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Día Mundial del Campo 2025: Latifundismo y explotaciones agrarias en España

El latifundismo en España ha sido una característica estructural de la economía agraria desde hace siglos. Se trata de grandes extensiones de terreno en manos de un número reducido de propietarios, con una explotación agrícola o ganadera extensiva. Este modelo ha coexistido con pequeñas y medianas explotaciones, generando importantes diferencias en la producción y rentabilidad del sector agropecuario. El próximo 7 de marzo se celebra el Día Mundial del Campo 2025, una oportunidad para radiografiar el mundo rural y sus vicisitudes.

Características del latifundismo en España

El latifundismo se concentra especialmente en el sur del país, en comunidades autónomas como Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha. En estas regiones, las grandes propiedades han estado históricamente dedicadas a cultivos extensivos como el cereal, el olivar y el viñedo, además de explotaciones ganaderas de bovino y ovino.

Las explotaciones latifundistas suelen utilizar modelos productivos intensivos o semiintensivos, con un uso mecanizado y una dependencia de la Política Agraria Común (PAC) de la Unión Europea para su rentabilidad. A pesar de su gran extensión, en muchos casos presentan problemas de productividad debido a la baja inversión en modernización y a la dependencia de mano de obra estacional.

Olivos
La superficie del olivar en España comprende miles de hectáreas. Imagen de Sabine en Pixabay.

Superficie y producción entre grandes y pequeñas explotaciones

Mientras que un latifundio puede abarcar miles de hectáreas, las pequeñas explotaciones suelen estar por debajo de las 50 hectáreas, lo que limita su capacidad de producción. Estas propiedades están predominantemente situadas en el sur del país, especialmente en comunidades autónomas como Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha. En estas regiones, las explotaciones de más de 100 hectáreas representan solo el 5,17% del total, pero abarcan el 55,11% de la Superficie Agraria Utilizada (SAU), lo que refleja una alta concentración de la tierra en pocas manos. Un ejemplo: en Castilla-La Mancha, el cultivo de viñedos en grandes extensiones es fundamental para la economía local. La región posee el 50% del viñedo nacional, y la producción de vino es esencial para la subsistencia de pequeños y grandes agricultores, principalmente a través de cooperativas.

Estas grandes explotaciones suelen estar destinadas a cultivos extensivos como cereales, olivar y viñedo, así como a la ganadería extensiva.

La tendencia actual muestra una concentración de la tierra, con una disminución del número de explotaciones y un aumento de su tamaño medio. Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el tamaño medio de una explotación agraria en España se sitúa en 44 hectáreas.

Andalucía a la cabeza en tierras de cultivo

España tiene, por tanto, 16.578.577 hectáreas dedicadas a tierras de cultivo en 2022. La primera comunidad autónoma en superficie de tierras de cultivo es Andalucía, con 3.568 miles ha, seguida de Castilla-La Mancha y Castilla y León, con similares superficies.

Después, se encuentran Aragón (1.730 miles ha) y Extremadura (1.118 miles ha). La suma de estas 5 regiones hace un total de 13.378 miles ha, representando el 80,7 % de la superficie de tierras de cultivo de España.

El uso de tierras para pastos se extiende sobre 9.885.842 ha. Castilla y León es región con mayor superficie de pastos de España, con 2.376 miles ha, seguida de Extremadura (1.698 miles ha) y Andalucía (1.576 miles ha). A continuación se encuentran Aragón (973 miles ha) y Castilla-La Mancha (752 miles ha).

Las cinco comunidades representan el 74,6 % de esta producción. Por último, la superficie de uso forestal suma 19.650.404 ha. Este uso se encuentra más repartido-La Mancha posee 3.185 miles ha de este uso, seguida de Castilla y León y Andalucía con superficies similares. Sumando las Comunidades Autónomas de Cataluña y Galicia, se alcanza el 63,9 % del total.

El Censo Agrario de 2020, realizado por el INE con metodología armonizada en toda la Unión Europea, permite efectuar un análisis actualizado de las OTEs principales de España. Se refleja, por ejemplo, como la orientación principal en número de explotaciones es el olivar (247.318 explotaciones) seguida por la de frutales, bayas y cítricos (137.359 explotaciones) mientras que en términos de superficie lo son los cereales, oleaginosas y leguminosas (6,1 millones ha), seguidas de las de bovinos de carne y cría (3,6 millones ha).

Las grandes explotaciones son mixtas

Dejando de lado a las orientaciones mixtas agrícolas-ganaderas, las explotaciones más grandes en superficie son las de bovino de carne y cría y las de ovino y caprino, con 66,3 ha/explotación, propias de la ganadería extensiva. Por el contrario, las orientaciones con menor superficie media son las de la horticultura de invernadero (2,6 ha/explotación), seguidas de las de frutales, bayas y cítricos (7,7 ha/explotación).

