Mañana, 27 de febrero, se celebra el Día Internacional del Oso Polar. Una fecha realmente significativa para la conservación de especies animales, ya que el oso polar es una de las especies de oso que se encuentra en un estado “Vulnerable”, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

La problemática a la que se enfrenta cada día esta especie es de diversa índole, pero una de las más graves a todos los niveles es a causa del calentamiento global. Su hábitat, que es el hielo del océano Ártico, está derritiéndose. Ya no queda prácticamente nada del hielo más antiguo y perenne.

Día Internacional del Oso Polar

Día Internacional del Oso Polar: si el hielo se derrite, los osos polares no tendrán hogar, ni alimento.

Océano Ártico: derretido y contaminado

Un océano Ártico que se está acidificando a una velocidad de vértigo debido a las emisiones de dióxido de carbono que el agua ha absorbido, según los últimos informes científicos de la Institución Oceanográfica Woods Hole. A su vez, está entrando menos hielo marino desde el interior del ártico, lo que ha provocado un retroceso del agua dulce de un 40%. El calor del océano Atlántico está entrando y se va elevando, de esta forma el hielo marino en invierno va desapareciendo sin ningún freno.

Apunta una investigación de la Universidad de Colorado que hacia la década de 2070, según las previsiones del estudio, podría haber cerca de 200 días al año sin hielo marino en el océano Ártico situado en el límite con Alaska.

Esta redistribución del calor, también afecta a las sustancias tóxicas y a la contaminación. La Corriente Termohaliana está extendiendo los residuos hasta las zonas polares, y lo peor es que quedan retenidos sin retorno, como ocurre entre los mares de Rusia, Groenlandia y Escandinavia. Unos 300.000 millones de fragmentos nadan a la deriva, pero sin poder salir de allí, según el estudio realizado entre otros por Andrés Cózar.

Día Internacional del Oso Polar

La contaminación que deja el ser humano, ya está dentro de los cuerpos de los osos polares.

Esto significa que nuestros vulnerables osos polares, además de no tener un hogar en los próximos años, sufrirán las consecuencias de la contaminación en sus propias carnes. Se han realizado análisis de los tejidos de los osos polares y se han encontrado una gran cantidad de retardantes de llama que pueden provocar en los humanos alteración del equilibrio de las hormonas tiroideas, daños permanentes en el aprendizaje y la memoria, cambios de conducta, pérdida de audición, retraso en inicio de la pubertad, disminución del recuento de espermatozoides, malformaciones fetales y, entre otras alteraciones, posiblemente, cáncer (como el de tiroides).

Aunque también han aparecido en sus tejidos compuestos perfluorados y plaguicidas organoclorados que pueden ocasionar cáncer en las personas, y en los animales se han detectado efectos en el hígado, el sistema inmune, el desarrollo y los órganos sexuales, entre otras cosas. Los estudios científicos llevados a cabo por el grupo del UICN especializado en el oso polar, así lo demuestran.

Más visitas inesperadas

Las conclusiones son claras: los osos polares no tienen ni dónde, ni qué comer, si no tienen hielo para poder cazar. Por esa misma razón, cada vez serán más frecuentes las noticias en las que se documentan a osos polares cerca de poblaciones humanas, como la que recientemente ha tenido lugar en el asentamiento militar del Ártico ruso. El tiempo lo dirá, aunque los obstáculos que tienen que seguir sorteando no son pocos: extracción de petróleo y gas, además del furtivismo.

Su agresividad, sin alimento, será cada vez mayor. Eso supondrá que el personal que se mueva por esas zonas deberá ir armado, y el ser humano no se lo va a pensar dos veces antes de disparar.