Pasaron pocas semanas desde la asunción del presidente norteamericano Donald Trump y el muro que prometió construir contra la ciencia parece querer ahora comenzar a cimentar. Ni bien pisó el Salón Oval ordenó dar de baja información científica acerca del cambio climático alojada en la página web de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos.

Medidas como la citada no sorprenden, ya en plena campaña electoral había calificado a ese fenómeno –una de las principales amenazas para el mundo, según suelen coincidir científicos y políticos- como un “cuento chino”. Léase: un invento de la República Popular China para lograr que la industria del país del norte deje de ser competitiva. La información en cuestión a pesar de la embestida sigue online. Pero lamentablemente sujeta a una cuidadosa “revisión editorial” por las autoridades del gobierno entrante. Los científicos en tanto diariamente brindan nuevas evidencias acerca del progresivo impacto del cambio climático sobre el planeta Tierra. Datos por otra parte más que suficientes para llenar varias webs.

Desde hace tiempo los expertos alertan acerca del profundo efecto que tiene el incremento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en todos los ecosistemas del planeta, incluidos por supuesto los marinos. Los niveles elevados de CO2 a nivel atmosférico, desencadenados por el empleo de combustibles fósiles, generan a modo de compensación una mayor absorción de ese compuesto químico en los océanos. Eso se traduce en una mayor acidificación del ambiente marino, con marcadas repercusiones en la biología de sus habitantes. 

Pomatoschistus pictus, fotografía de kleurige grondel

Pomatoschistus pictus, fotografía de kleurige grondel

Un reciente artículo publicado en la revista científica PLOS ONE documentó las vicisitudes que sufre un pequeño pez conocido como Gobio de Manchas, o Pomatoschistus pictus si prefiere su nombre académico. Según Ana Faria -investigadora de un grupo de centros portugueses de ciencias del Mar y el Ambiente denominados MARE- las larvas del animal al ser expuestas a CO2 en concentraciones elevadas sufren una perniciosa sordera. Lo relatado les dificulta percibir algunas pistas o estímulos auditivos que habitualmente provienen de arrecifes.

En el laboratorio Faria y colaboradores expusieron larvas de Gobios de Manchas provenientes del Océano Atlántico a una grabación con sonidos emitidos por los arrecifes. Aquellas que nadaron en aguas con concentraciones bajas de C02 fueron atraídas hacia el estímulo sonoro. Dicho comportamiento en cambio no fue visible en aquellas que bucearon en aguas con mayor acidificación. Los arrecifes son bulliciosos sitios de residencia de las larvas y hacia allí retornan durante el anochecer en busca de refugio. Una larva que no encuentra un arrecife en donde establecerse tiene menos posibilidades de supervivencia.

Pomatoschistus pictus se distribuye en el noreste del Océano Atlántico, desde Noruega a España. Pero también ha sido divisado en el Mar Mediterráneo. Puede llegar a los 55 metros de profundidad y se alimenta principalmente de pequeños crustáceos. Mide solo aproximadamente seis centímetros una vez llegado a adulto. Estados Unidos en cambio es un “pez gordo” en lo que respecta a emisiones de CO2 a la atmósfera. Desde la revolución industrial contribuyó de sobremanera al calentamiento global y al cambio climático. Cualquier acuerdo entre naciones dirigido a reducir las emisiones de CO2 necesita de su participación activa para tener impacto global.

Numerosas son las especies acuáticas que han visto minada su población debido al Cambio Climático. Desteñidos arrecifes de coral, frágiles moluscos o tristes peces payasos Nemo por nombrar solo algunas. Para el Gobio de Manchas, la extinción según los expertos es por el momento una preocupación menor. Pero éste es un tópico sensible en donde el simple aleteo de una mariposa en China puede desatar un tornado en Texas. Con Trump dando los primeros golpes de timón, tiemblan aún más los modelos y la incertidumbre pretende volverse costumbre en gobios y científicos.

Autor: Fernando Fuentes, Divulgador Científico

@FFuentes01