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Muere Biruté Galdikas a los 79 años, pionera del estudio de orangutanes en la selva de Borneo

La historia de Biruté Galdikas es la de una vida entregada, sin concesiones, a comprender a una de las especies más enigmáticas del planeta y a defender el frágil equilibrio de los ecosistemas donde habita. Para muchos, su nombre no resulta tan familiar como el de otras científicas de su generación, pero su legado es tan profundo como la selva en la que decidió quedarse a vivir.

Los inicios de su carrera como primatóloga

Nacida en 1946 en Alemania, en el seno de una familia de refugiados lituanos que más tarde emigraría a Canadá, Galdikas creció entre libros y una imaginación poblada de animales exóticos. Desde niña sintió una atracción casi magnética por la naturaleza, alimentada por lecturas y por las historias que llegaban de lugares remotos. Aquella curiosidad se transformó en vocación cuando, siendo estudiante, conoció la obra del paleoantropólogo Louis Leakey, quien ya había impulsado las investigaciones de Jane Goodall y Dian Fossey. Galdikas no dudó en buscarle y proponerle un proyecto: estudiar a los orangutanes en su hábitat natural, algo que apenas se había intentado hasta entonces.

Llegada a Borneo

Ese impulso inicial marcaría el rumbo de toda su vida. En 1971, con apenas 25 años, llegó a la selva de Borneo, en Indonesia, donde fundó el célebre Camp Leakey, un centro de investigación en pleno corazón del bosque tropical. En aquel momento, el conocimiento científico sobre los orangutanes era escaso; eran animales esquivos, solitarios y difíciles de observar, lo que había relegado su estudio a la cautividad.

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Imagen de Biruté Galdikas con dos crías de orangután. Imagen de IA.

El trabajo de Galdikas rompió ese aislamiento científico. Durante décadas, siguió a los orangutanes entre la vegetación densa, aprendiendo sus rutas, sus hábitos y sus silencios.

Su investigación, una de las más largas jamás realizadas sobre un mamífero, permitió describir aspectos fundamentales de su biología y comportamiento: desde su dieta —documentando cientos de alimentos distintos— hasta su lento ciclo reproductivo, con intervalos entre nacimientos de más de siete años.

Este tipo de hallazgos no solo enriquecieron la primatología, sino que cambiaron la forma en que entendemos la evolución y la inteligencia de los grandes simios.

Biruté Galdikas, una figura clave en el rescate y la rehabilitación de orangutanes

Pero su trabajo nunca fue únicamente científico. Vivir en la selva implicaba enfrentarse a una realidad mucho más compleja: la destrucción del hábitat, la caza ilegal y el comercio de animales. Con el tiempo, Galdikas se convirtió también en una figura clave del conservacionismo. Fundó la Orangutan Foundation International y desarrolló programas de rescate y rehabilitación de orangutanes huérfanos, muchos de ellos víctimas del tráfico ilegal o de la deforestación. Su labor consistía en algo tan delicado como enseñar a esos animales a volver a ser salvajes.

Su día a día distaba mucho de la imagen romántica de la ciencia. Durante años, caminó durante horas bajo la lluvia, convivió con insectos, enfermedades y aislamiento, y aprendió a observar sin intervenir. “Al principio… casi todos los días iba al bosque y buscaba orangutanes… cuando los encontraba, los seguía”, recordaba sobre sus primeras décadas de trabajo. Esa persistencia —más cercana a la paciencia que al heroísmo— fue la clave de sus descubrimientos.

Sin embargo, más allá de los datos, lo que marcó su carrera fueron las experiencias directas con los animales. Una de las anécdotas más recordadas por la propia Galdikas ocurrió durante sus primeros años en la selva. Mientras observaba a una hembra con su cría, el pequeño orangután descendió torpemente de un árbol y se acercó a ella con curiosidad. Sin mostrar miedo, se agarró a su pierna como si fuera otra “madre” del bosque.

Galdikas permaneció inmóvil, consciente de la importancia del momento: no era solo un gesto de confianza, sino una evidencia de la cercanía evolutiva entre humanos y grandes simios. Aquel contacto fugaz, casi íntimo, reforzó su convicción de que estudiar a los animales en su entorno natural era imprescindible para comprenderlos de verdad.

A lo largo de su carrera, Galdikas también se convirtió en una voz firme en defensa de la biodiversidad. Denunció con contundencia el impacto de la industria del aceite de palma y la destrucción de los bosques tropicales, advirtiendo que “el aceite de palma se sustenta sobre los huesos de los orangutanes”. Para ella, la ciencia no podía separarse de la responsabilidad ética: estudiar la naturaleza implicaba protegerla.

Investigación in situ

Sin embargo, quizá una de sus aportaciones más valiosas no se encuentra en los datos, sino en la mirada. Galdikas insistía en la importancia del estudio in situ, de conocer a los animales en su entorno real, lejos de laboratorios y teorías abstractas. En ese contacto directo, defendía, se revelaba algo esencial: la conexión profunda entre humanos y otras especies. Lo expresaba con una sencillez desarmante al hablar de los orangutanes: si uno te mira a los ojos, decía, “recordarás esa mirada el resto de tu vida”.

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Infografía. Biruté Galdikas: La última guardiana de los orangutanes.

Hoy, su legado se mide tanto en conocimiento científico como en conciencia ambiental. Para quienes nunca habían oído hablar de ella, Biruté Galdikas es la prueba de que la ciencia puede ser también una forma de compromiso radical con el mundo natural. Para quienes han seguido su trayectoria, sigue siendo una figura imprescindible: la mujer que se adentró en la selva para entender a los “hombres del bosque” y terminó enseñándonos, en el proceso, algo más sobre nosotros mismos y sobre la urgente necesidad de preservar el planeta que compartimos.

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

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