El próximo lunes celebraremos el Día Mundial del Hábitat. En este año, el primordial tema a tratar elegido por las Naciones Unidas, es la Movilidad Urbana. Teniendo en cuenta que la mayor parte de la población vive en grandes ciudades, es un asunto en el que convergen demasiadas cuestiones para debatirlas ligeramente.

Las ciudades contemporáneas se deben diseñar para ser accesibles a todos los ciudadanos que en ellas habitan, y además, para ser sostenibles ahora y en el futuro. Es lo que se conoce como Ecourbanismo, considerando a la ciudad como un Ecosistema, una biocenosis urbana. Parece algo lógico, que se debía de haber pensado antes de levantar una urbe, pero los resultados saltan a la vista, y por supuesto, no ha sido así.

Es fundamental el acceso a bienes y servicios, rápido, seguro y con un bajo impacto ambiental. Esto, entre otros factores a tener en cuenta, se consigue con una buena planificación de las vías y del transporte urbano. Se debería de primar el desplazamiento libre de contaminantes: bicicleta, caminar, patines, coches eléctricos, trenes,…y fomentar de manera real el uso del transporte público. Tendríamos una mejora radical y muy efectiva en la contaminación acústica y del aire, en el cambio climático, en los accidentes de tráfico, y en la calidad de vida de la propia ciudad. A su vez, estos cambios repercutirían en una economía más próspera, y en un acceso equitativo a las actividades y los servicios básicos, tales como el trabajo, la educación, la sanidad, el comercio, la socialización – y permitiría a las personas participar en la vida cívica.

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Como nos ha explicado el Dr. Joan Clos, Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas, Director Ejecutivo de ONU-Hábitat, en su mensaje del Día Mundial del Hábitat.

Las ecociudades están pasando de ser un simple espejismo a ser una realidad tangible. El modelo de ecociudad privilegia a los no conductores, a los niños, a las personas mayores y a las personas con alguna discapacidad, incrementando su movilidad y sus opciones de accesibilidad. Es en su totalidad, un entorno más habitable (atractivo, tranquilo, seguro y saludable) y de menores costes (por ejemplo, en inversiones infraestructurales) que los que ofrece una ciudad convencional; con un bajo ahorro de energía y de recursos hídricos, utilizando recursos renovables, reduciendo los residuos y realizando una recogida de los mismos respetuosa con el medio ambiente. En definitiva, potenciando el uso de la arquitectura bioclimática.

Entre las ciudades más verdes y sostenibles del mundo, consideradas ejemplos a seguir, se encuentran:

Reykjavik, Islandia

Malmö, Suecia

Vitoria-Gasteiz, España

Vancouver, Canadá

Portland, Estados Unidos

Curitiba, Brasil

Copenhague, Dinamarca

Estocolmo, Suecia

Hamburgo, Alemania

Bogotá, Colombia

Singapur, República de Singapur