegetales y muchas otras preparaciones se comercializan habitualmente en botellas de plástico. Aunque estos recipientes están diseñados para conservar los productos en condiciones de seguridad, existen investigaciones que han identificado partículas plásticas en bebidas envasadas.
Parte de esta contaminación puede proceder del propio proceso de fabricación, del agua utilizada, del entorno de producción o de los materiales de envasado. También se ha estudiado el desgaste que se produce al abrir y cerrar los recipientes, especialmente en la zona de la tapa y el cuello de la botella.
Un estudio de revisión publicado en 2025 sobre materiales en contacto con alimentos recogió evidencias de liberación de partículas durante el uso normal de diferentes envases. Entre los mecanismos identificados se encuentran la abrasión, la fricción y el deterioro de determinadas superficies.
Las botellas de plástico también pueden verse sometidas a condiciones que favorecen su degradación, como la exposición prolongada al sol, las temperaturas elevadas o el deterioro físico.
Por ello, conviene evitar dejar botellas de agua en el interior de los vehículos durante los días calurosos, junto a fuentes de calor o expuestas directamente a la radiación solar.
Cuando tengamos la posibilidad de elegir, podemos priorizar el agua y otras bebidas comercializadas en botellas de vidrio. Lo mismo sucede con numerosas salsas, como el tomate frito, el kétchup, la mostaza, la mayonesa y los aliños preparados.
Siempre que exista una alternativa equivalente en tarro o botella de vidrio, puede ser una opción interesante para reducir el contacto con determinados materiales plásticos.
También es importante recordar que el vidrio no elimina todas las posibles fuentes de contaminación, ya que las tapas, los revestimientos interiores y otros elementos del envase pueden contener materiales diferentes. Sin embargo, elegir recipientes de vidrio reduce la superficie plástica que está en contacto directo con el alimento.

Las bolsitas de infusiones: un pequeño envase que puede liberar millones de partículas
Uno de los ejemplos que más atención está despertando entre los investigadores es el de las bolsitas de té y otras infusiones. Muchas personas consumen diariamente manzanilla, poleo, tila, té verde, té negro o preparados de plantas medicinales sin imaginar que algunas de las bolsitas utilizadas para prepararlos pueden contener plástico.
Las tradicionales bolsitas de papel no siempre están fabricadas exclusivamente con fibras vegetales. En algunos casos incorporan polipropileno u otros polímeros para mejorar su resistencia, conservar su forma y facilitar el sellado.
Las bolsitas piramidales, especialmente las transparentes o con apariencia de malla, pueden estar elaboradas con nailon, PET u otros materiales sintéticos.
El problema aparece cuando estos materiales entran en contacto con agua muy caliente. La temperatura, el tiempo de inmersión y la agitación pueden favorecer la liberación de partículas microscópicas que terminan directamente en la bebida.
Una revisión científica publicada en 2024 en la revista Food Chemistry, dedicada a estudiar los microplásticos y nanoplásticos presentes en el té, identificó las bolsitas de infusión como una fuente importante de estas partículas. Algunos estudios incluidos en la revisión habían comunicado liberaciones superiores a mil millones de partículas por bolsita, aunque las cantidades varían considerablemente según el material empleado y los métodos de análisis utilizados.
Ante esta situación, una de las alternativas más sencillas consiste en comprar infusiones a granel y prepararlas utilizando un filtro de acero inoxidable, un infusor metálico o una tetera de vidrio. De esta manera evitamos que una bolsita fabricada con materiales plásticos permanezca sumergida en nuestra bebida.
Si preferimos seguir utilizando bolsitas individuales por comodidad, conviene comprobar su composición y buscar aquellas que indiquen claramente que están elaboradas sin plásticos. No obstante, expresiones comerciales como biodegradable, compostable o de origen vegetal no garantizan por sí solas que el material no libere partículas. Es importante conocer su composición real.
Bandejas, películas transparentes y envoltorios de alimentos
La presencia de plástico también es habitual en frutas cortadas, verduras preparadas, carnes, pescados, bollería, productos de panadería y comidas listas para consumir. En muchos supermercados encontramos alimentos presentados en bandejas recubiertas por películas transparentes, bolsas individuales o envases multicapa que combinan diferentes materiales.
Estos sistemas facilitan el transporte, mejoran la conservación y permiten mantener unas condiciones higiénicas adecuadas. Sin embargo, también incrementan el contacto entre los alimentos y los materiales de envasado.
La investigación científica ha demostrado que algunos envases pueden liberar partículas durante su utilización, especialmente cuando sufren fricción, presión, desgaste o cambios de temperatura. En los productos grasos también es importante considerar que determinados componentes químicos de los materiales pueden migrar hacia los alimentos si las condiciones de uso no son las adecuadas.
Por ello, resulta interesante priorizar alimentos frescos vendidos a granel, siempre que se mantengan unas condiciones higiénicas correctas. Comprar frutas y verduras enteras, adquirir carne y pescado en establecimientos donde podamos solicitar el corte en el momento o elegir productos que utilicen envases de menor complejidad son decisiones que ayudan a reducir el uso de plástico.
En casa también podemos sustituir progresivamente los recipientes de plástico por otros de vidrio o acero inoxidable para guardar las sobras, conservar alimentos preparados o transportar la comida al trabajo. Es especialmente importante evitar calentar alimentos en recipientes de plástico, salvo que estén expresamente diseñados y autorizados para ese uso, porque el calor puede favorecer la migración de determinados componentes.
