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Día Mundial de los Océanos 2025: el mar también necesita vacaciones de nosotros

Quienes amamos el mar sabemos que no hay nada como sumergirse en sus aguas, sentir el vaivén de las olas y dejarse abrazar por esa inmensidad azul que calma cuerpo y mente. El mar es un refugio, un lugar de juego, de descanso, de contemplación. El próximo 8 de junio se conmemora Día Mundial de los Océanos 2025, siendo un ecosistema frágil, rebosante de vida, necesita de nuestra atención y compromiso para seguir existiendo como lo conocemos. No es un decorado para nuestras vacaciones: es un ser vivo, y nosotros formamos parte de él.

Proteger los océanos no requiere grandes gestos, ni campañas espectaculares. Comienza con decisiones pequeñas, conscientes, cotidianas. Y qué mejor momento para ponerlo en práctica que cuando estamos junto a él, disfrutando de sus paisajes y su energía. Algo tan simple como recoger la basura que veamos en la playa, incluso si no es nuestra, tiene un impacto real. Es un gesto silencioso de compromiso que no solo limpia, sino que inspira a quienes lo presencian. A veces basta con agacharse una sola vez para que alguien más haga lo mismo.

Delfines
Muchos animales se resienten de la contaminación generada por los humanos, que acaba en los mares. Imagen de Kammeran Gonzalez-Keola en Pexels.

También podemos empezar desde antes de tocar la arena, eligiendo protectores solares biodegradables, sin nanopartículas y libres de químicos dañinos como la oxibenzona o el octinoxato, que blanquean los corales y contaminan la vida marina. Hay opciones respetuosas con los océanos, cada vez más accesibles, que protegen nuestra piel sin dejar rastro tóxico en el agua. Cambiar este hábito es una de las formas más efectivas de preservar la salud de los ecosistemas marinos.

Los filtros UV se consideran contaminantes emergentes debido al rápido aumento de su producción y uso generalizado en los últimos años. Muchos de estos filtros también se denominan «contaminantes pseudopersistentes» debido a su introducción continua a través de fuentes primarias y secundarias. Estos compuestos pueden entrar al medio marino de forma directa o indirecta. Las vías directas incluyen la natación u otras actividades recreativas, y las vías indirectas incluyen fuentes como los efluentes de las plantas de tratamiento de aguas residuales y los vertidos de agua doméstica. Por ejemplo, lavar toallas que se han usado para secar la piel cubierta con protector solar, eliminar residuos durante la ducha e incluso a través de la orina, como describe este artículo científico recientemente publicado en abril de este mismo año.

Las tecnologías tradicionales de tratamiento de aguas residuales y agua, como la ozonización, no tienen la capacidad de eliminar la mayoría de los compuestos del filtro UV.

Durante nuestras vacaciones, es clave entender que cada decisión suma. Evitar el uso de plásticos de un solo uso —como botellas, pajitas o envoltorios— y llevar siempre una cantimplora o bolsa reutilizable es una manera muy sencilla de reducir nuestro impacto. Si vamos a un chiringuito o restaurante junto al mar, podemos rechazar plásticos innecesarios y pedir opciones locales y sostenibles, tanto en los alimentos como en los productos que consumimos.

Repensar el transporte de ocio a motor: diversión que no destruye

Uno de los aspectos más invisibles, pero también más dañinos para el medio marino, es el uso recreativo de embarcaciones a motor, como motos de agua, lanchas rápidas o barcos de excursión con grandes motores. Aunque para muchas personas pueden parecer parte del «disfrute del verano», lo cierto es que estas actividades suponen un ruido ensordecedor bajo el agua, que altera la comunicación y orientación de especies como delfines, ballenas, tortugas y peces.

Además, el paso constante de embarcaciones rápidas puede provocar accidentes con fauna marina, destrucción de praderas submarinas y emisión de hidrocarburos directamente al agua. Por no hablar de la erosión en las costas más vulnerables o la invasión de zonas protegidas donde la vida marina debería estar a salvo. Si de verdad amamos el mar, tenemos que empezar a preguntarnos si nuestra diversión merece ese precio.

Existen alternativas mucho más respetuosas, igual de divertidas y mucho más conectadas con la naturaleza: remar en kayak, hacer paddle surf, nadar en aguas abiertas, navegar a vela, o simplemente flotar con unas gafas de snorkel y dejarse llevar por el ritmo del mar. Son experiencias que no solo no dañan, sino que nos conectan de manera más profunda con el entorno marino. Nos permiten observar, escuchar, respirar con el mar, no imponerle nuestro ruido ni nuestra prisa.

Teniendo en cuanta que lo que vemos, es mejor dejarlo como está. Si te declinas por el buceo, observa, sin dañar.

Incluso si optamos por alquilar una embarcación, podemos buscar empresas que trabajen con motores eléctricos, respeten las normativas de protección marina y limiten el número de personas a bordo. No se trata de renunciar al disfrute, sino de reformularlo desde el respeto y la coherencia.

Mar
Del mar surgió la vida. Todos nosotros procedemos de él. Imagen de Jess Loiterton en Pexels.

Cada pequeño gesto cuenta

Incluso simplemente caminar por la orilla puede convertirse en un acto de conciencia si lo hacemos atentos, sin dejar colillas, latas, envases o restos de comida. Las playas no son un vertedero. Son espacios vivos que nos reciben generosamente y merecen ser respetados. Y esa gratitud se demuestra cuidando, no dejando huella.

En tierra firme también tenemos mucho por hacer. Cada vez que reducimos nuestro consumo de productos innecesarios, que elegimos ropa sostenible o evitamos verter aceites y productos tóxicos por el desagüe, estamos cuidando el mar, aunque esté a cientos de kilómetros. Porque todo está conectado.

Los océanos comienzan en nuestras ciudades, en nuestras casas, en nuestros hábitos más cotidianos.

Cuidar del mar no es un sacrificio, es un acto de amor. Es recordar que ese lugar que tanto disfrutamos existe gracias a un equilibrio delicado que puede romperse con una colilla, una bolsa de plástico o un protector solar inadecuado. Pero también puede sostenerse gracias a una mirada atenta, a una decisión consciente, a una acción sencilla que no necesita aplausos para ser valiosa.

Si alguna vez has sentido que el mar te calma, te limpia o te devuelve el sentido de las cosas, entonces también puedes devolverle algo a cambio. No hace falta hacer mucho. Solo hace falta hacerlo con intención y respeto. El mar está dentro de ti.

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

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