El 19 de enero se celebra el Día Mundial de la Nieve, pero nunca está demás saber que la nieve es un fenómeno meteorológico que produce diminutos cristales de hielo con formas geométricas espectaculares, que solo se pueden observar al microscopio. Al parecer existen, según la clasificación de Magono y Lee, unos 80 tipos de cristales de hielo; aunque hay publicados numerosos estudios científicos sobre ello.

Este manto blanco que se deposita sobre la Tierra actúa como agua de reserva para para los animales y las plantas con el deshielo, teniendo además, una función protectora. La naturaleza ha querido depositar estos pequeños «diamantes» como un regalo. Por eso, no podemos desaprovecharlo.

Es posible que no te guste demasiado esquiar, pero también hay otras formas de disfrutar de la nieve que no te puedes perder. Contemplar un paisaje nevado es una de las mejores visiones para el disfrute de nuestros ojos, caminar sobre la nieve e introducirse en ese mundo níveo es un placer, que nuestro cuerpo aprecia y que nuestra salud requiere, así que no dudes en poder realizar una escapada para llenar tus pulmones de pura vida en zonas nevadas.

Destinos más sorprendentes

1. Marruecos

Las altas montañas del Atlas en Marruecos suelen contener una cantidad de nieve nada deplorable (sí, también hay estaciones de esquí). Una cordillera que bien merece una visita, sobre todo la zona del Atlas Central que soporta unos inviernos con nevadas bastante copiosas. Además, siempre puedes llevarte los prismáticos para observar especies únicas como la gacela de Cuvier, el leopardo de Bevería (casi extinto) o el arruí. No te olvides de tropezarte con los auténticos cedros del Atlas o con los pinos salgareños del Atlas, majestuosos y excepcionales. En este bello país, puedes tener los más variados paisajes desde las zonas costeras con extensas playas, hasta montañas y desierto.

Imagen de Toubkal. Cordillera del Atlas en Marruecos.

2. Brasil

A pesar de que todos tenemos en mente de Brasil el clima cálido, tropical o ecuatorial según la zona, hay lugares que sobresalen justo por lo contrario. Es el caso de la zona sur del país, con varios pueblos y ciudades, aunque destaca Uribici, en Santa Catarina. En junio, julio y agosto los termómetros caen en picado y es frecuente tener unos cuantos grados centígrados bajo cero. Ubicada entre montañas, en el valle del río Canoas, está dentro del Parque Nacional de San Joaquín, una de las joyas brasileñas mejor guardadas para los turistas. El llamado Morro da Igreja es el punto más alto del Sur de Brasil con 1,827 metros de altitud. No solo disfrutarás de la nieve, también de cuevas espectaculares, y de cataratas gigantescas, en primavera.

La nieve aparece en el Sur de Brasil. Imagen de Miriam C de Souza.

3. Tasmania

La isla de Tasmania cuenta con un clima templado, pero el invierno en julio y en agosto es bastante frío en las montañas, aunque siempre es bastante lluviosa en esas fechas. Es una oportunidad poder visitar un lugar mágico, con una flora y una fauna excepcional, y de poder comprobar, no con mucha facilidad, si algún ejemplar del célebre tigre de Tasmania sigue vivo. Observar especies vegetales y animales que han sobrevivido a los tiempos, endémicas, es un espectáculo que no se puede desperdiciar.

Instantánea de uno de los lagos del Parque Nacional Cradle Mountain-Lake St. Clairy.

La huella de los glaciares se aprecia en el Parque Nacional Cradle Mountain-Lake St. Clairy, y la impronta de Gondwana sigue existiendo en  las coníferas endémicas como el pino rey Billy, el pino de lápiz y el pino de apio, así como el haya caducifolia de Tasmania. Otros vínculos aparecen con Pangea: es el caso de algunos invertebrados que subsisten, como la polilla del pino. Además, es posible toparse con algunos de los marsupiales más temidos como el inconfundible demonio de Tasmania y otros tipos de quolls, wombats o equidnas.