Artículos InteresantesMedio AmbienteMundo Infantil

Día Mundial de la Infancia 2024: la naturaleza moldeó los sueños de la infancia de Tejal

La infancia es para muchos adultos, la época más feliz de su vida. Eso se debe a que en ese momento está en pleno apogeo nuestra capacidad de crear, de imaginar, y de concebir, el mundo que deseamos y queremos, todavía los prejuicios de los adultos no nos han contagiado e influido con su visión subjetiva. Por eso, en el Día Mundial de la Infancia 2024 es de vital importancia, apostar por una edad infantil saludable y enérgica, con sueños e ilusiones por cumplir. La frustración de un adulto nunca debe influir en la capacidad de transformar la sociedad de una niña o un niño.

La historia de Tejal y la naturaleza

Hoy voy a contaros la historia de Tejal, una niña que nació en la India, y que fue adoptada por unos padres en España. Su infancia transcurrió en un pequeño pueblo de la provincia de Asturias, donde toda su familia la acogió con gran alegría desde que llegó allí con un año. 

Asturias
Aldea asturiana. Imagen de Carlos Urteaga Pintado en Pixabay.

Desde que tiene recuerdos, su vida ha estado ligada al campo. Sus padres, Sandra y Esteban, se han dedicado por generaciones enteras a diversas actividades relacionadas con la agricultura, la granja y el turismo rural. Su madre la enfundaba en un saco realizado con tejido y la portaba en la espalda o en su regazo, cuando todavía era un bebé para continuar con todo el trabajo que desarrollaba en ese lugar. Y es que el entorno rural es un lugar maravilloso para criar a tus hijos, pero es una vida dura, en especial, si no te gusta madrugar y no parar en todo el día, porque siempre hay algo que hacer y algo que adelantar.

Ella prefirió educarla ella hasta que comenzara el colegio, algo realmente muy beneficioso para Tejal, ya que gracias a ello, comprendió, desde que tenía uso de razón, de la importancia de cada ser que habita en la naturaleza. Gracias a que sus padres conocían a todos sus vecinos de toda la vida, y había una buena relación entre todos ellos, de apoyo mutuo, cada uno de ellos enseñó algo a la pequeña Tejal.

Así, Antonio, el veterinario de la zona, se la llevaba en muchas ocasiones para que viera como curaba a los animales de sus dolencias cuando se encontraban enfermos. A Tejal le encantaba acompañarle a pesar de ser muy pequeña, y algunas veces, le ayudaba a tratar algunos de ellos. Antonio decía que tenía un don para calmar a los animales, ya que según se acercaba ella y les ponía una mano en su cuerpo, inmediatamente dejaban de mugir, rebuznar, balar, ladrar, maullar o relinchar, según el animal que estuviera en tratamiento.

Al veterinario le gustaba tratar a los animales con remedios naturales, siempre que podía, y que en muchas ocasiones los tenía preparados él en su casa, o le decía al dueño del animal el que le tenía que hacer para que le curase la herida o lo que le sucedía en ese momento. Tejal le ayudaba en esas tareas, y los animales estaban siempre contentos de que viniese ella a sanarles. Al igual que ocurría con los que tenía en su propia casa, pero a diferencia de otras granjas, en la suya no se mataba a los animales para comida y estaban en semilibertad. Su existencia era simplemente para contribuir a dar una mayor felicidad a todas las personas que visitaban la granja que tienen sus padres.

Vacas
Vacas en las montañas asturianas. Imagen de Antonio López en Pixabay.

