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Día Mundial de las Montañas 2025: Guardianas eternas. Recorrido por las montañas más antiguas del planeta

Las montañas más antiguas del planeta no tienen la arrogancia de los picos jóvenes y afilados. Son redondeadas, erosionadas, discretas. Pero cada una guarda una historia que se remonta a los primeros capítulos de la Tierra. Caminar por ellas es acercarse a los cimientos del mundo, a la roca que presenció los primeros océanos, los primeros vientos y, en muchos casos, los primeros mitos humanos.

Cada 11 de diciembre se celebra el Día Mundial de las Montañas, una jornada impulsada para reconocer el valor ambiental, cultural y espiritual de estos gigantes que modelan nuestro planeta. La fecha invita a reflexionar sobre su fragilidad frente al paso del tiempo, los fenómenos climáticos, la pérdida de biodiversidad y la presión humana, pero también a celebrar la vida que sostienen, las comunidades que las habitan y la inspiración que ofrecen a quienes las recorren. Es un día para mirarlas con respeto, agradecer su belleza y recordar que protegerlas es, en realidad, proteger nuestro propio futuro.

Makhonjwa Mountain Range

Las más antiguas conocidas se encuentran en el Makhonjwa Mountain Range, también llamado los Macizos de Barberton, entre Sudáfrica y Suazilandia. Con cerca de 3.500 millones de años, estas montañas forman parte del antiguo cratón de Kaapvaal, uno de los bloques continentales primigenios del planeta. Sus rocas verdes, basaltos y sedimentos arcaicos son prácticamente una enciclopedia geológica al aire libre. Hoy muestran lomos suaves y colinas de contornos cansados, erosionados durante eones.

Los pueblos bantúes dicen que allí nacieron los primeros antepasados, en un valle donde los espíritus modelaron la tierra antes de poblarla de vida. La región alberga proteas, acacias, cebras, antílopes y una sorprendente diversidad de aves.

Makhonjwa
Barberton Makhonjwa Mountains. Upper Hyslops i.c Faurea. Imagen © Tony Ferrar.

Cratón de Pilbara

Algo similar ocurre al otro lado del mundo, en el Cratón de Pilbara, en Australia Occidental, donde se encuentran formaciones montañosas igualmente antiguas, cercanas también a los 3.400 millones de años. Este paisaje marciano, repleto de colinas rojas y gargantas profundas, está compuesto por rocas volcánicas arcaicas, cuarcitas y antiguos depósitos de hierro. Al parecer un meteorito se estrelló y creo el gigante cráter que se puede observar, según estudios científicos.

Las comunidades aborígenes sostienen que los seres del Tiempo del Sueño trazaron con sus cuerpos los pliegues de estas montañas, dejando señales sagradas en cada quebrada. Aquí dominan los eucaliptos, las espinosas plantas de spinifex y animales resistentes como los canguros rojos, los dingos y los lagartos monitor.

Cratón de Yilgarn

A unos 2.800 millones de años se remontan las montañas asociadas al Cratón de Yilgarn, también en Australia Occidental. Más que una cordillera definida, es un mosaico de sierras bajas que emergen como islas pétreas en un mar de llanuras. Sus rocas metamórficas —granitos, gneises y basaltos deformados— cuentan historias de colisiones continentales diminutas pero intensas.

Los pueblos nungarin y ballard conservan relatos que describen estas montañas como “las columnas del cielo” que los seres ancestrales colocaron para separar la luz de la oscuridad. Su flora, dominada por matorrales secos, grevilleas y acacias, convive con emús, ualabíes y serpientes del desierto.

Colinas de los Aravalli

Cerca de los 2.500 millones de años encontramos las colinas de los Aravalli, en el noroeste de la India. Se extienden por Rajasthan y Haryana y constituyen uno de los sistemas montañosos continuos más antiguos del planeta. Sus cuarcitas, mármoles y esquistos han soportado eras enteras de erosión, dejando picos aislados que surgen, casi de forma inesperada, entre ciudades modernas y desiertos cálidos.

Para los pueblos bhil y garasia, los Aravalli están habitados por espíritus guardianes que protegen los manantiales y deciden la fertilidad de la tierra. Sus bosques secos dejan espacio a leopardos, hienas, chacales y aves rapaces que sobrevuelan el terreno quebrado.

Aravalli
Las colinas Aravalli. Imagen © Tulja Korukonda.

Cordillera Hamersley

Un poco más jóvenes, pero igualmente ancestrales, con unos 2.400 millones de años, se encuentra la cordillera Hamersley, en Australia Occidental. Famosa por sus formaciones ferríferas bandeadas, es un universo rojizo de mesetas, acantilados y cañones estrechos.

Los relatos de los pueblos Banyjima aseguran que los seres del Dreamtime descendieron aquí para pintar la tierra con hierro y fuego. Entre sus laderas crecen eucaliptos robustos, spinifex y arbustos duros, y vagan dingos, canguros y aves rapaces que parecen flotar sobre el aire caliente.

Cordillera
Cordillera Hamersley. Imagen © Dales Gorge.

 

Montañas Laurentianas

Bajando en la escala temporal hasta alrededor de 1.000 millones de años están las montañas Laurentianas, o Laurentides, en Canadá. Este es uno de los paisajes más antiguos de Norteamérica y parte esencial del Escudo Canadiense. Sus rocas metamórficas, principalmente granitos y gneises, han sido redondeadas hasta adquirir la forma de colinas suaves cubiertas de bosques densos.

Los pueblos algonquinos sostienen que estas montañas nacieron del cuerpo dormido de un espíritu gigante, cuyos latidos se perciben en los ríos que aún hoy serpentean entre los valles. Arces, abetos, abedules, alces, castores y linces forman un paisaje vivo que cambia radicalmente con las estaciones.

Cordillera
Montaña Namour en las montañas Laurentianas. Imagen © Gabriel Picard.

MacDonnell Ranges

Algo más recientes, pero todavía entre las más antiguas del mundo, se alzan las MacDonnell Ranges en el Territorio del Norte de Australia, con unos 800 millones de años. Estas montañas rojizas, partidas en desfiladeros y simas, están compuestas por areniscas, cuarcitas y lutitas endurecidas.

Para los pueblos arrernte, cada grieta y cada garganta es un rastro de los seres ancestrales que modelaron el paisaje. Aquí prosperan eucaliptos, hierbas duras y canguros del desierto, así como aves adaptadas a climas secos e intensos.

MacDonnell Ranges
MacDonnell Ranges. 

Montañas Waterberg

En el extremo sur de África se encuentran también las montañas Waterberg, en Sudáfrica, con edades estimadas entre 1.500 y 2.000 millones de años. Sus areniscas rojizas forman paredes verticales y mesetas altas que sobresalen como fortalezas naturales.

Los pueblos sepedi cuentan que los antepasados eligieron estas montañas como morada porque conectan la tierra con el cielo. Jirafas, búfalos y rinocerontes vagan por los valles, creando un equilibrio singular entre vida salvaje y antigüedad geológica.

Waterberg
Meseta Waterberg. Imagen © Patrick Giraud.

Todas estas montañas, distribuidas por continentes diferentes y nacidas en momentos muy distantes del pasado profundo, comparten algo esencial: son testigos de un planeta que apenas comenzaba a formarse. Hoy invitan a los viajeros a caminar sobre esa memoria antigua, a escuchar los relatos de los pueblos que han vivido en ellas durante milenios y a descubrir una naturaleza que, pese al tiempo, sigue intacta en muchas de sus formas.

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