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Día Mundial de los Humedales 2026: Castilla y León, un viaje por sus humedales más sorprendentes

Cada 2 de febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales, una fecha que invita a detenernos y mirar con otros ojos esos paisajes donde el agua y la tierra se encuentran. Castilla y León guarda en su interior una red viva de humedales que son mucho más que simples charcas o lagunas: son pulmones del paisaje, oasis para miles de aves migratorias y santuarios de biodiversidad en medio de llanuras cerealistas, valles fluviales y campos abiertos. Estos ecosistemas, con siglos de historia natural e intervención humana, revelan un territorio sorprendentemente húmedo en plena meseta norte, ideal para quienes quieran descubrir Castilla y León desde una perspectiva diferente, pausada y profundamente conectada con la naturaleza.

Zamora

Entre todos ellos destaca, por su extensión y valor ecológico, la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila, en la provincia de Zamora. Este conjunto de lagunas endorreicas salinas se encuentra en una suave depresión entre los cauces del Esla y del Valderaduey, y alberga un mosaico de espacios acuáticos que varían de tamaño y profundidad según las estaciones.

Lagunas
Imagen de diversas aves en las Lagunas de Villafáfila.

Es uno de los humedales más importantes del norte de España, reconocido internacionalmente bajo el Convenio Ramsar y como ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves).

En este lugar, las planicies y charcas someras se convierten en paradas obligadas para aves esteparias y acuáticas en migración o invernada, donde especies como grullas, cercetas, ánsares y espátulas encuentran alimento y refugio cada año.

Palencia

La Laguna de la Nava de Fuentes, en la provincia de Palencia, es otro humedal emblemático que cuenta una historia de recuperación a partir del antiguo “Mar de Campos”, una de las mayores lagunas que alguna vez cubrieron la meseta norte. Tras décadas de desecación para ampliar tierras agrícolas, en los años 90 se emprendió un ambicioso proyecto de restauración que ha recuperado parte de su esencia como humedal somero, hoy gestionado con aportes controlados de agua. La Nava es también un sitio Ramsar y forma parte de la red Natura 2000, ofreciendo un paisaje vasto donde el agua y los pastos húmedos atraen a limícolas y aves migratorias, y donde se alternan zonas destinadas a la conservación estricta con otras en las que la ganadería tradicional convive con la naturaleza.

Laguna
Ánsares al atardecer en la  Laguna de la Nava de Fuentes.

Muy cerca, la Laguna de Boada, también en Palencia, completa este triángulo húmedo de Tierra de Campos. Recuperada a finales de los 90 tras décadas de abandono, la laguna se alimenta de las precipitaciones y del trasvase del Canal de Castilla. Aunque de menor tamaño, su importancia ornitológica es enorme: durante los periodos fríos del año puede congregar decenas de miles de aves acuáticas y limícolas, mientras que en verano acoge a especies esteparias.

La laguna sirve de refugio tanto para especies de aves como para reptiles que viven en ambientes húmedos o en sus orillas, como el galápago europeo (Emys orbicularis) o la culebra viperina (Natrix maura).

Burgos

En la provincia de Burgos, uno de los humedales más singulares es el Complejo Lagunar de Atapuerca, asociado a la sierra del mismo nombre. Se trata de un conjunto de pequeñas lagunas y zonas encharcadas de carácter estacional, ligadas a acuíferos kársticos. Aunque el nombre de Atapuerca se asocia sobre todo a la arqueología, este entorno húmedo tiene un notable valor ecológico. Alberga anfibios como el tritón palmeado (Lissotriton helveticus) y el sapo común (Bufo bufo), además de aves acuáticas y de ribera como la gallineta común (Gallinula chloropus) o el martín pescador (Alcedo atthis). Estos humedales cumplen una función clave como refugio de biodiversidad en un paisaje dominado por cultivos y páramos calizos, y aportan un valor añadido a la visita cultural de la zona.

Laguna
Laguna en Atapuerca.

León

En León, el humedal más destacado es sin duda el Lago de La Baña, situado en la comarca de La Cabrera, en un entorno de alta montaña. A diferencia de las lagunas esteparias, este es un lago de origen glaciar, encajado entre montañas y rodeado de brezales y roquedos. Su belleza paisajística es uno de sus grandes atractivos, pero también su valor ecológico. En sus aguas frías y limpias habitan especies como la rana bermeja (Rana temporaria), y en su entorno es posible observar aves de montaña como el acentor alpino (Prunella collaris) o el águila real (Aquila chrysaetos). El lago y sus alrededores forman parte de un ecosistema frágil, y su conservación es esencial para mantener la calidad ambiental de la montaña leonesa. Además, el senderismo asociado a este humedal contribuye al turismo sostenible en una comarca históricamente aislada.

