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Día Mundial de la Arquitectura 2025: arquitectos que redefinen la eficiencia energética y el diseño bioclimático

Durante gran parte del siglo XX, la arquitectura se midió por su capacidad de dominar el entorno. Las grandes estructuras de acero, vidrio y hormigón simbolizaban el poder de la técnica sobre la naturaleza. Sin embargo, las consecuencias ecológicas de ese paradigma —el consumo energético excesivo, la contaminación y la desconexión entre edificio y entorno— dieron lugar a una nueva generación de arquitectos que entendieron que construir no debía significar destruir. Así nació la arquitectura sostenible, una corriente que ha madurado hasta convertirse en un principio rector de la construcción contemporánea.

Hoy, celebrando el Día Mundial de la Arquitectura 2025, sabemos que la sostenibilidad ya no se limita a la eficiencia energética: abarca la elección de materiales locales y renovables, el diseño bioclimático, la reducción de emisiones de carbono durante la construcción y el ciclo de vida útil del edificio, y la integración del verde urbano como parte esencial del hábitat humano. A lo largo de todos los continentes, numerosos arquitectos han aportado visiones propias a esta transformación global.

Europa: tecnología, bioclimatismo y materiales inteligentes

El británico Norman Foster ha sido un pionero en la incorporación de la ingeniería ambiental en grandes infraestructuras. En edificios como el 30 St Mary Axe (Londres, 2003), Foster aplicó una estructura elíptica y un sistema de ventilación natural que reduce hasta un 50% el consumo energético respecto a torres convencionales. Su uso de fachadas dobles, vidrios de control solar y sistemas automatizados de iluminación interior lo convierten en referente de la arquitectura de alta tecnología sostenible. En proyectos más recientes, como el Apple Park en California, ha perfeccionado el equilibrio entre eficiencia energética, bienestar interior y uso extensivo de energías renovables.

The Metropolitan Building
The Metropolitan Building en Varsovia, Polonia. Imagen de Marcin Białek.

El italiano Renzo Piano, por su parte, ha llevado la sostenibilidad hacia una escala más humanista. Su proyecto del Centro Botín en Santander o el Parlamento de Malta son ejemplos de edificaciones que aprovechan al máximo la luz natural mediante lamas fotovoltaicas, ventilación cruzada y materiales ligeros de bajo impacto. Piano sostiene que “el edificio debe respirar”, y su enfoque enfatiza la transparencia, la ligereza estructural y el respeto por el contexto urbano.

Centro Paul Klee en Berna
Centro Paul Klee en Berna, Suiza. Imagen de Jean-Pierre Dalbéra.

En Noruega, el estudio Snøhetta ha llevado la sostenibilidad hacia una escala ecológica y cultural. El Powerhouse Brattørkaia en Trondheim es un ejemplo de edificio de energía positiva, que produce más energía renovable de la que consume gracias a una envolvente optimizada, paneles solares integrados y sistemas geotérmicos. Además, su diseño prioriza la interacción con el entorno: las cubiertas verdes funcionan como filtros térmicos y espacios de biodiversidad. Snøhetta demuestra que el diseño pasivo puede combinarse con la más avanzada ingeniería energética.

Oslo
Ópera de Oslo de Kjetil Trædal Thorsen. Imagen de Rafał Konieczny.

Desde España, Patricia Urquiola —aunque más conocida por su trabajo en diseño interior— ha impulsado una visión integral del espacio sostenible mediante el uso de materiales reciclables, procesos de fabricación de baja huella de carbono y la integración de mobiliario con certificaciones ecológicas. Su influencia se ha extendido a proyectos hoteleros y residenciales donde la economía circular se traduce en soluciones de alto valor estético y técnico.

Asimismo, el estudio RCR Arquitectes, de Olot (Girona), ha demostrado cómo la arquitectura puede fundirse literalmente con el paisaje. Sus proyectos, construidos con acero corten, piedra volcánica y hormigón pigmentado, logran un equilibrio térmico natural y un diálogo continuo con la topografía, reduciendo las necesidades energéticas activas.

Biblioteca
Aspecto exterior de la Biblioteca Waalse Krook en Gente, Bélgica. Imagen de Paul Hermans.

América: sostenibilidad social y adaptación climática

En América Latina, la sostenibilidad se ha vinculado no solo a la eficiencia ambiental, sino también a la justicia social y la adaptación a los recursos locales. El chileno Alejandro Aravena, al frente del estudio Elemental, desarrolló el concepto de “vivienda incremental”, donde las familias participan en la construcción de una parte básica de la casa, diseñada con materiales accesibles y preparada para ser ampliada con el tiempo. Este enfoque reduce el impacto económico y ambiental, ya que las edificaciones se adaptan al crecimiento real de las comunidades, evitando el desperdicio de materiales y energía.

La mexicana Tatiana Bilbao ha revolucionado el diseño residencial en climas cálidos mediante soluciones bioclimáticas y el rescate de materiales vernáculos como el adobe, la tierra apisonada y la madera local. En sus viviendas modulares, la ventilación cruzada y la orientación solar son determinantes, lo que permite mantener confort térmico sin recurrir a sistemas mecánicos. Su obra combina eficiencia, identidad cultural y una arquitectura accesible, particularmente relevante para contextos rurales y de bajos recursos.

En Estados Unidos, William McDonough es uno de los teóricos más influyentes del movimiento “Cradle to Cradle” (de la cuna a la cuna), que propone diseñar edificios cuyos materiales puedan reincorporarse al ciclo natural o industrial sin generar residuos. Su obra aboga por el uso de componentes reciclables, materiales no tóxicos y una gestión circular de los recursos, anticipándose décadas a los actuales criterios de construcción sostenible.

