Día Internacional del Tiburón Ballena 2025: Turismo responsable con tiburones ballena, un reto global con respuestas locales
Los océanos proporcionan múltiples bienes y servicios ecosistémicos esenciales para el bienestar humano. Dentro de la Clasificación Internacional Común de los Servicios Ecosistémicos (CICES), el turismo se reconoce como una actividad económica que comercializa beneficios derivados de los ecosistemas, como experiencias recreativas, culturales y gastronómicas.
Ecoturismo marino
En este contexto, el ecoturismo marino se plantea como una estrategia importante de conservación y de desarrollo sostenible, ya que contribuye a las economías locales y a la sensibilización ambiental. Sin embargo, su impacto depende en gran medida de la gestión: si no se regula, puede causar perturbaciones en la vida silvestre, estrés y alteraciones de comportamiento en las especies.
Para equilibrar beneficios y riesgos, se ha utilizado desde la década de 1960 el concepto de capacidad de carga turística (TCC), entendido como el número máximo de visitantes o actividades que un área natural puede soportar sin que se produzcan impactos irreversibles sobre la biodiversidad. La aplicación de esta herramienta en áreas marinas protegidas (AMP) es fundamental, ya que permite regular el turismo en función del nivel de protección, las características de las especies objetivo y la capacidad de gestión de las autoridades.

Turismo de tiburones
Uno de los casos más relevantes es el turismo con tiburones, que combina gran potencial económico con riesgos de conservación. El 30 de agosto se celebra el Día Internacional del Tiburón Ballena 2025, una fecha necesaria para comprender que la conservación de este gigante del océano va a ir relacionado de forma intrínseca con el ser humano.
El tiburón ballena (Rhincodon typus), el pez más grande del mundo, es especialmente atractivo por su naturaleza dócil, su tamaño y la previsibilidad de sus agregaciones alimentarias estacionales. Desde finales de los años ochenta, con los primeros programas de nado en Ningaloo Reef (Australia Occidental), la industria del turismo del tiburón ballena se expandió a más de 30 sitios en 23 países, entre ellos México, Belice, Mozambique, Seychelles, Filipinas e Indonesia.
Actualmente, este tipo de turismo genera más de 140 millones de dólares anuales en todo el mundo, con México aportando alrededor de 16 millones de dólares.
El perfil de los turistas también ha cambiado: ya no se trata únicamente de visitantes especializados en vida silvestre, sino de un público más amplio y diverso, lo que exige nuevos esquemas de regulación, capacitación de guías y licencias para operadores.
A pesar de su rentabilidad, el turismo con tiburones ballena plantea riesgos de contacto físico y lesiones, documentados en especies como tiburones de arrecife, martillos y blancos. Por ello, la implementación del principio de precaución es indispensable: si una política turística puede causar daños graves o irreversibles y no hay certeza científica de lo contrario, corresponde a los promotores demostrar que no generará impactos negativos.
Qué sucede en México
El caso de la Bahía de La Paz (México) es emblemático. Desde los años 2000, este sitio de agregación de tiburones ballena juveniles atrajo a operadores turísticos que ofrecían nado con la especie. En 2006, la SEMARNAT (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales) emitió el primer plan de manejo para regular la actividad, delimitando zonas autorizadas, temporadas y códigos de conducta. En ese momento, solo 26 embarcaciones estaban autorizadas, pero el cumplimiento era irregular, especialmente entre embarcaciones privadas.
Entre 2009 y 2013, un análisis de monitoreo reveló que entre el 35 % y el 61 % de los tiburones presentaban lesiones recientes cada temporada, la mayoría causadas por interacciones con embarcaciones. De 250 individuos identificados, 135 (54 %) tenían heridas visibles: un 60 % con rasguños, un 30 % con rasguños y laceraciones, y un 9 % solo con laceraciones.
En 2013 se observó una disminución del 26 % en tiburones heridos, atribuida a los esfuerzos de capacitación y comunicación con operadores y propietarios de embarcaciones privadas.
Sin embargo, en 2014 el número de licencias aumentó drásticamente hasta 109 embarcaciones autorizadas, lo que generó una presión insostenible. Durante la temporada 2016-2017, el 77 % de los tiburones mostraron lesiones, con el 32 % de ellas asociadas directamente a actividades turísticas. Paralelamente, el tráfico marítimo se incrementó por la proliferación de marinas, nuevas empresas turísticas y actividades pesqueras.

Limitaciones para la conservación del tiburón ballena
A pesar de esta presión, el monitoreo a largo plazo (2004–2016) mostró fidelidad de los tiburones ballena a la zona: de 515 individuos identificados, 144 (28 %) regresaron en múltiples años y un 60 % volvió la temporada siguiente, confirmando a la Bahía de La Paz como un hábitat crítico de alimentación. Esto justificó su designación como Área de Refugio para el Tiburón Ballena en 2018.
A partir de entonces, se establecieron nuevas medidas de gestión:
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Límite máximo de 14 embarcaciones simultáneas en el área de agregación.
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Sistema de turnos, calculado con base en un máximo de 36 embarcaciones/día dividido en 2,6 turnos.
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Uso obligatorio de GPS en embarcaciones para monitorear rutas y velocidad.
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Control de acceso por radio, a cargo de un representante del gobierno.
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Restricción de temporada turística a los meses de octubre a mayo.
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Reuniones mensuales entre gobierno y operadores turísticos para retroalimentación y seguimiento.
El número de licencias se estabilizó en torno a 80 desde 2017, aunque sigue siendo un tema sujeto a revisión anual. Estas regulaciones han reducido la frecuencia de lesiones y mejorado la coordinación entre actores, aunque persisten desafíos como el cumplimiento estricto de las normas, la fiscalización de embarcaciones privadas y la necesidad de un TCC dinámico que tome en cuenta la variabilidad natural en la abundancia de tiburones, determinada por factores migratorios y disponibilidad de alimento.
La publicación de este estudio científico constituye el primer análisis de capacidad de carga turística del tiburón ballena en el Golfo de California, comparando los periodos pre-refugio (2015-2016) y post-refugio (2018-2022). Los hallazgos ofrecen una base para mejorar la gestión del turismo con fauna marina en México y en otros países, reforzando la importancia de:
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Aplicar el principio de precaución en ecoturismo.
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Implementar planes de manejo adaptativos con monitoreo continuo.
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Equilibrar los beneficios económicos del turismo con la conservación de especies vulnerables.
