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Día Mundial del Gorrión 2026: por qué están disminuyendo los gorriones en España

Cada año, el 20 de marzo se celebra el Día Mundial del Gorrión, una jornada dedicada a recordar la importancia de unas aves que, durante generaciones, han formado parte inseparable de la vida cotidiana en pueblos y ciudades. Su canto ha acompañado las mañanas en plazas y patios, su presencia ha sido habitual en parques y tejados, y su capacidad para convivir con las personas los convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de la fauna urbana. Sin embargo, esa familiaridad ha ocultado una realidad preocupante: los gorriones están disminuyendo, incluso en los lugares donde siempre parecieron más abundantes.

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Los gorriones están desapareciendo de nuestras ciudades. Imagen de Freepik.

La urbanización ha supuesto un decrecimiento de la población

La expansión de las ciudades es uno de los procesos que más profundamente ha transformado los ecosistemas en las últimas décadas. A medida que el territorio se urbaniza, el hábitat natural disponible se reduce o se fragmenta, lo que afecta directamente a la biodiversidad. Las áreas urbanas no son simplemente una versión modificada de los ecosistemas naturales: funcionan bajo reglas ecológicas diferentes. El microclima que generan las grandes ciudades, por ejemplo, crea condiciones particulares que favorecen a algunas especies. El conocido efecto de isla de calor provoca temperaturas más altas que en las zonas rurales cercanas, lo que puede alterar la fenología —es decir, los ciclos estacionales— de plantas y animales, y también mejorar la supervivencia durante inviernos fríos.

Para ciertas especies, especialmente aquellas con dietas y comportamientos más generalistas, este entorno puede resultar ventajoso. En las ciudades existe una disponibilidad constante de alimento procedente de restos orgánicos, desperdicios o incluso de la alimentación directa por parte de las personas. Esta abundancia, sin embargo, no siempre se traduce en una dieta equilibrada.

Numerosos estudios han demostrado que los alimentos disponibles en entornos urbanos suelen tener menor calidad nutricional, lo que puede provocar deficiencias y generar diferencias fisiológicas entre las poblaciones urbanas y rurales de algunas aves.

La vida urbana también implica otros cambios importantes en la dinámica ecológica. En general, los depredadores naturales son menos abundantes que en los ecosistemas rurales, lo que podría parecer una ventaja para muchas especies. Sin embargo, esta ausencia se compensa en parte con la presencia de gatos domésticos y asilvestrados, muy comunes en zonas urbanas y suburbanas. Estos animales pueden provocar pérdidas directas de individuos, pero también efectos más sutiles, como cambios en el comportamiento de las aves que reducen su tiempo de alimentación o afectan a su reproducción.

A ello se suma la contaminación —química, atmosférica o del suelo— que caracteriza a las áreas más densamente pobladas, así como la constante presencia humana. La proximidad a las personas puede alterar el comportamiento de las aves: algunas especies muestran respuestas de alerta más tempranas o pasan más tiempo vigilando su entorno, lo que disminuye el tiempo que dedican a buscar alimento, reproducirse o cuidar de sus crías.

Dentro de este complejo escenario urbano, los gorriones constituyen uno de los grupos de aves más representativos. Su distribución es prácticamente mundial y su historia está profundamente ligada a la actividad humana. Entre ellos destacan dos especies presentes en España: el gorrión común (Passer domesticus) y el gorrión molinero (Passer montanus), ambas muy conocidas pero con diferencias importantes en su relación con el entorno urbano.

Gorrión común

El gorrión común es probablemente una de las aves más estrechamente asociadas a las personas. Se trata de una especie sedentaria en buena parte de la región mediterránea y extremadamente adaptable. Su éxito evolutivo se debe en gran medida a su capacidad para aprovechar los entornos creados por el ser humano. Desde tiempos muy antiguos ha estado vinculado a la agricultura y a los asentamientos humanos, encontrando alimento y refugio en graneros, establos, huertos o viviendas.