¿Qué sucede cuando estas partículas entran en nuestro organismo?
La exposición a microplásticos y nanoplásticos se produce a través de diferentes vías. Podemos ingerirlos mediante los alimentos y el agua, inhalarlos a través del aire o entrar en contacto con ellos por otras vías ambientales.
La comunidad científica ha identificado partículas de plástico en diferentes muestras biológicas humanas, lo que demuestra que la exposición no se limita al entorno exterior. Sin embargo, detectar estas partículas no significa que conozcamos completamente su comportamiento dentro del organismo ni sus consecuencias a largo plazo.
Entre las cuestiones que se están investigando figuran su posible interacción con las células, las respuestas inflamatorias, las alteraciones del equilibrio oxidativo, los efectos sobre la microbiota intestinal y la capacidad de determinadas partículas para transportar sustancias químicas.
También preocupa la composición de los propios plásticos. Durante su fabricación pueden incorporarse aditivos destinados a proporcionar flexibilidad, resistencia, color o estabilidad. Entre ellos se encuentran diferentes sustancias que están siendo estudiadas por sus posibles efectos sobre el sistema endocrino y otros procesos biológicos.
No obstante, es fundamental distinguir entre los efectos observados en experimentos de laboratorio, los resultados obtenidos en animales y los efectos demostrados en personas. Todavía no existe evidencia suficiente para establecer con precisión qué cantidad de microplásticos ingeridos representa un riesgo para la salud humana ni qué consecuencias concretas puede producir la exposición cotidiana.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) reconoce que los microplásticos y nanoplásticos pueden entrar en la cadena alimentaria y que se han detectado en diferentes productos. También señala que existen importantes lagunas de conocimiento sobre los niveles de exposición y sus posibles efectos sanitarios. Por tanto, aunque no debemos caer en alarmismos, tampoco resulta razonable ignorar un problema que requiere más investigación y mejores medidas de prevención.
Cómo hacer una compra más consciente y reducir el contacto con los plásticos
Los consumidores tenemos capacidad para reducir nuestra exposición evitable a determinados materiales plásticos mediante pequeñas decisiones que podemos incorporar a nuestra rutina de compra. No se trata de eliminar todos los envases ni de renunciar a productos que forman parte de nuestra alimentación habitual, sino de aprender a identificar alternativas más adecuadas.
Una de las primeras recomendaciones consiste en prestar atención al material del envase antes de introducir un producto en el carrito. Siempre que sea posible, podemos elegir alimentos envasados en vidrio, adquirir productos frescos a granel o priorizar aquellos que necesitan menos envoltorios. En el caso de las bebidas, los recipientes de vidrio constituyen una alternativa interesante frente a las botellas de plástico.
También conviene revisar los productos loncheados y evitar, cuando existan alternativas, aquellos que incorporan separadores plásticos entre cada porción. Comprar embutidos y quesos al corte permite reducir considerablemente estos materiales y, además, facilita elegir la cantidad que realmente necesitamos.
En cuanto a las infusiones, las opciones a granel y los filtros de acero inoxidable representan una alternativa sencilla para quienes consumen varias tazas al día. Es importante no dar por hecho que una bolsita transparente o de apariencia natural está libre de polímeros.
Otro aspecto fundamental es no utilizar los envases de plástico de forma inadecuada. No debemos calentar alimentos en recipientes que no estén preparados para ello, reutilizar envases de un solo uso de manera prolongada ni conservar bebidas en botellas deterioradas. Tampoco conviene exponer los recipientes plásticos a temperaturas elevadas o a la luz solar durante periodos prolongados.
Por último, debemos recordar que no todos los plásticos son iguales y que el símbolo de reciclaje o el número que aparece en la base de un envase no garantiza que esté libre de migraciones o que sea completamente inocuo en cualquier circunstancia. La información sobre el uso previsto del recipiente, las condiciones de conservación y las indicaciones del fabricante también resulta importante.
Elegir mejor hoy para proteger nuestra alimentación de mañana
Los plásticos han aportado numerosas ventajas a la industria alimentaria, especialmente en materia de conservación, transporte, higiene y reducción del desperdicio. Sin embargo, su utilización masiva ha generado un problema que va más allá de la contaminación visible de mares, ríos y paisajes. Los fragmentos microscópicos y determinados componentes químicos pueden formar parte de nuestra exposición alimentaria cotidiana.
La solución no depende exclusivamente de los consumidores. También es necesario que las administraciones impulsen investigaciones más precisas, que la industria desarrolle envases más seguros y sostenibles y que se establezcan controles adecuados sobre los materiales destinados a entrar en contacto con los alimentos. La reducción de los plásticos innecesarios debe convertirse en una prioridad para toda la cadena alimentaria.
Mientras tanto, nuestras decisiones de compra pueden marcar una diferencia. Elegir infusiones a granel, bebidas en vidrio, embutidos al corte sin separadores plásticos y alimentos frescos con menos envoltorios son pequeños cambios que permiten reducir el contacto innecesario con estos materiales. No podemos evitar toda exposición a los microplásticos, pero sí podemos prestar más atención a lo que compramos, a cómo se presenta y a los materiales que acompañan a nuestra comida.
Al fin y al cabo, cuidar nuestra alimentación no consiste únicamente en elegir productos saludables por sus nutrientes, sino también en prestar atención a todo aquello que entra en contacto con ellos antes de llegar a nuestro plato.