Por otro lado, el arquitecto colombiano Simón Vélez ha elevado el uso del bambú guadua a categoría estructural. Sus proyectos demuestran que un material natural, renovable y de bajo costo puede reemplazar al acero en determinadas condiciones, gracias a su resistencia y flexibilidad. Vélez ha desarrollado un lenguaje constructivo que combina técnicas tradicionales con un rigor estructural contemporáneo, aplicable tanto a viviendas rurales como a grandes pabellones internacionales.

Asia: tradición, tecnología y resiliencia

Asia se ha convertido en un epicentro de innovación sostenible, donde tradición y alta tecnología convergen. El japonés Shigeru Ban, conocido por sus estructuras de papel y cartón reciclado, ha demostrado que los materiales livianos pueden ser altamente resistentes y sostenibles. En proyectos de emergencia, como refugios para víctimas de terremotos en Nepal o Japón, Ban aplicó principios de arquitectura modular, desmontable y de bajo impacto ambiental, anticipando tendencias actuales de construcción circular y prefabricada.

El estudio WOHA, en Singapur, ha impulsado el concepto de “arquitectura viva”. Sus rascacielos, como el Oasia Hotel Downtown, están literalmente cubiertos por vegetación que actúa como aislamiento térmico y filtro natural de aire. La integración de jardines verticales, sistemas de recolección de agua pluvial y ventilación natural ha hecho de sus proyectos referentes en sostenibilidad tropical. En climas húmedos, este tipo de soluciones reduce significativamente el consumo energético asociado al aire acondicionado.

School of the Arts
School of the Arts, Singapore por la firma WOHA.

En la India, Anupama Kundoo ha desarrollado una arquitectura basada en la eficiencia material y la mano de obra local. Sus construcciones emplean ladrillos huecos, bóvedas ligeras y materiales reciclados para reducir la huella de carbono. Kundoo sostiene que la sostenibilidad no depende solo de la tecnología, sino también del tiempo y el conocimiento invertido en construir con inteligencia y sensibilidad.

África: sostenibilidad comunitaria y materiales autóctonos

El burquinés Francis Kéré ha demostrado que la arquitectura sostenible puede ser profundamente social. Sus proyectos en África Occidental, construidos con tierra apisonada, madera local y cubiertas metálicas separadas para permitir ventilación natural, son modelos de eficiencia pasiva. Kéré incorpora a las comunidades en el proceso constructivo, promoviendo la transmisión de técnicas sostenibles y la autosuficiencia energética mediante el uso de energía solar y sistemas de recolección de agua.

Escuela
Escuela de Educación Primaria en Gando, Burkina Faso, por Francis Kéré. Imagen de Schulbausteine.

En Sudáfrica, Mick Pearce aplicó principios de la biología para diseñar el Eastgate Centre en Harare (Zimbabue), un edificio que imita la ventilación de los termiteros. Este sistema permite mantener temperaturas estables en el interior sin aire acondicionado mecánico, reduciendo el consumo energético en más de un 90%. Su enfoque biomimético se ha convertido en referente mundial para construcciones en climas extremos.

Oceanía: arquitectura ligera y armonía con el paisaje

El australiano Glenn Murcutt es uno de los máximos exponentes de la arquitectura bioclimática moderna. Su lema —“tocar la tierra suavemente”— resume una filosofía basada en la observación del clima, el sol y los vientos. Sus viviendas ligeras, construidas con acero galvanizado, paneles de madera y sistemas de captación de agua de lluvia, integran estrategias pasivas de enfriamiento y ventilación natural. Murcutt ha demostrado que la sostenibilidad es, ante todo, una actitud: construir con respeto por el lugar y sus condiciones naturales.

En Nueva Zelanda, estudios como Fearon Hay Architects y Warren and Mahoney han impulsado el uso de madera laminada cruzada (CLT) en edificaciones de mediana altura, explorando la posibilidad de sustituir el hormigón por materiales de baja huella de carbono. Estos sistemas permiten construcciones más rápidas, ligeras y energéticamente eficientes, con excelente comportamiento térmico y sísmico.

La sostenibilidad como sistema integrado

Más allá de los nombres, la arquitectura sostenible contemporánea comparte principios técnicos comunes:

  • Optimización energética mediante orientación solar, ventilación cruzada y aislamiento térmico.

  • Uso de materiales locales o reciclados, reduciendo transporte y emisiones de CO₂.

  • Gestión eficiente del agua, a través de cubiertas captadoras y sistemas de tratamiento de aguas grises.

  • Integración vegetal, tanto para mejorar el microclima urbano como para favorecer la biodiversidad.

  • Diseño modular y circular, que facilita la reutilización o desmontaje de componentes al final de su vida útil.

En el fondo, el objetivo de esta arquitectura no es solo construir edificios sostenibles, sino ecosistemas habitables. Cada muro, cubierta o jardín vertical forma parte de un sistema donde el confort humano y el equilibrio ambiental dejan de ser opuestos. Los arquitectos de hoy ya no compiten por altura o extravagancia, sino por quién logra hacer más con menos, por quién consigue que una construcción deje una huella positiva en su entorno.

La sostenibilidad, entendida así, no es una tendencia pasajera, sino el nuevo lenguaje universal de la arquitectura. Un lenguaje que une tradición, innovación y responsabilidad, y que redefine lo que significa construir en el siglo XXI.

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

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