Lago
Monumento natural del Lago de la Baña.

Soria

Por su parte, Soria alberga uno de los humedales más conocidos del interior peninsular: la Laguna Negra y los Circos Glaciares de Urbión, dentro del Parque Natural del mismo nombre. Aunque se trata de un lago de montaña más que de un humedal clásico, su importancia ecológica y simbólica es enorme. De origen glaciar, la Laguna Negra está rodeada de pinares de pino albar (Pinus sylvestris) y canchales, creando un ambiente de gran valor paisajístico y literario, inmortalizado por Antonio Machado. En sus aguas y alrededores viven anfibios como el tritón alpino (Ichthyosaura alpestris) y aves forestales y de montaña. Este espacio aporta servicios ecosistémicos fundamentales, como la regulación hídrica de la cuenca del Duero, y es un motor clave del turismo de naturaleza en la provincia de Soria.

Laguna
Laguna Negra de Urbión.

Más humedales en el resto de Catilla y León

Pero los humedales de Castilla y León no se reducen a estas grandes masas de agua. A lo largo de sus nueve provincias aparecen multitud de humedales diseminados: como en Segovia, los complejos lagunares de Cantalejo y Coca, que están siendo restaurados para optimizar su funcionamiento hidrológico y su valor biológico.

En la provincia de Ávila, en plena comarca de La Moraña, se encuentra uno de los humedales más singulares y valiosos del interior peninsular: las Lagunas de El Oso, un conjunto de lagunas endorreicas y estacionales que rompen la monotonía del paisaje cerealista y convierten esta llanura en un auténtico santuario para la biodiversidad. Estas lagunas, alimentadas principalmente por las lluvias y el nivel freático, presentan una gran variabilidad a lo largo del año, pasando de amplias superficies inundadas en invierno y primavera a zonas parcialmente secas durante el verano.

A diferencia de otras provincias de Castilla y León, Salamanca o Valladolid no cuentan con grandes humedales naturales. Su biodiversidad ligada al agua se concentra principalmente en riberas fluviales y en embalses y azudes artificiales que, con el paso del tiempo, se han convertido en refugios para numerosas especies, como el Azud de Riolobo en Salamanca o el embalse del San José en Valladolid.

La diversidad de humedales hace que aparezca una gran riqueza biológica en un territorio aparentemente seco. Según censos recientes, en Castilla y León se han registrado más de 80 especies de aves acuáticas en estos espacios, con cientos de miles de ejemplares en los principales humedales durante los pasos migratorios o la invernada. Entre las aves detectadas hay desde patos y ánsares a limícolas y grullas, reflejo de la importancia de estos ecosistemas en las rutas migratorias europeas.

Aves amenazadas

Estos humedales no solo son lugares clave para las aves: también acogen comunidades vegetales que florecen en suelos saturados, desde carrizales y eneas hasta especies escasas como plantas acuáticas protegidas. Además, muchas especies de anfibios, reptiles y mamíferos dependen directamente de estos oasis húmedos o de los pastizales húmedos que los rodean. Y aunque algunas especies emblemáticas como el carricerín cejudo (Acrocephalus paludicola) o el avetoro común (Botaurus stellaris)​ figuran entre las aves amenazadas que visitan o reproducen en estos humedales, la presencia de estas especies subraya la necesidad de conservar estos enclaves únicos.

Avetoro
Ejemplar de avetoro (Botaurus stellaris). Imagen de © Anna Shipilova | Анна.

Pero los humedales de Castilla y León son mucho más que puntos de observación de aves: son protagonistas de historias humanas y económicas que se entrelazan con el campo y la vida rural. Su restauración y adecuada gestión aportan beneficios tangibles al entorno: regulan el ciclo del agua, mitigando sequías y avenidas; mantienen la calidad del agua al actuar como filtros naturales; y sostienen actividades como la ganadería extensiva y el turismo de naturaleza, que en muchos municipios se ve reforzado por la presencia de estos parajes.

El desarrollo de senderos interpretativos, miradores para la observación de aves y casas del parque ha convertido a los humedales en destinos soñados para viajeros interesados en la naturaleza.

Para quien visite Castilla y León con ojos curiosos, los humedales ofrecen una forma de viajar que va más allá de monumentos y pueblos históricos: invitan a detenerse en el susurro del agua, a contemplar bandadas que se posan al amanecer y a descubrir la íntima conexión entre la vida silvestre, el paisaje y las comunidades humanas que han tejido su historia alrededor del agua.

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

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