El próximo 10 de mayo se conmemora una nueva edición del Día Mundial de las Aves Migratorias, una fecha para recordar la importancia de estos seres tan especiales y los peligros que afrontan. Este año, bajo el lema «¿…y cuando en el cielo cae el silencio?«,  la campaña pone el acento en frenar la caza furtiva y el comercio ilegal de estos animales.

Las aves migratorias son una parte esencial de los ecosistemas del planeta, ya que contribuyen con su presencia a la diversidad biológica y al mantenimiento del equilibrio. Sin embargo, por sus peculiaridades, se enfrentan, sin saberlo, a peligros que otras especies no sufren, al no tener que atravesar diferentes fronteras, culturas y legislaciones.

El principal problema de las aves migratorias es, precisamente, la cualidad que les hace diferentes: su movilidad. Estos animales viajan miles de kilómetros en busca de los mejores lugares para vivir y criar a su descendencia. Suelen atravesar Europa y África, buscando veranos frescos en el norte del Viejo Continente e inviernos suaves en latitudes más bajas.

Los pájaros no entienden de fronteras, leyes ni sociedades. Vuelan de un lugar a otro movidos por su instinto y sus necesidades y paran allí donde lo necesitan; sus áreas de descanso son los humedales, abundantes en España, que se sitúa como pieza clave en las migraciones al recibir a millones de aves durante sus viajes y algunas de ellas establecerse en la Península Ibérica en diferentes épocas del año.

El problema de atravesar tantos países y regiones es que, mientras en algunos las legislaciones son estrictas y existe un profundo respeto por estos seres, en otros lugares las normativas son más laxas, cuando no brillan por su ausencia o son continuamente ignoradas. Las aves pueden ser cazadas en estados con distintas leyes o costumbres y el esfuerzo que puede hacer un país por protegerlas desaparece cuando otro las ve como especie cinegética o, incluso, como una amenaza.

En algunos países puede ser legal cazar un ave que esté protegida en otros. También se puede dar el caso de pueblos que cacen por subsistencia y que vean las migraciones como una ocasión de obtener alimento. Las aves también son víctimas del furtivismo, el comercio (legal o ilegal, en función de la zona) y las actividades recreativas, siempre en base a las tradiciones de la región que estén sobrevolando.

Lo que necesitan las especies migratorias es la colaboración de todos, incluyendo organizaciones internacionales, administraciones públicas y ciudadanos. Las leyes solo protegerán a estas especies cuando sean comunes de todos los países que atraviesen y el control sobre el furtivismo y el comercio ilegal debe ser fuerte en todos los estados. De lo contrario, únicamente se consigue que las mafias se muevan de un lugar a otro, en base a su facilidad para saltarse la ley.

Para proteger a las aves migratorias es necesario acabar con las muertes evitables de estos animales, que influyen positivamente en paisajes desde el norte de Europa al sur de África, que nos brindan bellos espectáculos aéreos en la época de sus traslados y proporcionan a los ecosistemas una gran riqueza, tanto en aquellos lugares donde se establecen de forma temporal como en los humedales en los que hacen paradas que duran solo unos días.

En cualquiera de los casos, estas aves necesitan una protección internacional, que una a pueblos y gobiernos y busque la conservación de los elementos naturales (los animales, los humedales, los ecosistemas, las migraciones) que siguen aportando valor a nuestro planeta y que el ser humano ha ido destruyendo sistemáticamente.