La Red Natura 2000 comprende 27.000 espacios repartidos por toda Europa para garantizar la protección y supervivencia de hábitats y especies. Es la red de espacios protegidos más grande del mundo y cada uno de ellos destaca por su alto valor ambiental y por contener especies y paisajes amenazados o emblemáticos y siempre fundamentales para la vida.

Para destacar la importancia de esta red, el 21 de mayo se celebra el Día Europeo de la Red Natura 2000, una iniciativa impulsada por la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife), una organización que a la sazón se ha convertido en defensora de todos los valores naturales y ambientales de nuestro planeta.

Cajas nido

¿Por qué una red?

La importancia de esta forma de protección radica en conectar multitud de espacios, cada uno con su valor y sus características, de forma que se abarque la mayor parte del territorio. Así se consiguen mejores resultados que nombrando únicamente una serie de áreas de gran tamaño que no puedan comunicarse entre sí. Hay que tener en cuenta que únicamente los humanos entendemos de fronteras, el resto de los seres vivos no tiene en cuenta ese concepto a la hora de buscar el mejor sitio para alimentarse, criar a sus vástagos o protegerse.

La creación de un gran número de áreas de un tamaño reducido no implica una mayor prohibición o limitación de las actividades humanas, todo lo contrario, estas se impulsan de forma coordinada con la conservación. Estas zonas protegidas, además, aportan un enorme valor a nivel de biodiversidad, mitigación del cambio climático y actividades como el desarrollo rural, el ocio y el turismo.

Red Natura 2000 – Infografía

La jara pringosa, ejemplo de supervivencia extrema

En los espacios de la Red Natura 2000 españoles podemos encontrar una gran variedad de especies, cuyas adaptaciones o formas de supervivencia son de lo más sorprendente. No en vano, en España tenemos 1.853 espacios de la Red, que comprenden 22 millones de hectáreas.

Uno de los ejemplos de evolución más curiosos es el de la jara pringosa (Cistus ladanifer). Esta planta no puede crecer si el bosque mediterráneo está muy desarrollado, por lo que segrega sustancias que propagan el fuego para favorecer los incendios. A su vez, produce miles de semillas con una protección que solo se rompe a muy altas temperaturas. De esta forma, cuando se produce un incendio forestal contribuye a su propagación y a la activación de esas semillas, para dejar libre el terreno y posteriormente colonizarlo. Una forma extrema pero sorprendentemente efectiva de asegurar la continuidad de la especie.

El buitre, ave majestuosa y generosa

El buitre negro o el buitre leonado son especies que aparecen en muchos espacios de la Red Natura 2000 en la Península Ibérica. Esta ave, lejos de su errónea imagen de animal que se aprovecha de las desgracias ajenas, es uno de los animales más bellos que surcan nuestros cielos. Su sistema de compañerismo bien podría ser copiado por muchos de nosotros.

Estos enormes pájaros, que pueden tener hasta 3 metros de envergadura, planean sin apenas mover las alas aprovechando las corrientes ascendentes de aire cálido, mientras vigilan el suelo en busca de alimento. Cuando lo encuentran, bajan a por él, de forma que el resto de ejemplares que sobrevuelan una zona son alertados para compartir el hallazgo. Un sistema coordinado beneficioso para las poblaciones de esta rapaz.

Lo que no hacen los buitres es atacar a animales vivos, por mucho que se puedan empeñar sus detractores. Sus huesos, huecos y tremendamente frágiles, sufrirían mortales heridas si son golpeados en una lucha, por lo que el riesgo es demasiado alto. Eso sí, ningún buitre va acompañado de un forense, por lo que pueden producirse situaciones en que se alimenten de animales moribundos cuando estén inmóviles, aunque no es lo común.