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Cómo prolongar el bronceado del verano de forma natural y mantener una piel bonita durante más tiempo

Hay algo casi inevitable cuando llega el final del verano: después de semanas disfrutando del sol, de los paseos al aire libre y de los días de playa o piscina, empezamos a notar que ese tono dorado que tanto nos gusta comienza a desaparecer. La piel pierde luminosidad, el color se vuelve menos uniforme y aparece la sensación de que el verano se nos escapa también de la piel.

Sin embargo, prolongar el aspecto bronceado durante unas semanas más no significa seguir tomando el sol a todas horas, ni exponerse durante más tiempo a la radiación ultravioleta. De hecho, un bronceado es una respuesta de la piel frente a la radiación UV y no existe una forma de broncearse de manera saludable mediante una exposición solar continuada. La radiación ultravioleta, además, acelera el fotoenvejecimiento. El sol tomado sin medida puede ayudar a generar enfermedades en la piel.

La buena noticia es que sí podemos cuidar nuestra piel para que conserve durante más tiempo su aspecto dorado, uniforme y luminoso. Y aquí entran en juego tres grandes aliados: la alimentación, la hidratación y una rutina cosmética que cuide la barrera cutánea.

Playa
Pasear al atardecer por la playa sin protección solar ayuda a obtener todos los beneficios del sol.

La alimentación también se nota en la piel

Cuando queremos conservar el buen aspecto de nuestra piel después del verano, lo primero que conviene hacer es mirar hacia dentro. No existe ningún alimento capaz de mantener por sí solo el bronceado, pero una alimentación variada y rica en frutas, verduras, grasas saludables y proteínas proporciona nutrientes necesarios para mantener la piel en buenas condiciones.

En verano y durante las semanas posteriores podemos aprovechar especialmente los alimentos de colores intensos. Tomates, sandía, pimientos rojos, zanahoria, calabaza, melocotón, albaricoque, frutos rojos o granada aportan diferentes compuestos antioxidantes y vitaminas que forman parte de una alimentación favorable para la salud de la piel.

Los tomates, por ejemplo, son una fuente importante de licopeno, mientras que los pimientos aportan vitamina C, necesaria para la formación normal de colágeno. Los tomates tienen numerosos fitonutrientes como retinol, ácido ascórbico, potasio, folato, carotenoides (licopeno, β-caroteno y fitoeno), polifenoles y glicoalcaloides que proporcionan gran cantidad de beneficios a nuestro organismo, como explica este artículo científico.

También merece la pena prestar atención a las grasas saludables. El aceite de oliva virgen extra, los frutos secos, las semillas y el pescado azul aportan grasas insaturadas y, en el caso de determinados pescados, ácidos grasos omega-3, que son componentes importantes de las membranas celulares. 

La idea no es buscar una supuesta «dieta para ponerse moreno», sino alimentar bien al organismo para que la piel pueda mantener su función de barrera y su aspecto saludable. Una ensalada de tomate y pimiento con aceite de oliva, un puñado de frutos secos, fruta fresca, legumbres y pescado azul son opciones mucho más interesantes que recurrir a suplementos o productos que prometen acelerar o prolongar el bronceado.

Hidratación: el secreto para que la piel no pierda luminosidad

Uno de los principales enemigos del aspecto bonito del bronceado es la sequedad. Después de semanas de sol, baños en el mar o en piscinas y temperaturas elevadas, la piel puede encontrarse más deshidratada y áspera. Cuando pierde suavidad y se descama, el tono moreno también puede parecer menos uniforme.

Por eso, beber agua regularmente continúa siendo fundamental, especialmente durante los días calurosos. También podemos contribuir a la hidratación mediante alimentos con un elevado contenido en agua, como sandía, melón, tomate, pepino, naranja o melocotón.

Pero la hidratación no debe quedarse únicamente en el interior. Aplicar una crema corporal después de la ducha ayuda a mantener la piel confortable y a reducir la sequedad. Para muchas personas, este sencillo gesto es probablemente uno de los más efectivos para conseguir que la piel conserve durante más tiempo un aspecto suave, uniforme y luminoso.

Una buena hidratación corporal puede cambiar mucho el aspecto del bronceado

Si hay un momento especialmente apropiado para mimar la piel, es después de la ducha. En lugar de esperar a que aparezcan tirantez o descamación, podemos convertir la hidratación corporal en un pequeño ritual diario.

Las fórmulas con ingredientes humectantes y emolientes pueden ayudar a mantener la piel hidratada y confortable. El ácido hialurónico, la manteca de karité, las ceramidas, o determinados aceites vegetales (argán, jojoba, coco, rosa mosqueta, zanahoria  son algunos de los ingredientes que podemos encontrar en productos destinados a reforzar la hidratación y la nutrición.

También pueden resultar agradables las fórmulas con aloe vera cuando la piel está especialmente sensibilizada después de la exposición solar. Si ha existido una quemadura solar, sin embargo, la prioridad no debe ser conservar el color, sino dejar que la piel se recupere y evitar nuevas exposiciones hasta que desaparezca el enrojecimiento.

