Hoy es el Día Internacional de la Concienciación sobre el Ruido 2019, uno de los problemas que más nos afecta actualmente, sobre todo en las grandes ciudades; aunque en el mundo rural tampoco se libran de ello. Según la Organización Mundial de la Salud, el ruido es cualquier sonido que supere los 65 decibelios, una cifra a la que de forma lamentable estamos más que acostumbrados cuando convivimos con miles de personas en un mismo espacio.

La ciudad de Madrid (España) es realmente ruidosa.

¿Me escuchas?

La contaminación acústica es una grave preocupación para quien lo tiene que soportar diariamente. A veces es el vecino con la música a tope o las propias obras de rehabilitación que está realizando, pero son situaciones ordinarias que además de incomodar, pueden repercutir de manera particular y extraordinaria en la salud de cada persona. Todos hemos soportado alguna vez a lo largo de nuestra vida algo parecido.

Si vives en una urbe tu oído se habrá acostumbrado a escuchar esos sonidos que se pasan de la raya: desde el camión de la basura cuando recoge los distintos residuos, las motos que aceleran para parase a los dos minutos en el semáforo en rojo, la nueva construcción que hay justo al lado de tu casa, las rejas que se abren de los negocios, los aviones y los desfiles militares con armas de fuego, hasta el tráfico constante en cualquier calle muy transitada, que se adereza con los impertinentes cláxones. Un maremágnum que te puede dejar fuera de combate, solamente hay que comprobar los datos que hablan de sus efectos nocivos.

Los sonométros (aparatos que miden el nivel de ruido) de las ciudades son escasos y poco efectivos, si luego no se hace nada para corregir la perturbación.

Día Internacional de la Concienciación sobre el Ruido 2019: ¡Baja el volumen, tu salud lo agradecerá!

Síntomas que no se relacionan con la exposición al ruido

Entre otros síntomas que pueden aparecer según los últimos estudios científicos: dolores de cabeza, insomnio, acúfenos o tinnitus (zumbidos persistentes), presión arterial alta, problemas psicológicos de todo tipo, perdida de audición, infarto de miocardio, bajo rendimiento cognitivo y de lectura, estrés (y sus consecuencias), accidente cerebrovascular, y un largo etcétera, que la mayoría de las veces pasa desapercibido para mucho médicos, porque no se dedican a tratar de forma global al enfermo, cualquier problema que afecta a una parte del cuerpo, repercute en el resto.

Por eso es importante educar para prevenir, evitando lugares y sitios ruidosos (ya sé que los conciertos o los cines nos encantan, pero nuestro tímpano puede verse afectado), evitando escuchar la televisión o la música con auriculares a gran volumen; y, por supuesto, frenar el uso indiscriminado del móvil pegado a la oreja con conversaciones telefónicas muy extensas. Y sobre todo, intentar protegerse los oídos si se trabaja con herramientas que produzcan una gran vibración, en industrias y construcción son muy frecuentes.

Los conciertos pueden repercutir en la audición.

Ese ruido que no cesa

Aquí no queda todo, porque los animales también sufren nuestras nefastas acciones, desde nuestras mascotas hasta los animales salvajes. De hecho, ellos también padecen estrés, irritación, nerviosismo, miedo, e incluso problemas de corazón; por eso es igual de importante protegerles a ellos. Inculcarles protección y tranquilidad en esos momentos, aún así muchos nunca se acostumbrarán.

Los fuegos artificiales son uno de los peores acontecimientos para ellos, aunque para muchas personas constituyen una forma de celebración. Las festividades humanas son un tormento que todos los animales quisieran perderse, así que es necesario respetarles también a ellos.

Los perros y los gatos nuestras mascotas favoritas huyen despavoridos a un lugar a salvo, pero también las aves, los caballos, las vacas o las ovejas. Nuestra influencia es demasiado extensa como para poder obviarla. Su reacción a veces dura más tiempo del deseado, y muchas veces se quedan bloqueados y paralizados.

Ballena calderón surcando las aguas canarias

No puedo dejar de mencionar el problema de los cetáceos, entre otros animales marinos, y los sonares de los barcos. No es un invento de unos pocos, según algunos, está más que comprobado por investigadores y por biólogos especializados. Y siguen varando en nuestras costas, porque no son capaces de interpretar de forma correcta las señales con su ecolocalización (ese gran potente artilugio que llevan integrado)… Aunque se ha prohibido el uso de los sónares militares antisubmarinos en las Islas Canarias, este mismo febrero apareció un cachalote en la playa de Melenara, en Gran Canaria.

El estruendo de nuestra vida actual les pasa factura también al resto de los seres vivos del planeta. No nos olvidemos que el mundo es de todos y para todos. Es complicado equilibrar nuestro desarrollo y su supervivencia, pero todo es querer hacerlo.