La Montaña-terapia: Un proceso que se vive paso con paso…
Según la Real Academia Española, la palabra ‘terapia’ se define como aquel tratamiento que se emplea para diversas enfermedades somáticas y psíquicas. La finalidad de su aplicación es rehabilitar a la persona (paciente de salud) mediante acciones y movimientos para enfrentar el día a día de la vida. Entre una de las valiosas terapias existentes en el mundo está a la que denomino como: montaña-terapia. Aunque no se le conozca como tal, el montañismo puede convertirse en una herramienta que abraza y sana nuestras mentes.
En mi proceso personal de sanación he visualizado múltiples caminos de vida. Varios de estos han partido desde mi imaginario: pensamientos o largas concatenaciones de ideas que han pasado por mi mente. Otros caminos han sido automatizados: despertar, levantarse, cumplir con la rutina de comida, cuidado personal y una búsqueda incesante de actividades con las que pueda conectar, y simplemente encontrarme.
Un camino de múltiples caminos, gráficamente: un laberinto.
Encontrar mi sendero…
Un paso tras otro, pausas, un recorrido acelerado y otro que va muy lento. A veces, caminos incompletos o caminos cerrados. A veces, caminos que van desde cero y otras veces caminos que se transitan acompañados. Caminos con fin y caminos sin fin. A pesar de todo aquello, hay una frase que se quedó en mí. Una frase compartida por una de esas personas que han aparecido en el tránsito de mi camino.
«Los puntos no se pueden conectar hacia adelante, solamente se pueden conectar hacia atrás…»
~ Galo Balcázar.
Esta frase, a la cual le he tenido mucho cuidado y cariño en medio de mis anotaciones personales en papel; ha sido un conjunto de palabras que ha rondado mucho en mi mente desde hace poco. Dentro de mis reflexiones he realizado comparaciones de la palabra ‘puntos’ en relación a la palabra ‘pasos’. Me he preguntado mucho el porqué un paso tras otro no formarían el camino hacia adelante, sino hacia atrás.

Aunque quise comprender estas palabras de una forma literal; no pude. Sin embargo, sentía que todo lo que había pasado por mi vida, se dibujaba gráficamente en mi mente cada que recordaba la frase. Me sentía tan identificada por todo el camino de caminos recorridos. Hice un recuento de las múltiples actividades de dispersión que busqué en mi proceso y gráficamente en mi mente, me visualizaba en medio de la montaña.
Allí, en la mitad del sendero, con la vista panorámica hacia todo lo que he dejado atrás del camino y todo lo que podía visualizar a lo lejos.
Un estado de quietud y paz interna mientras retomaba el aliento para continuar.
Continuar, continuar y continuar…
Este sendero de montaña me hizo comprender porqué los puntos no pueden ser conectados hacia adelante y sí, hacia atrás. Mi reflexión fue que una vez que el camino de montaña termina (aquello que llamamos ‘cumbre’) regresamos a nuestro estado original, vamos de vuelta hacia atrás, de regreso hacia donde empezamos y de esta manera, continuamos las veces que sean necesarias. El camino sigue y no para. No termina ni se detiene, aunque lo parezca.
Esta reflexión personal, que ahora me atrevo a compartir, puede parecer sencilla. Para mí, ha sido un proceso (no sé si largo, o corto) de sanación y de mucha resiliencia. Un proceso de recuperación y de superación. Un sendero que me hizo agradecer y abrazar más la naturaleza.
Así también existen diversos análisis que abordan esta relación entre salud mental, física y el compartir en el medio natural. Estos estudios de terapia y naturaleza son sumamente importantes dentro del área de la psicología.
Aceptarnos y atrevernos a caminar sin pensar tanto en el camino puede ser una estrategia maravillosa para soltar, cambiar y comprender nuestras vidas.
Por eso, quisiera invitar a todas y todos lectores de hoy, que se animen a buscar ese espacio natural para «ir sanando».
¡Un abrazo enorme!

