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Día Mundial del Árbol 2024: estrategias de los árboles mediterráneos frente a los incendios

La cuenca mediterránea es una de las zonas de Europa en la que se suelen producir más incendios en los bosques. España, Italia, Grecia, Portugal, Croacia o Túnez son algunos de los más afectados cada verano cuando comienzan a subir las temperaturas. Pero según el cálculo realizado por satélite del Copernicus, en el año 2023 ardieron más de 100.000 hectáreas en cada uno de los tres primeros países.

El próximo 28 de junio se celebra el Día Mundial del Árbol 2024, una jornada en la que es esencial saber cómo podemos ayudar a nuestros espacios naturales, con especies autóctonas más resistentes a los fuegos y con estrategias clave para su conservación y reproducción.

En muchas regiones mediterráneas la degradación del suelo tras años de sobreexplotación ganadera y forestal, y el elevado riesgo de erosión han motivado la reforestación de los terrenos, con mucho éxito. 

Pinos
Bosque de pino piñonero. Imagen de wearebioritmo en Pixabay.

El éxodo rural y el abandono de campos de cultivo y los pastos son algunas de las principales causas de que en los bosques haya más riesgo de aparecer fuegos, además de aquellos provocados de forma intencionada.

De una forma menos metafórica de lo que parece, se puede concluir que la extensión y severidad de los incendios son un reflejo y una consecuencia de la relación actual que como sociedad mantenemos con los bosques.

Pero hay que tener en cuenta dos factores, el riesgo de ignición, es decir que un fuego se origine, y el riesgo de propagación, es decir, que una vez originado pueda extenderse rápidamente quemando la vegetación que encuentra a su paso y se convierta en un gran incendio forestal.

Árboles mediterráneos y sus estrategias frente a los incendios

La encina, el alcornoque o la coscoja son especies que tienen una inflamabilidad más baja en comparación a especies arbóreas con resinas como los pinos o los enebros, o con ciertos aceites esenciales como el romero o las estepas. Sin embargo, con situación de sequía acumulada y mucha densidad de vegetación, pueden generar incendios igualmente intensos e incluso más difíciles de controlar debido al poder calórico de la madera de encina (que precisamente por este hecho, está más valorada y usada como leña de chimenea, en comparación a la madera de pino).

Adaptaciones ecofisiológicas

La vegetación mediterránea presenta una gran diversidad de estrategias para sobrevivir al fuego, son adaptaciones ecofisiológicas, con dos estrategias principales de supervivencia vegetal (rebrotadora y germinadora).

Un ejemplo son las cortezas gruesas para protegerse del calor de las llamas (alcornoques y pinos), capacidad de rebrote (encinas, robles y multitud de arbustos) o la existencia de piñas serótinas que necesitan el calor de las llamas para abrirse y liberar la semilla, germinando sobre el terreno quemado y sin ninguna competencia.

Existen dos mecanismos para almacenar las semillas: en bancos en el suelo o en bancos aéreos. En los bancos aéreos las semillas están protegidas en estructuras leñosas llamadas piñas serótinas y es donde permanecen las semillas en dormancia.

Sin embargo, existen especies cuya señal para germinar es el fuego.

La estrategia germinadora es la serotinia, que consiste en la acumulación de semillas en la copa que se dispersarán tras un estímulo ambiental (fuego, viento, sequía); las semillas que presentan esta adaptación suelen tener resinas que sellan los folículos que se deshacen con el calor.

La estrategia rebrotadora depende de viabilidad de las yemas, la disponibilidad de carbono no estructural, el agua y los nutrientes. Las yemas rebrotadoras pueden ser aéreas, basales o subterráneas.

El otro mecanismo que tienen las plantas para aprovechar las condiciones post incendio es la germinación estimulada por el humo.

Se considera que una planta o un árbol muere cuando pierde el 100% de su capacidad fotosintética, es decir, que ha perdido todas sus hojas y la capacidad de generar nuevas, según aparece en el Trabajo de Fin de Grado en Biología por la Universidad de La Laguna de Nerea Victoria López Jaio.

La coscoja (Quercus coccifera) representa la especie rebrotadora por excelencia en gran parte de la cuenca mediterránea.

Las plantas no rebrotadoras no persisten después de un incendio, pero muchas de las plantas no rebrotadoras mediterráneas producen un banco de semillas protegido de alguna manera del fuego. Estas semillas germinan después del incendio permitiendo la persistencia de las poblaciones tras el fuego. Las semillas pueden estar protegidas por un capa externa dura de la semilla (pericarpo), pueden protegerse enterradas en el suelo, o por estructuras lignificadas (es el caso de las piñas).

Sin embargo, dos incendios distanciados temporalmente menos del periodo necesario para que la mayoría de los individuos lleguen a la edad adulta, implican la pérdida local de la especie y la desaparición del pinar.

El pino piñonero (Pinus pinea) tampoco presenta piñas serótinas, aunque su regeneración posincendio puede ser buena después de un incendio dado que los piñones presentan una cubierta muy gruesa y además quedan muy protegidos del fuego en las piñas. El pino rodeno (Pinus pinaster) presenta piñas serótionas (aunque la proporción de éstas es mucho menor que en el caso del pino carrasco) y la regeneración posincendio suele ser buena; sin embargo, la gran variabilidad genética de esta especie en nuestro territorio determina patrones de regeneración posincendio contrastados.

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

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