De nuevo, y por tercera vez en este año 2011, las autoridades han decidido cortar el tráfico (desde las 8:00 horas hasta las 18:00), por los altos índices de contaminación que se respiran.

Desde 2007, cada vez que la contaminación supera durante 12 días seguidos los niveles establecidos por la Unión Europea -50 microgramos de partículas por metro cúbico-, el domingo siguiente no se puede circular; y la emergencia solo se desactiva si la calidad del aire mejora durante tres días seguidos.

La citada norma fue puesta en marcha hace ya casi cinco años por el anterior equipo de Gobierno -de centroderecha- y avalada por el actual -de izquierdas-. La vicealcaldesa, Maria Grazia Guida, es consciente de que un domingo sin coches, de vez en cuando, no puede de ninguna manera atajar un problema tan grave, pero cree que la medida sí encierra un importante efecto pedagógico. "Es una oportunidad", explicó al diario La Repubblica, "para aprender a reducir el uso de los coches cuando no son necesarios. Hemos perdido la costumbre de ir a pie o en bicicleta, de disfrutar de la ciudad".

A cambio de la buena disposición de los ciudadanos, el Ayuntamiento de Milán pone en marcha incentivos como entradas gratuitas o con descuento para las piscinas municipales o los principales museos de la ciudad. También existe el proyecto de poner a la venta un pasaje único que por 1,5 euros permita utilizar el transporte público durante todo el día de emergencia ambiental.

El líder local de Los Verdes, Enrico Fedrighini sostiene que el hecho de que "uno o dos domingos al mes" no puedan circular coches por Milán no "solucionará la crisis de la nube tóxica" causada por la elevada contaminación ambiental.  "Quienes subieron el billete de Atm [la empresa pública que gestiona el transporte local] y empujaron a la gente a elegir el coche, no pueden ahora darnos lecciones de moral sobre lo que contaminan los vehículos particulares".

Existen otras ciudades italianas con la misma problemática, es el caso de Roma o Bolonia, que también ensayan de forma esporádica medidas similares, siempre buscando el equilibrio imposible entre la pureza del aire y la necesidad de los ciudadanos de trasladarse de un lugar a otro. No contribuye a la solución un sistema de transporte público insuficiente. En Roma, por ejemplo, están registrados 970 coches cada 1.000 residentes. Y, hasta hace unos años, dos días a la semana solo podían circular la mitad. Un día los de matrícula impar se quedaban quietos y al día siguiente, los pares. Ahora la única medida es la restricción del tráfico en 700 hectáreas de las 3.000 que ocupa el centro. En Bolonia los jueves solo pueden circular la mitad de los vehículos: si es día 2 circulan los pares y si es día 3, los impares.

Ojalá que en la urbe de Madrid las autoridades competentes hicieran lo mismo y tomaran conciencia de lo que “tenemos encima”. Y, por supuesto, estoy con “los Verdes” italianos en eso de que todo lo que se está haciendo es insuficiente, y meramente disuasorio, como se suele decir, de cara a la galería. Por  lo menos, allí les gratifican de alguna manera. Soluciones hay muchas, pero ganas pocas, pocas.

Fuente: www.elpais.com/