El tamaño medio de las explotaciones presenta grandes diferencias, que van desde los 4,8 ha en Canarias y 5,9 ha en la Comunidad Valenciana, hasta las 52,7 ha de Aragón y las 62,2 ha de Castilla y León, reflejo tanto de las orientaciones productivas típicas de cada región, como de la estructura de la propiedad en el medio rural. En términos económicos de Producción Estándar media por explotación, las diferencias entre regiones son algo menores que en el caso de la superficie media.

Los valores más bajos se registran en las Islas Baleares y el Principado de Asturias, con 23.300 euros y 25.200 euros respectivamente, mientras que los más altos son los de Cataluña y Región de Murcia, por encima de los 95.000 euros por explotación.

Por lo que respecta al trabajo realizado en las explotaciones agrarias, el indicador UTA por explotación no presenta marcadas diferencias entre territorios, salvo en el caso de la región de Murcia y Canarias, cuyos valores de 1,52 y 1,6 UTA/explotación destacan notablemente del resto.

Se trata de regiones bastante especializadas en orientaciones frutícolas y hortícolas, más intensivas en trabajo, que justificarían estos resultados. En el indicador de trabajo por superficie ocurre algo similar, con valores generalizados entre 0,01 y 0,12 para todas las Comunidades, salvo Canarias que presenta el dato destacado de 0,34 UTA/ha.

Rentabilidad de las explotaciones

Aunque los latifundios pueden beneficiarse de economías de escala, muchas pequeñas explotaciones logran mayor rentabilidad gracias a la diversificación de cultivos y la producción ecológica, cada vez más demandada en los mercados europeos.

Cereal
El cultivo de cereales es tradicional en muchas regiones. Imagen de Péter Borkó en Pexels.

Teniendo en cuenta que cada unidad de dimensión económica (UDE) equivale a 1.000 euros de producción estándar total (PET), el análisis por clases de dimensión económica muestra como la renta de los agricultores está fuertemente correlacionada con la dimensión de sus explotaciones, haciendo que dicha renta se incremente a medida que aumenta el tamaño de estas. Para el conjunto de las explotaciones, el valor promedio (14,53 euros/hora) de la RTA es inferior al del salario medio de la economía española, suponiendo el 86,2 % del mismo.

Las grandes explotaciones suelen contar con maquinaria avanzada y acceso a sistemas de riego modernos, mientras que las pequeñas dependen en mayor medida de métodos tradicionales y menos automatizados.

Uso de la tierra

Mientras que los latifundios pueden mantener grandes extensiones de tierra improductiva o dedicarlas a monocultivos, las pequeñas explotaciones suelen aprovechar cada metro de suelo para maximizar la producción.

España posee una superficie total de 50,6 millones de hectáreas. El primer uso del suelo en importancia por su extensión es la superficie forestal arbolada, arbustiva y matorral, con 19.650 miles de hectáreas en 2022, lo cual supone el 38,8 % del total de la superficie española, según los datos del Anuario de Estadística del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (2022).

Este uso incluye la asociación de especies arbóreas forestales con otras ocupaciones del suelo como cultivos herbáceos, barbecho, pastizal o matorral, lo cual es muy común en España. A continuación, se sitúan las tierras dedicadas a cultivos, con 16.579 miles ha, el 32,8 % del total de la superficie de España.

Cultivos herbáceos

Dentro de este uso se encuentran los cultivos herbáceos (17,7 %), los cultivos leñosos (10,1 %) y los barbechos (5,0 %). Los cultivos herbáceos incluyen a las tierras bajo cultivos temporales, las praderas temporales para siega o pastoreo, y las tierras dedicadas a huertas con inclusión de los cultivos de invernadero.

Cultivos leñosos

El uso por cultivos leñosos engloba a tierras que ocupan el terreno durante largos periodos y no necesitan ser replantados después de cada cosecha. Incluye tierras ocupadas por árboles frutales, árboles de fruto seco, olivos o vides, entre otros. Se excluye la tierra dedicada a árboles para la producción de madera o leña.

Pastizales

Y el tercer uso en importancia son los pastizales, con 6.739 miles ha, el 13,3 % del total. Los pastizales son extensiones de terreno que se aprovechan mediante pastoreo. En cuanto a la evolución de los usos en la década 2013 – 2022, se observa que disminuye la superficie dedicada a cultivos herbáceos (-1,4 %), mientras que se ha incrementado la de cultivos leñosos (2,7 %), Pastizales (30,7 %) y Forestal (1,3 %). Por el contrario, disminuye la superficie de barbechos (-18,3 %) y prados naturales (-17,0 %).

