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¿Eres consciente del privilegio de vivir en un planeta como la Tierra?

Seguramente, no te has dado cuenta, que nuestra existencia en el planeta, es algo casi anecdótico. Se podría decir, que el paso del tiempo lo único que ha hecho es asegurarnos que nuestra galaxia o el propio Universo, no serían tal y como son ahora, si un solo acontecimiento hubiera sido modificado en la historia de la vida en la Tierra.

Espacio
El planeta Tierra es único y, por tanto, debemos ser conscientes de ello.

El comienzo de la vida en la Tierra

A partir de una bacteria que vivió hace unos tres mil millones de años en la Tierra primigenia, comenzó todo. Y gracias a nuestra inteligencia e ingenio hemos podido reconstruir los principales capítulos de una larga saga que justamente tuvo su inicio con el Big Bang hace 13.800 millones de años.

La historia del Universo la podemos contar porque estamos aquí. Una historia que tiene como protagonistas las fuerzas de atracción y repulsión, que conformaron estructuras como los átomos, las estrellas, las galaxias, los planetas, la vida y a nosotros mismos.

Lo que lo cambió todo fue la aparición de la vida, por ser materia con propósito con sentido de existencia. Marcelo Gleiser en su libro El universo consciente, Manifiesto para el futuro de la humanidad (Editorial Kairós), ha querido contar lo que supuso esta relevancia cósmica inaudita.

Marcelo Gleiser es físico teórico y catedrático Appleton de Filosofía Natural, Física y Astronomía en Dartmouth. Fue galardonado con el Premio Templeton 2019. Es autor de siete libros, entre los que destaca –como coautor– El punto ciego.

Libro
Portada del libro El universo consciente de Marcelo Gleiser.

Este planeta, cuenta en el volumen, es la única morada conocida de la vida, y en este lugar surgió hace unos 300.000 años una especie distinta a las demás, que lo puso todo patas arriba, el Homo sapiens, nuestra especie. Que ha diferencia de las otras especies similares, estamos dotados de una corteza frontal que nos dio la capacidad del pensamiento simbólico y la destreza manual para construir herramientas y emplearlas, a partir de ciertos materiales.

Con la historia de la humanidad, registramos el pasado e imaginamos el futuro. 

Nuestros antepasados mantenían un vínculo sagrado con la naturaleza, con la Tierra. Un reino sagrado en el que los espíritus convivían con lo terrenal. Así ha sido durante milenios, según hemos confirmado por las distintas culturas indígenas que han existido en el planeta. Han honrado  y venerando la vida, ya que la interconexión con la naturaleza formaba parte del día a día. Sintiéndose parte de ese conjunto vital, nuestra existencia a estado siempre ligada a esa pertenencia, tan frágil y dependiente. Así, nuestros ancestros sabían perfectamente que la vida y el planeta formaban un todo, eran solo uno.

Nuestros predecesores construyeron un puente entre lo concreto y lo abstracto que conectaba los aspectos reales y mágicos del mundo.

Pero pasamos de ser cazadores-recolectores a cultivar campos y poseer tierras. Comenzamos la explotación de la Naturaleza, sin sentido. De esta forma, transformamos el paraíso en el que crecimos y nos desarrollamos en un espacio con aguas turbias, cielos grises, sin árboles y, por supuesto, con muchos menos animales de los que en un principio existían, ya que comenzaron a ser aniquilados.

La Naturaleza fue desacralizada para convertirse en una mercancía. A mayor progreso, mayor necesidad de recursos.

Después de que Nicolás Copérnico se atreviera en 1543 a asegurar que la Tierra no era el centro de todo, sino un mero planeta que giraba alrededor del Sol, como lo hacían el resto; cambió el sentido de nuestra existencia en el planeta. Al fin y al cabo, según la astronomía moderna, la Tierra es solo una roca en órbita alrededor de una estrella común entre billones. Un mundo diminuto en la inmensidad del espacio sideral.

¿Y si contamos una nueva historia de la Tierra?

La era digital ha supuesto la creencia de que ese sería nuestro destino: la codificación en bits de información hacia la autotrascendencia. Algo fuera de lógica porque la destreza tecnológica no va a asegurar el futuro de nuestra civilización, el hombre no está por encima de la naturaleza, ni de la vida. «Es el momento, ahora, de reinventarnos, y contar una nueva historia que nos conecte con la vida y el universo», explica Gleiser en su libro. Es el tiempo de decir: «Cuanto más sabemos sobre el Universo, más relevantes nos volvemos».

Tenemos la forma de comenzar un nuevo camino, una búsqueda de sentido a este planeta bendecido con la vida. Somos los únicos humanos en todo el Universo, como podrás descubrir por ti mismo en sus páginas, y la forma en que lo vemos es solo nuestra percepción. Ninguna otra inteligencia lo podrá contar de la misma manera.

Podemos remodelar nuestro destino, porque sabemos que somos codependientes. No hay un «nosotros» sin la biosfera. Y sin nosotros, la biosfera no sabe que existe.

Pero si la vida surge y evoluciona en otros mundos, seguramente tendrá un aspecto diferente al de la vida terrestre.

La vida está adaptada de forma única a su entorno. No podemos saber hasta qué punto nuestro sistema solar en típico, hay trillones de mundos solo en nuestra galaxia, pero parece ser la verdadera maravilla del sistema solar.

El autor se pregunta: ¿Dónde empieza y dónde acaba un ser vivo? Un bosque es una totalidad conectada de árboles, animales y bacterias, entre otros, todos interdependientes. Con una finalidad, la supervivencia. Todas las especies han evolucionado con trucos y armamentos extraordinarios para mantenerse con vida.

De hecho, la gravedad encarna la profunda interconexión entre todas las cosas. Y llevamos la propia materia del cosmos en nosotros mismos. Debemos saber que en un cosmos de infinitas posibilidades, cualquier cosa que pueda suceder, sucederá.

Una búsqueda sin fin en este Universo, ya que si no podemos verlo todo, no podemos saberlo todo. A esto se le conoce como humildad epistémica, aceptar las limitaciones de lo que sabemos y podemos saber. El físico alemán Werner  Heisenberg, lo tuvo claro: «Lo que observamos no es la Naturaleza en sí misma, sino la Naturaleza expuesta a nuestro método de cuestionamientos».

Al fin y al cabo, los nuevos descubrimientos siempre vienen acompañados de nuevos conjuntos de preguntas e incógnitas que descubrir. Por eso debemos saber que los modelos científicos son mapas del mundo natural, no el mundo mismo. De esta forma, los campos que existen en el universo no son las mediciones, son la interpretación que damos a los datos.

Así, el poder de la ciencia reside en describir la Naturaleza tal y como la experimentamos.

«La idea del multiverso no es algo nuevo», aclara Marcelo Gleiser. De hecho, estaba ya presente el pensamiento de los filósofos griegos hace ya más de 2.000 años.

Para cambiar las cosas, tendremos que transformar nuestra mentalidad colectiva, reconsiderando nuestro lugar en la naturaleza y el impacto que generamos en este planeta y en su biosfera.

Hemos dado la espalda a las enseñanzas de nuestros antepasados y de las culturas indígenas, que adoraban a la Tierra como a su madre y a los animales, como a sus iguales. Perdimos, en definitiva, el contacto con nuestros orígenes evolutivos, con nuestras raíces en lo salvaje. Profanando la Tierra que nos sustenta, tratando el mundo como nuestra propiedad.

Todo lo que hacemos depende de la Tierra y de sus recursos, y todo lo que necesitamos procede de ellos. La Tierra es lo primordial. Solo la vida conoce la vida,  y la vida se alimenta de la vida.

Cuanto más aprendemos sobre el Universo, más comprendemos por qué importamos. Somos mensajeros de las estrellas y para las estrellas.

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

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