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La convivencia con perritos, AMAR y lograr una vida saludable: Un corto relato personal sobre un amor para siempre…

Hoy comparto sobre lo más maravilloso que he aprendido en la vida: amar. Este verbo tan corto guarda en sí una profundidad inexplicable. Y quizás, se pregunten ¿cómo aprender a amar? Si tal acción se trata más de un sentimiento. A pesar de eso, me atrevo a decir que sí: lo aprendí y lo sigo aprendiendo, gracias a la cercanía que logré tener con unos seres maravillosos de cuatro patas: los perritos.

Un tiempo atrás, mi realidad la percibí caóticamente: enfrentarse a las decisiones independientes para un futuro, el auge de la pandemia, las enfermedades, el desempleo, la falta de dinero, el encierro, el desconocimiento propio de qué hacer con mi vida y la incertidumbre del futuro, me colocaron en un lugar incierto. Me cuestionaba cada acción, me abrumaba cada decisión y no entendía nada o no quería ver más allá. 

Sin embargo, en este tiempo revelador en muchas áreas de mi vida, tuve la gran oportunidad de pasar mi día a día con los perritos de la casa. Y con esto que describo, no quiero romantizar esta narrativa. Pero si de algo estoy consciente es, que este tiempo relativamente largo, me enseñó lo invaluable que es la vida y la importancia del amor para cada cosa que hacemos.

Aprendí y comprendí que las pausas son necesarias, y que los lenguajes del amor: caricias, risas, juegos, palabras, ladridos, paseos, correr, sonreír, inventar historias, dormir, compartir el espacio, sentir el viento en la cara, alimentarse sanamente y alimentar a otros; puede inexplicablemente llenar mi corazón de felicidad, además de sentir que estoy en el aquí y el ahora. Podría estar segura de haber reconocido y sentido: paz, alegría y éxito.

Entender sus formas de relacionarse entre ellos, conmigo y con otros seres humanos fue algo fascinante

Algunas de éstas fueron:

  • Acostarse en un mismo espacio compartiendo la sombra al dormir.
  • Participar en las actividades favoritas del otro como jugar con la pelota.
  • Mirar alrededor y ver si están todos, acercarse, olfatear y quizás dar un beso (lamida). Luego acostarse con tranquilidad.
  • Mover la cola y ladrar con emoción cuando alguien regresa a casa.
  • Sonreír con la lengua afuera durante todo el paseo.
  • Dejarse abrazar y luego emocionarse por el simple motivo de ser y estar.
  • Respetar la integridad del otro como su espacio al comer.

Estas maneras de relacionarse no eran más que demostraciones de amor, sana convivencia, respeto entre ellos, y conmigo. De esos días en los que no encontraba una respuesta a mi sentido de vivir, sabía que por la mañana jugaría con mis perritos, mis ángeles, mis alebrijes (cómo decidí llamarlos) y que por la tarde disfrutaría de verlos comer y dormir. Ellos serían felices jugando y yo feliz compartiendo todos esos momentos. Así también, los paseos y caminatas vespertinas fueron un valioso regalo, recuerdos imborrables de mi mente, un aprendizaje y un amor para siempre.

Este crecimiento espiritual, emocional y mental, hoy son piezas fundamentales para mí. La salud física a la par del bienestar psicológico representa un pilar para mantener una vida saludable. A pesar de los altibajos que se presentaron en mi vida, aprendí amar por encima de las situaciones dolorosas y tristes. Podría escribir extensamente todo aquello que viví y sentí en su compañía. Aun así, comparto en este artículo aquello que destaco de nuestra convivencia.

Amar más allá del tiempo

También quiero expresar que ese noble compartir de liberación máxima de oxitocina (felicidad) que mis perritos y yo tuvimos en cada momento, se puede volcar difícil con la vejez y las enfermedades que surgen con ésta. Y es que, la tenencia responsable de un animal de compañía implica enfrentar su pérdida en el momento menos esperado. Tal es así que, los recuerdos más desgarradores (no hace mucho) que tengo fueron dos días: el día en que los ojitos de Shika se apagaron y un tiempo después, el día en que también despedí a Maxi. 

Ese dolor tan inmenso de perderlos solamente ha ido sanando al pensar en ese amor tan grande que me brindaron en todos los años de sus vidas junto al apoyo terapéutico. Si pudiese volver el tiempo atrás, los volvería a tener conmigo pero con más momentos, más paseos, más ladridos, más comida y más amor.

Perros
Retrato de recuerdo en uno de los mejores días de mi vida con mis alebrijes. Fotografía: Archivo Personal.

En la actualidad se ha empezado a tomar en cuenta el significado potente de tener la compañía de distintas especies animales para llevar un equilibrio vital. Tal es así, que existen numerosos aportes que explican cómo la terapia con animales puede ser eficaz para tratar diferentes patologías a nivel de salud mental.

Un día llegaron a mi vida estos maravillosos seres de cuatro patas (lo repito) que lo único que me enseñaron fue AMAR. Su huella fue, es y será imborrable. El valor de rescatar a un animal no se puede comparar. La elección de una adopción responsable también nos permite contribuir con el medio ambiente, con la vida y además, alimentar nuestra conciencia de gratitud hacia la naturaleza.  

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Mi Shika hermosa, y su especial parecido con las flores amarillas. Fotografía: Paula Jumbo.
Perro
Mi amado Maxi en las alturas y en mi corazón. Fotografía: Paula Jumbo.
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Sky, mi cielito lindo, descansando en el parque después de una jornada de juego. Fotografía: Paula Jumbo.

 

“Hasta que no hayas adoptado un animal, una parte de tu alma permanecerá dormida”.

~ Anatole France

Así como este gran regalo, que se me presentó en la vida y me permitió aprender, mientras comprendía mi realidad; coincidir en este mundo con una perrita, un perrito o cualquier ser animal, suma importantes beneficios al día a día, según varios estudios.

Aprender de mi manada fue lo mejor que me pudo pasar, convertirme en un ser más sensible que entiende miradas, gestos, acciones y movimientos fue enriquecedor para mi espíritu, mi estilo de vida y mis propósitos humanos. El amor te sana de a poco y los buenos recuerdos te acompañan en el proceso de aceptación individual.

Ahora me corresponde y quiero: replicar ese amor. 

Paula

Mientras ando, siembro palabras como semillas. Entretejo frases mientras atravieso el viento. Busco la manera de aferrar profundas mis raíces, a través del viaje y la búsqueda de mi equilibrio en este minúsculo espacio al que pertenezco e intento cuidar un poco: La Tierra.

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