Los animales proporcionaban una experiencia muy enriquecedora a aquellos que se acercaban a realizar actividades con ellos, o eso es lo que decían, cuando finalizaban. Tejal, desde que andaba, les acompañaba en estas labores. Les guiaba a los huéspedes con apenas cuatro o cinco años, acompañada de sus padres, en la realización de tareas como dar de comer a los animales, ordeñar a las vacas o a las ovejas para realizar posteriormente quesos y yogures, que todos disfrutaban con mucho gusto cuando los probaban, ya que la leche era recién ordeñada y no sabían como los que se vendían en las tiendas. Después les invitaba a acariciarlos y a darles masajes. La vaca Monna Lisa estaba siempre muy complacida cuando alguien comenzaba a frotarle la espalda. En muchas ocasiones, hasta se tumbaba en la hierba para estar más relajada y que todos supieran que estaba muy a gusto. Era entonces cuando ponía un gesto como el del retrato del cuadro de Leonardo da Vinci, por eso la llamaron así. También sus terneros participaban en el encuentro, deseosos de que les abrazasen uno a uno todos los huéspedes.

Todo esto lo hacía Tejal con todos los animales que había en la granja. También, ella les abrazaba cada mañana cuando se despertaba. Y cuando hacía sol, se tumbaba a descansar con ellos en la hierba. Ellos la trataban como si fuera otro más de la gran familia que formaban. De hecho, cuando se enfermaban por cualquier causa, se ponía muy triste e intentaba pasar el mayor tiempo posible con ellos, gracias a sus cuidados solían recuperarse muy rápidamente.

A los huéspedes ella les daba un poderoso discurso, a pesar de su corta edad, para que respetasen a cada una de las criaturas que habitaban en su granja. No solo a aquellos animales que se veían, sino a los que se ocultaban de sus ojos: como arañas, murciélagos, búhos o lagartos, entre otros. También merecían sus respetos, porque tenían su propia misión en la granja.

Otra actividad que le chiflaba a Tejal era cultivar los alimentos, con los que luego cocinaban una sana y saludable comida cada día. En su huerto tenían de todo, según la estación, porque a diferencia de otros niños, Tejal, sabía perfectamente cuándo salía el pepino y el tomate, o cuando la calabaza  o la berenjena estaban listas para ser recolectadas. Estaba en sintonía con la naturaleza con las estaciones, con el ciclo de la vida y de la muerte. Ella sabía que todo tiene su final en algún momento, desde bien pequeña comprendió que la vida son instantes de felicidad que hay que aprovechar cada día, porque el tiempo vuela, y cuándo te quieres dar cuenta, eso que querías ya no está, ya ha desaparecido. Como las flores cuando salían en la primavera y duraban algunas un solo día. Las fotografiaba cuando fue más mayor para poder tener un álbum de todas las especies y flores que habían florecido. Algunas las empleaba para decorar ensaladas, y luego como se podían comer, pues se las comía, como la vaca Monna Lisa, a la que también le encantaban.

Quesos

Ella participaba en la realización de la comida que daban sus padres a los huéspedes. Desde que era muy chiquita, ya estaba entre fogones, ayudando y comenzando a preparar algunos platos ella sola. La cocina que preparaban era muy variada, según las estaciones, así iban alternando distintos menús. En otoño, se pirriaba por ir a recolectar setas con las que sorprender a aquellos que se acercaban a degustar sus propuestas. Conocía y distinguía muchas especies de setas, gracias a que desde que era bien pequeña, salía al campo a recogerlas. Sabía que aquellas que dudaba, no debía llevarlas, no sea que no fueran comestibles. En invierno, les gustaba preparar platos de cuchara como fabes con lombarda, que resultaban muy gustosos cuando el frío reinaba. En primavera, se decantaba por las alcachofas, una de sus verduras preferidas. Y en el verano, prefería componer ensaladas variopintas con plantas, que la mayoría de los comensales no sabían que se podían comer. Y es que, toda su experiencia y sabiduría se reflejaban en sus platos. Esa que fue adquiriendo a lo largo de todos los años, sin que nadie coartara sus ilusiones. Dando rienda suelta a sus más íntimas convicciones, a su guía interna, queriendo a la naturaleza como su casa, su hogar, y el lugar en el que poder desarrollar sus sueños. Tajal es feliz con la vida que ha llevado y que lleva, ¿cuántos niños pueden y podrán decir eso?

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *