Quien diga que el arte sólo se puede hacer con una brocha y pintura se ha quedado caduco. Ahora no existen los límites. Lo más original dentro del mundo artístico, nos transporta a un mundo onírico en el que la comida es la co-protagonista junto a pequeños seres teletransportados de nuestros sueños. Y sino te lo crees, sólo tienes que contemplar estas curiosas instantáneas del artista Matthew Carden.

Sus diminutos mundos aparecen por arte de magia conectados con la realidad y con nosotros mismos. Cualquiera se ve identificado con estos variopintos personajes que cosechan, excavan o plantan semillas.

Nos encontramos con escenas prácticamente reales a escala ínfima, en las que podemos observar, incluso, científicos investigando determinadas materias peligrosas con sus trajes espaciales. Asombroso en todo.

Toda la variedad hortícola está presente en estas conseguidas fotografías. Es cómo si nos fundiéramos con el entorno, y nos hiciéramos partícipes de tan desmesurada actividad. ¡Yo también quiero montar en bici por encima de una judía verde!.

Y por último, ¿qué querrán buscar estos valientes buceadores en el oscuro té?. Debe ser algo muy importante y secreto lo que quieren encontrar.  Cada uno que se imagine el final cómo buenamente pueda. Y yo me pregunto: ¿es arte para los ojos de un niño?. La respuesta es sí, para el niño que todos llevamos dentro.

Me parece una fantástica idea, la de este creador que intente descontextualizar el arte de esta manera. Animo a todos los que tengan alma de artista, a que busquen nuevos campos de actuación en este mundo, a veces,  tan gris y tan serio. Llegan aires nuevos de renovación, muy frescos; y eso es bueno.