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Día Internacional de las Poblaciones Indígenas 2025: Comunidades indígenas frente al olvido y la usurpación de territorios

Desde los Andes hasta la Amazonía y los confines australes de Sudamérica, persisten comunidades que conservan saberes milenarios y modos de vida profundamente arraigados, desafiando la invisibilización y el desplazamiento por la minería, los monocultivos y la deforestación, entre otros problemas asociados a las tierras que habitan. Son los guardianes de la naturaleza que están siendo masacrados sin tener en cuenta quiénes son, su historia y valores.

El 9 de agosto es el Día Internacional de las Poblaciones Indígenas 2025, por esta misma razón es necesario que los gobiernos de los países donde viven sean sus mayores protectores, ya que la herencia cultural ligada a estas comunidades ancestrales y su riqueza está desapareciendo con ellas.

Principales poblaciones indígenas de Sudamérica

Quechua

En el altiplano andino, los Quechua se mantienen como el grupo indígena más numeroso del continente, con una población que supera los ocho millones y habita en Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Argentina. Conservan una cosmovisión en que la tierra y las montañas son seres sagrados, articulada a través de la reciprocidad comunitaria (ayni), la agricultura en terrazas y sistemas de riego heredados del Tawantinsuyu.

Quechua

Aymara

Los Aymara, con aproximadamente 2,3 millones de personas repartidas entre Bolivia, Perú, Chile y Argentina, siguen arraigados a prácticas agrícolas ancestrales y rituales en honor a la Pachamama. Anualmente, realizan ofrendas en lugares sagrados como cerros o “apus”, guiadas por yatiris, quienes entablan diálogo con energías ancestrales mediante mesitas, elementos simbólicos y performativos.

Aymara

Mapuche

En la región del Cono Sur, los Mapuche (cerca de 1,8 millones en Chile, sumados a comunidades en Argentina) mantienen su lengua, tradiciones ceremoniales y una práctica artesanal compleja en textiles, metalurgia ritual y medicina tradicional, siendo protagonistas activos de reclamos por territorio y autonomía.

Mapuche

Yanomami

Hacia la Amazonía, los Yanomami (Brasil–Venezuela) preservan una vida comunitaria sustentada en la caza, pesca y agricultura itinerante, construida sobre una espiritualidad que convierte la selva en territorio vital y ancestral.

Yanomami

Machiguenga

En la Amazonía peruana, los Machiguenga (unos 18 000 en 2020) transitaron de modos de vida nómadas a una agricultura de roza-andar (swidden), cultivando yuca, maíz y plátano, e incorporando café y cacao de forma creciente; complementan su dieta con pesca al disminuir la caza.

Shipibo‑konibo

Relacionados, los Shipibo‑konibo, con una población estimada entre 11 000 y 25 000 personas a lo largo del río Ucayali (Perú), cultivan tradición ayahuasquera, artes textiles y prácticas chamánicas bajo un entorno de sincretismo religioso que combina animismo y cristianismo. El pueblo Shipibo-Konibo tiene su origen en una serie de fusiones culturales entre tres grupos que anteriormente eran distintos entre sí: los Shipibos, los Konibos y los Shetebos.

Wayuu

En la frontera entre Colombia y Venezuela, los Wayuu son el grupo indígena más numeroso de la región, con alrededor de 144. 000 personas en Colombia y casi 294. 000 en Venezuela, caracterizados por una vida en el árido paisaje de La Guajira y sobresalientes habilidades en tejido, organización matrilineal y una cultura del honor y la resistencia.

Guaraní

En territorios fronterizos entre Brasil, Paraguay, Argentina y Bolivia viven los Guaraní, cuyo arraigo cultural se expresa en mitologías profundas, saberes medicinales vinculados a la naturaleza y una organización social centrada en la oralidad.