¿Conviene exfoliarse para prolongar el bronceado?

Aquí existe una pequeña contradicción que suele generar dudas. Por una parte, una exfoliación suave puede dejar la piel más lisa y favorecer un aspecto uniforme. Por otra, una exfoliación agresiva o demasiado frecuente puede irritar y resecar la piel.

Por eso, si queremos mantener ese tono dorado, no tiene mucho sentido recurrir a exfoliantes corporales muy intensos pensando que así «fijaremos» el bronceado. El bronceado se encuentra en las capas de la epidermis y las células superficiales de la piel se van renovando de manera natural.

Lo más razonable es realizar una exfoliación suave y ocasional si la piel lo tolera, evitando especialmente hacerlo sobre una piel irritada, quemada o que se esté descamando. Después, una buena hidratación ayudará a recuperar la sensación de suavidad.

La protección solar sigue siendo imprescindible

Puede parecer paradójico, pero una de las mejores maneras de conservar durante más tiempo un buen aspecto de la piel es protegerla del sol. Continuar exponiéndonos sin protección para intentar mantener el color no hará que el bronceado sea más bonito: aumentará el daño acumulado en la piel.

La protección solar debe continuar formando parte de la rutina, incluso cuando ya estamos morenos, aunque es recomendable exponer nuestra piel al sol sin filtros a primera y a última hora de la tarde para conseguir que nuestro cuerpo recoja todos los beneficios  que produce el sol en nuestro organismo (son demasiados, por lo que no debemos de obviarlos).

Se recomienda utilizar un fotoprotector de amplio espectro con SPF 30 y reaplicarlo adecuadamente, además de recurrir a la sombra, ropa, sombrero y gafas de sol cuando la radiación sea intensa.

Pásate a los protectores solares minerales ecológicos o bio, ya que el resto contiene sustancias tóxicas que terminan acumulándose en tejidos y órganos del cuerpo humano.

Además, el bronceado ofrece muy poca protección frente a nuevos daños solares. Es decir, estar moreno no significa que nuestra piel esté preparada para recibir más radiación.

Y hay otra razón relacionada directamente con la estética. La exposición solar acumulada favorece el fotoenvejecimiento y puede contribuir a la aparición de arrugas, pérdida de elasticidad, sequedad y alteraciones de la pigmentación.

El autobronceador puede ser una alternativa si queremos conservar el tono

Si lo que realmente nos preocupa es perder rápidamente el color, existe una alternativa mucho más segura que continuar tomando el sol: los productos autobronceadores.

Bien utilizados, permiten aportar temporalmente un tono dorado a la superficie de la piel sin necesidad de exponernos a radiación ultravioleta. No obstante, conviene recordar algo importante: un autobronceador no sustituye al protector solar. Podemos estar bronceados artificialmente y seguir necesitando fotoprotección cuando salgamos al exterior.

Para conseguir un resultado natural, la piel debe estar bien hidratada y el producto debe aplicarse de manera uniforme. Prestar especial atención a codos, rodillas, tobillos y manos ayuda a evitar acumulaciones de producto que puedan producir un color irregular.

Dormir bien también forma parte del cuidado

Cuando pensamos en conservar una piel bonita solemos centrarnos en cremas, sérums y alimentos, pero hay un cuidado mucho más sencillo que a menudo olvidamos: dormir suficientemente.

El descanso forma parte de nuestro bienestar general y, junto con una alimentación equilibrada, una buena hidratación y una rutina de cuidado adecuada, contribuye a que nuestro aspecto general sea más saludable. No hay ningún cosmético capaz de compensar completamente unos hábitos diarios descuidados.

Por eso, después de las vacaciones puede ser un buen momento para recuperar horarios regulares de sueño, reducir el consumo excesivo de alcohol, mantener una alimentación variada y continuar realizando actividad física. El objetivo no debería ser simplemente conservar el color de la piel, sino conservar también la sensación de bienestar que asociamos al verano.

Los pequeños gestos son los que mantienen ese aspecto dorado

En realidad, no existe un truco milagroso capaz de detener el proceso natural por el que el bronceado va desapareciendo. Lo que sí podemos hacer es evitar que la piel se reseque, mantenerla hidratada, alimentarnos correctamente, protegerla de nuevas agresiones solares y utilizar, si queremos, un autobronceador para recuperar temporalmente el tono.

Y quizá esa sea la mejor manera de afrontar el final del verano. En lugar de intentar aferrarnos al bronceado a cualquier precio, podemos conseguir que nuestra piel siga teniendo un aspecto luminoso, uniforme y saludable aunque el calendario avance hacia el otoño.

Porque el verdadero objetivo no debería ser mantener el moreno durante todo el año, sino conseguir que la piel que tanto hemos expuesto durante el verano llegue a septiembre, octubre y los meses siguientes cuidada, hidratada y protegida. Y, paradójicamente, cuanto mejor la cuidemos, mejor aspecto tendrá incluso cuando aquel dorado veraniego empiece a desaparecer.

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