Cambio generacional y despoblación rural

La falta de relevo generacional amenaza a las pequeñas explotaciones, mientras que los latifundios pueden resistir mejor gracias a su estructura empresarial.

Población rural

La población total censada en España ha aumentado un 2,6 % entre 2014 y 2023.  Pero, hombres y mujeres descienden en el conjunto rural por igual (-4,4 % y -4,5 %, respectivamente), pero al distinguir entre municipios grandes y pequeños, se observa que la reducción en los grandes se produce más entre los hombres (-5,5 %), mientras que en los pequeños es mayor en las mujeres (-4,2 %).

Los municipios rurales están más masculinizados que los urbanos, y en especial, la masculinización afecta a los más pequeños. El índice de masculinidad en los municipios del medio rural es de 103,6 hombres por cada 100 mujeres en 2023.

La población está más envejecida en los municipios rurales que en los urbanos. La tasa de jóvenes (número de personas de menos de 15 años por cada 100 personas de 65 años o más) es de 49,3 en los municipios rurales frente a 71,7 en los urbanos en 2023.

Almendros
El cultivo de almendros está muy desarrollado en provincias como Granada y Almería. Imagen de Cristina MM en Pixabay.

Ocupación en el área rural

El nivel de ocupación en las áreas rurales (Degurba) es inferior respecto al resto del territorio. La tasa de ocupación es del 47,5 % frente al 52,0 % en las ciudades en 2023. Asimismo, la tasa de actividad también es inferior, con un 54,0 % en el medio rural frente al 58,9 % en el medio urbano.

El número de ocupados aumentó un 1,5 % en las zonas rurales en 2023 con respecto a 2022. Por otro lado, el número de parados descendió un -3,1 % en las áreas rurales, mientras que en las ciudades lo hizo en un -5,6 %. Se percibe un mayor dinamismo en el empleo en las ciudades medianas y periféricas, con unas tasas de actividad y de ocupación del 58,3 % y 50,8 % respectivamente en 2023.

Jefes y titulares de explotación rural

En relación con la edad de los jefes de explotación, se observa que en el conjunto de España el porcentaje de jefes de explotación menores de 35 jóvenes titulares es el 4 %, el de los que se sitúan entre los 35 y los 64 años es del 55 %, correspondiendo a los mayores de 65 años el 41 %. Si se analiza por comunidades autónomas, los jefes de explotación menores de 35 años solo superan el 5 % en Cantabria, País Vasco y Principado de Asturias. La Comunidad Valenciana (2,2 %) y la Comunidad de Madrid (3 %) presentan los porcentajes más bajos de jefes de explotación menores de 35 años.

Respecto a los jefes de explotación de más de 65 años, con porcentajes inferiores al 30 % se sitúan únicamente las comunidades del Principado de Asturias y Cantabria. Con porcentajes superiores al 40 % figuran Galicia, Cataluña, Islas Baleares, Comunidad Valenciana y Extremadura.

En el caso de los titulares entre 35 y 64 años, las comunidades autónomas de Principado de Asturias, Cantabria, La Rioja y País Vasco superan el 60 % de España. En este tramo de edad se encuentran alrededor del 50 % de los jefes de explotación de Galicia, Islas Baleares, Castilla-La Mancha, Comunidad de Madrid y Comunidad Valenciana. 

Mujeres al frente de explotaciones rurales

El análisis del Censo Agrario de 2020 refleja asimismo como un 29 % de los jefes de explotación agraria son mujeres (261.634). Por comunidades autónomas se observan notables diferencias, con regiones con un porcentaje de mujeres que son jefas de explotación muy por encima del valor nacional, como son Galicia (48 %), Principado de Asturias (45 %), y Cantabria (34 %). Por debajo del 23 % nacional, están la Comunidad Foral de Navarra (19 %), La Rioja (21 %), Aragón (21 %), Castilla y León (23 %) y Comunidad de Madrid (23 %). La presencia de mujeres como jefas de explotación se ha incrementado de forma generalizada en el Censo Agrario de 2020 respecto a la Encuesta de Estructura de Explotaciones Agrarias de 2016.

En conclusión, el latifundismo en España sigue siendo un modelo dominante en ciertas regiones, pero presenta desafíos significativos en el contexto de una agricultura más sostenible y tecnológica. La coexistencia con pequeñas explotaciones diversificadas podría ser clave para garantizar un sector agropecuario competitivo y equilibrado en el futuro.

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