En el Día Mundial de la Biodiversidad 2018, te vamos a poner a prueba: simplemente tienes que pensar cuántas especies de animales o plantas que de pequeño encontrabas u observabas de forma sencilla en tu lugar de residencia o vacacional, y que a lo largo del tiempo, pasados los años no has vuelto a ver (si has seguido visitando la zona) o su número ha disminuido mucho; así como el cambio del propio paisaje. Si has empezado a interiorizar estas cuestiones y a darte cuenta de que por desgracia, algo ha empezado a ir mal, ya has dado el primer paso: ser consciente de la realidad en tu entorno.

La biodiversidad comprende los ecosistemas y los seres vivos que en ellos habitan.

La biodiversidad en tu entorno: ¿permanece inalterable?

Parece mentira, pero por mucho que nos lo cuenten los investigadores y los científicos la pérdida de biodiversidad está ” a la vuelta de la esquina”, como se suele decir. A lo mejor no estás muy en contacto con la naturaleza, pero si estas diminutas variaciones no han pasado desapercibidas para ti: ahora imagínate lo que puede llegar a ser para las personas que dedican su vida a ello, y que por supuesto, han descubierto la gravedad de la situación en el planeta.

El alcornoque: un árbol que pese a ser tener una gran superficie en España dedicada a la producción de corcho se encuentra amenazado.

Yo siempre pongo por ejemplo, el caso de un amigo ciego, al que le gusta mucho conectar con los espacios naturales para relajarse y reflexionar sobre la vida. Él, pese a su minusvalía, ha sentido el cambio. No lo puede ver, pero sabe que está ahí. Es cierto, que tiene mucho más desarrollados el resto de los sentidos que el resto de los humanos que podemos ver por nuestros ojos, y gracias a ellos descubrió que diferentes especies animales y vegetales se habían esfumado por arte de magia. Los cantos de los pájaros o el olor de ciertas plantas se puede quedar grabado en el cerebro, y su ausencia se percibe.

Día Mundial de la Biodiversidad 2018: los ritmos estacionales trastocados

Pueden ser seres vivos vistosos como mariposas o flores de determinadas especies vegetales, que en determinada época llenaban el campo de radiantes colores, y que ahora aparecen de forma esporádica; o la “volatilización” de arroyos. Otra transformación frecuente, se puede apreciar que los ritmos estacionales: ya no son iguales. Los que vivimos en España ya sabemos que los inviernos no son como los de antes: el frío y la nieve permanente que solía estar presente en muchos lugares de nuestra geografía han pasado a la historia.

“Agriades zullichi “, una mariposa en peligro de extinción y un endemismo de Sierra Nevada (Granada y Almería).

También se puede aplicar al verano: las olas de calor son mucho más frecuentes en los últimos veinte años. Las lluvias tan corrientes en otoño y primavera se han ido moviendo de meses, como si todo se fuera retrasando, aumentando las de carácter torrencial. Pero por lo que conocemos de otras latitudes y países, viene sucediendo lo mismo pero a diferente escala, porque conviven con ello diariamente, y las pistas están mucho más que claras. Los más perjudicados con el calentamiento global son los países que, por desgracia, menos han contribuido a ello, y los que tienen menos capacidad de adaptación.

El cambio climático ha trastocado todo nuestro entorno, y si todavía no has caído en ello, te sugiero darte una vuelta por algún paraje que en algún momento de tu vida te fascinó. Con mucha suerte, estará parecido, pero con seguridad será diferente: si han cambiado las condiciones del clima, también el suelo y los seres vivos que allí habitan. Hay tres opciones a tener en cuenta para ellos: emigración, adaptación o muerte. El problema sucede cuando esas variaciones suceden a gran velocidad, y la posibilidad de adaptación dependiendo del espécimen o individuo es nula.

Es significativo comprender, que el riesgo de extinción sobrevuela en la actualidad a la mayoría de las especies animales y vegetales, siendo la principal causa la desaparición de su entorno natural por la mano del Hombre (incluido el cambio climático) en mayor o menor medida. La vulnerabilidad es la característica más sobresaliente de esta etapa en la que nos encontramos. Desde las especies invasoras que han logrado sobrevivir en un medio apropiado a la falta de implicación por parte de los gobiernos y países en determinadas actuaciones a gran escala y a menor escala; porque todo cuenta.

La biodiversidad también se encuentra en nuestra alimentación

La biodiversidad también tiene que ver con nuestra alimentación. Hay multitud de especies vegetales que se han dejado de cultivar, dejando paso a otras más comerciales en todos los aspectos (con mejor apariencia, mayor producción, crecimiento más rápido, etcétera.). Se están perdiendo las semillas de esas plantas que alimentaron antes a muchas generaciones. Pasa con cualquiera de las frutas y hortalizas que habitualmente se pueden adquirir en el mercado.

Precisamente una forma de que no desaparezcan es, comprando a esos agricultores que siguen apostando por esas variedades autóctonas: mucho más nutritivas, adaptadas al terreno y a las condiciones climáticas. Esto sucede con los tomates, las patatas, los pimientos, las naranjas, las lechugas o las manzanas, por citar los alimentos más conocidos. Aunque además se puede trasladar al ganado. Se extinguen razas de gallinas, cabras, ovejas o vacas que han estado presentes en nuestra cultura; incluso de abejas.

Cabra Blanca de Rasquera en peligro de extinción.

Por eso, es importante conocer lo que nos concierne a nosotros mismos, en la proximidad está la clave. Algunas soluciones pasan por adquirir productos locales artesanos, plantar especies originarias de la zona o comprometerse con algún proyecto de cría de animales autóctonos.