El caso de Paraguay

Los Mbya Guaraní ocupan un amplio territorio en la Región Oriental del Paraguay, distribuyéndose estratégicamente en las cabeceras de los ríos Paraguay y Paraná. Se encuentran principalmente en los departamentos de San Pedro, Concepción, Canindeyú, Caaguazú, Alto Paraná, Guairá, Caazapá e Itapúa, conformando uno de los pueblos indígenas más numerosos y dispersos del país, con una población estimada de 21.422 personas (DGEEC 2013).

https://youtu.be/aUZglhcD_3g?si=4Swkr-mKsg1m52RZ

Su organización social se basa en familias extensas que conforman aldeas autónomas, lideradas por el tamoi (abuelo), apoyado por otros líderes denominados yvyraija. El liderazgo puede ser ejercido tanto por hombres como por mujeres, y las normas internas, de carácter consuetudinario, son reconocidas por el Estado paraguayo.

Los Mbya han mantenido históricamente una actitud de resistencia cultural frente a los procesos de colonización y asimilación, entendiendo su identidad como una forma activa de diferenciación. Esta resistencia ha sido un instrumento político y cultural clave a lo largo de su historia.

En el plano económico, su subsistencia depende de una agricultura diversificada (maíz, mandioca, batata, porotos, lentejas, zapallo), complementada con caza, recolección y trabajos temporales en estancias. El avance del modelo agroexportador —especialmente la expansión del monocultivo de soja— ha provocado desplazamientos, restricciones territoriales y deterioro del acceso a recursos naturales fundamentales, afectando tanto su reproducción material como su cultura espiritual. Para los Mbya, la tierra, el agua, el monte y los seres vivos no son mercancías, sino elementos sagrados e integrados al ciclo de la vida.

Entre sus prácticas religiosas y ceremoniales, destaca el Ñe´emongarai, ritual de bendición de cultivos y bautismo de niños, que enlaza el calendario agrícola con el ciclo vital humano. El Opy’gua, líder espiritual, cumple funciones de curación con plantas, predicción, conducción ritual y asignación de nombres.

Su cosmovisión religiosa gira en torno a Ñande Ru, el creador, quien dio origen a cuatro seres primordiales: Karai, Jakaira, Ñamandú y Tupa Ru, junto con sus esposas. Estos seres, sin ombligo, no fueron engendrados y son considerados entidades puras. La mitología Mbya narra una primera creación del mundo (yvy tenonde) destruida por un diluvio, tras la cual los virtuosos ascendieron al cielo, mientras que otros se transformaron en animales e insectos. El nuevo mundo fue recreado por un hijo de Jakaira, y los Mbya se consideran descendientes directos de una mujer originaria del centro de la tierra, el Guaira, y un dios.

A pesar de la presión creciente sobre sus territorios y la pérdida de sus bosques, los Mbya Guaraní continúan desplegando estrategias activas de conservación cultural, sostenidas en su práctica ecológica, su espiritualidad y su ética comunitaria profundamente enraizada en la naturaleza.

Mashco Piro

Finalmente, existen grupos aislados, como los Mashco Piro, que rehúyen el contacto con el exterior—la mayor comunidad no contactada del mundo— y cuya existencia se ve cada vez más presionada por factores como la deforestación, las enfermedades externas y la expansión de actividades extractivas. Se mantienen en aislamiento voluntario, mientras sus territorios ancestrales se encuentran amenazados de forma persistente, en un contexto donde los marcos legales son insuficientes o aplicados de forma ineficaz.

Los mashco piro son uno de los pueblos seminómadas que habitan el territorio peruano. Gran parte de la población mashco piro vive en situación de aislamiento y se desplaza entre las Reservas Territoriales Mashco Piro, Madre de Dios y Murunahua, creadas entre los años 1997 y 2002, que se consideran insuficientes. El pueblo mashco piro ha sido estrechamente asociado con los yine porque se considera que ambos hablan la misma lengua, perteneciente a la familia lingüística Arawak. Los mashco piro viven en los departamentos de Ucayali y Madre de Dios.

Análisis antropológico

Estas poblaciones comparten un vínculo profundo con sus territorios —sea el altiplano, la selva o el desierto— que se manifiesta en sus estructuras sociales, rituales, saberes ecológicos y modos de producción. Como objetos de estudio, exigen enfoques participativos, sensibles y multisistémicos que reconozcan su agencia, diversidad interna y continuidad cultural. Desde modelos agrícolas y farmacopéyicos hasta formas de justicia consuetudinaria y espiritualidad ambiental, sus conocimientos constituyen un patrimonio vivo que no se debe perder.

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

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