En las ciudades actuales sigue ocupando espacios similares: barrios residenciales, parques, jardines o edificios con cavidades adecuadas para anidar. Los huecos en fachadas, tejados o estructuras urbanas han sido históricamente lugares ideales para la cría, mientras que los parques proporcionan insectos fundamentales para alimentar a los polluelos durante sus primeras etapas de vida. Si quieres ayudar a su conservación, puedes colocar una casa para pájaros en tu jardín o en tu propia vivienda, e incluso proporcionarles algo de alimento o agua. ¡Podrás contemplar sus idas y venidas todos los días, así como el nacimiento de los polluelos!

Durante décadas, el gorrión común fue considerado una de las aves más abundantes del entorno urbano. Sin embargo, los datos de seguimiento poblacional muestran un cambio significativo.

En España, su población ha experimentado un descenso aproximado del 18 % en los últimos 25 años. Lo más llamativo es que su área de distribución apenas ha cambiado: la especie sigue presente en gran parte del territorio, pero con menos individuos.

Gorrión molinero

El gorrión molinero presenta una relación diferente con el paisaje. Tradicionalmente se ha asociado a entornos más naturales, especialmente a zonas de humedales o áreas rurales con presencia de vegetación y agua. Aunque también puede encontrarse en entornos urbanos, suele preferir espacios menos densamente urbanizados, como parques amplios, jardines o zonas suburbanas. Tiende a evitar áreas muy transitadas o altamente artificializadas, como grandes carreteras o centros comerciales.

A lo largo del siglo XX, esta especie comenzó a expandirse hacia las ciudades europeas, colonizando nuevos ambientes urbanos. Sin embargo, en los últimos años también se han detectado tendencias negativas en varios países. En España, los estudios indican que la población de gorrión molinero ha disminuido alrededor de un 13,5 % en las últimas dos décadas, según figura en este estudio publicado en MDPI.

Curiosamente, no existen evidencias claras de competencia negativa entre ambas especies. De hecho, algunos estudios sugieren que el gorrión común tiende a desaparecer en lugares donde el gorrión molinero tampoco está presente, y que este último puede beneficiarse de la ausencia del primero en determinados contextos.

Las razones detrás de la disminución de ambas especies no parecen responder a una sola causa. Más bien, todo apunta a una combinación de factores relacionados con la transformación de nuestras ciudades. La arquitectura moderna, por ejemplo, ha eliminado muchos de los huecos y cavidades que antes ofrecían refugio para la nidificación. Las fachadas más lisas, los materiales sellados y los sistemas de aislamiento reducen las oportunidades para que los gorriones encuentren lugares adecuados donde criar.

Al mismo tiempo, el modelo de gestión de muchos parques urbanos ha cambiado. La reducción de vegetación diversa, el uso de pesticidas o la menor presencia de insectos pueden limitar los recursos alimenticios disponibles para las aves, especialmente durante la época de cría, cuando los polluelos dependen casi exclusivamente de proteínas animales.

El resultado de todos estos cambios es una disminución silenciosa de unas aves que durante siglos parecieron inseparables de nuestra vida diaria. El gorrión no solo es una especie emblemática de la fauna urbana, sino también un indicador de la salud ambiental de nuestras ciudades. Cuando su número disminuye, es posible que esté reflejando transformaciones más profundas en el ecosistema urbano.

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Infografía: Los gorriones en España.

Por eso, el Día Mundial del Gorrión es también una invitación a replantear nuestra relación con la naturaleza que nos rodea. Favorecer espacios verdes más diversos, conservar árboles y arbustos, promover la presencia de insectos o instalar cajas nido en edificios son algunas de las medidas que pueden contribuir a mantener poblaciones saludables de estas aves.

Tal vez la clave esté en algo tan sencillo como volver a prestar atención. Porque los gorriones siempre han estado ahí, compartiendo nuestras calles y nuestros cielos. Y protegerlos significa, en el fondo, cuidar también de los pequeños equilibrios naturales que hacen de nuestras ciudades lugares más vivos. 

Diana

Fundadora de concienciaeco.com | Directora y Redactora experta en contenidos patrocinados | Sostenibilidad, ecología, salud natural y estilo de vida verde

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