Día Mundial de los Anfibios 2026: anfibios al límite. Testigos del cambio ambiental y víctimas del declive global
El Día Mundial de los Anfibios 2026 (28 de abril) nos invita a detenernos y observar a uno de los grupos más antiguos e increíbles del planeta, pero también uno de los más amenazados. Ranas, sapos, tritones y salamandras han sido durante millones de años guardianes silenciosos de ríos, bosques y humedales, desempeñando un papel esencial en el equilibrio de los ecosistemas.
Este día no solo celebra su extraordinaria diversidad, sino que también busca despertar conciencia sobre su vulnerabilidad y la urgencia de proteger los delicados hábitats de los que dependen.
Salamandras, terrestres y acuáticas
Las salamandras, discretas y silenciosas, han habitado la Tierra durante millones de años, sobreviviendo a cambios profundos que hicieron desaparecer a muchos otros grupos animales. Sin embargo, hoy atraviesan una crisis sin precedentes: son uno de los grupos de vertebrados en peligro de extinción del planeta. Para quienes sienten curiosidad y admiración por los anfibios, acercarse a su situación es descubrir un mundo nuevo, pero también frágil.

Cuando se habla de salamandras en peligro de extinción, a menudo se mencionan especies emblemáticas como el ajolote (Ambystoma mexicanum), restringido a los canales de Xochimilco en México, o la impresionante salamandra gigante china (Andrias davidianus), el anfibio más grande del mundo. Pero la lista es mucho más extensa y diversa. En Japón, su pariente cercano, la salamandra gigante japonesa (Andrias japonicus), enfrenta presiones similares en ríos alterados.
Estados Unidos sobresale por la salamandra gigante americana (Cryptobranchus alleganiensis), conocida como “hellbender”, que lucha por sobrevivir en cursos de agua cada vez más degradados. En Europa, el enigmático olm (Proteus anguinus), que habita en cuevas subterráneas de los Balcanes, representa un caso único de adaptación extrema.
Si ampliamos la mirada, aparecen muchas otras menos conocidas, pero igualmente especies amenazadas. México destaca, además del ajolote, por varias especies del género Ambystoma, como el ajolote de montaña (Ambystoma altamirani) o el ajolote de arroyo (Ambystoma rivulare), están en riesgo debido a la pérdida de hábitat. En Centroamérica, la salamandra dorada (Bolitoglossa celaque) y otras del mismo género dependen de bosques nubosos que están desapareciendo rápidamente. En América del Norte, pequeñas salamandras del género Plethodon, como Plethodon shenandoah, tienen distribuciones extremadamente limitadas, lo que las hace vulnerables a cualquier cambio ambiental.

En Asia, la diversidad también es notable. Especies del género Hynobius, como Hynobius tokyoensis, sufren por la urbanización en Japón, mientras que en China varias salamandras gigantes recientemente diferenciadas, como Andrias sligoi, están al borde de la desaparición. En Europa occidental, especies como la salamandra de Lanza (Salamandra lanzai), restringida a los Alpes, o la salamandra negra alpina (Salamandra atra), que tiene que lidiar con las cambios en la climatología en los ecosistemas de alta montaña.

Hábitat y costumbres
Todas estas salamandras comparten una serie de rasgos que las hacen tan interesantes como vulnerables. Son animales profundamente ligados a la humedad, muchos de ellos activos durante la noche o en condiciones de lluvia. Se alimentan de pequeños invertebrados y desempeñan un papel clave en el equilibrio de los ecosistemas, controlando poblaciones de insectos. Algunas son completamente acuáticas, como las gigantes o el ajolote; otras viven en tierra firme, pero dependen de ambientes húmedos para sobrevivir.
Sus estrategias reproductivas son variadas, pero en general lentas. Muchas especies depositan huevos en el agua, donde se desarrollan larvas antes de metamorfosearse. Otras tienen formas más directas de desarrollo, en las que las crías emergen como versiones en miniatura de los adultos.
En cualquier caso, suelen tener tasas de reproducción bajas, lo que dificulta su recuperación cuando las poblaciones disminuyen.
Esta lentitud también se refleja en su longevidad: algunas salamandras pueden vivir décadas, especialmente las especies más grandes o aquellas adaptadas a ambientes estables como cuevas.
El problema es que esa estabilidad está desapareciendo. La destrucción de hábitats sigue siendo la principal amenaza: la deforestación, la contaminación de ríos y arroyos, y la expansión urbana transforman los lugares donde viven. A esto se suman especies invasoras, que compiten o depredan sobre ellas, y enfermedades emergentes como los hongos quítridos, que han causado estragos en poblaciones de anfibios en todo el mundo. El cambio climático agrava la situación, alterando los ciclos de humedad y temperatura de los que dependen. En algunos casos, como el de las salamandras gigantes asiáticas, la explotación directa por parte del ser humano ha sido devastadora.
El caso de la salamandra negra alpina

La subespecie Salamandra atra aurorae es un anfibio raro y difícil de observar, restringido a una pequeña zona de los prealpes italianos, donde habita principalmente bosques de montaña. Su comportamiento discreto y su dependencia de condiciones ambientales muy concretas hacen que su detección sea poco frecuente.
Tras años sin nuevos registros desde su hallazgo en Trentino en 2008, en 2025 se confirmaron nuevas observaciones en el Valle de Sella, lo que amplía su distribución conocida.
Los individuos fueron encontrados tanto en un hábitat forestal típico como en un entorno rocoso poco habitual, lo que sugiere una mayor capacidad de adaptación de lo que se pensaba.
Además, el hallazgo de una hembra grávida indica la existencia de una población reproductora en la zona, y no simples ejemplares en dispersión. Las características del terreno apuntan a un posible aislamiento de estas poblaciones, lo que podría implicar diferencias genéticas relevantes. Este descubrimiento subraya la importancia de continuar investigando y reforzar las medidas de conservación para proteger a esta subespecie vulnerable.
Hay algo profundamente revelador en la situación de las salamandras. Su piel, permeable y sensible, las convierte en indicadores directos de la salud ambiental. Allí donde ellas desaparecen, suele haber un deterioro más amplio que afecta a todo el ecosistema. Por eso, su conservación no es solo una cuestión de proteger especies aisladas, sino de preservar redes completas de vida. si quieres ayudar a su conservación, puedes comenzar investigando sobre ellos con lecturas como Anfibios y Reptiles de España y de Europa (GUIAS DEL NATURALISTA) y saliendo a la naturaleza a verlos interactuar en su propio hábitat.
Para quienes se interesan por el mundo de los anfibios, las salamandras representan una combinación única de misterio, adaptación y resistencia. Pero también nos recuerdan que incluso las criaturas más antiguas y resilientes pueden verse superadas por la velocidad del cambio actual. Conocerlas es el primer paso para valorarlas, y valorarlas, quizá, el comienzo de su protección.
