Día Internacional de la Ballena 2026: descubriendo al misterioso narval y su colmillo legendario
Cada tercer domingo de febrero se celebra el Día Internacional de la Ballena, una fecha destinada a recordar la enorme diversidad de estos gigantes marinos y su importancia para los océanos del planeta. Aunque solemos pensar primero en especies conocidas como la ballena azul o la jorobada, hay otras criaturas igual de asombrosas que muchas personas no conocen: por ejemplo, los narvales, frecuentemente llamados “los unicornios del mar” por su aspecto tan peculiar.

Narvales, los unicornios del mar
Los narvales son un tipo de cetáceo odontoceto —es decir, una ballena con dientes— cuyo nombre científico es Monodon monoceros. Viven en las frías y remotas aguas del Océano Ártico, sobre todo alrededor de Canadá, Groenlandia, Noruega y Rusia, donde recorren grandes distancias buscando alimento según la estación del año. Pasan el invierno bajo el hielo marino y, cuando la primavera y el verano llegan, se acercan más a las costas y a los fiordos árticos en busca de zonas abiertas de agua.
Una de las características más llamativas del narval es su colmillo largo y espiralado, que muchos confunden con un cuerno. Este colmillo no es otra cosa que un diente superior izquierdo extremadamente desarrollado, que puede crecer más de 3 metros de longitud en los machos y que le ha valido la fama de “unicornio marino”. Aunque los machos suelen tenerlo, aproximadamente un 15 % de las hembras también desarrollan colmillos, aunque de menor tamaño.
En cuanto a su fisionomía general, los narvales tienen un cuerpo robusto con una cabeza redondeada y sin pico pronunciado, aletas pectorales cortas, y carecen de aleta dorsal, lo que les permite nadar bajo el hielo con menos resistencia. Su piel presenta un moteado gris que se acentúa a medida que envejecen.
Los machos pueden medir hasta 5,4 metros y pesar hasta 1 900 kg, mientras que las hembras son algo más pequeñas, alcanzando alrededor de 4,9 metros y unos 1 550 kg.
La vida de un narval está profundamente ligada al hielo ártico y a las profundidades marinas: se alimentan principalmente de peces como el bacalao ártico, el fletán y otros peces de fondo, así como de calamares y camarones, usando su boca para hacer succión y capturar las presas en el lecho marino. Estos cetáceos pueden sumergirse a grandes profundidades —más de 1 500 m— y permanecer bajo el agua durante períodos prolongados mientras buscan alimento.
En cuanto a su reproducción, los narvales alcanzan la madurez sexual alrededor de los siete u ocho años. La época de apareamiento suele ir de marzo a mayo, y la gestación dura más de un año —alrededor de 13 a 16 meses—, con crías que nacen en verano. Normalmente nace una sola cría por parto, con unos 1,5–1,6 m de longitud al nacer, y permanece junto a su madre durante al menos un año mientras se alimenta de su leche.
Una ballena difícil de estudiar
Aunque hoy en día no están clasificados como especie en peligro de extinción, los narvales enfrentan diversas amenazas que ponen en riesgo su futuro. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) los considera de “preocupación menor”, pero esto no significa que su supervivencia esté garantizada. Se estima que hay entre 120 000 y 170 000 narvales adultos en libertad en el mundo, pero estas cifras provienen de poblaciones que son difíciles de estudiar debido a su hábitat remoto y a las grandes extensiones de hielo.
Entre las amenazas más importantes están los cambios en la climatología, que altera sus hábitats de hielo y cambia la disponibilidad de alimento, así como la contaminación, la caza tradicional por parte de comunidades indígenas y el aumento del tráfico marítimo en el Ártico. El incremento de ruido, los derrames de petróleo y la pérdida de hielo marino hacen que la vida de estos animales sea cada vez más difícil.
Si bien los narvales pueden parecer criaturas de leyenda, son perfectamente reales, extraordinariamente adaptados a una de las regiones más extremas de la Tierra y, como todas las ballenas, fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas marinos. Recordarlos y protegerlos en celebraciones como el Día Internacional de la Ballena es una forma de mantener viva la maravilla de conocer que, bajo los hielos del Ártico, existe un mamífero con un “cuerno” que ha fascinado a generaciones de exploradores y científicos.

