El flygskam es una nueva corriente o tendencia que cada vez tiene más adeptos por todo el mundo. Se trata de la traducción literal de la palabra: «vergüenza a volar», pero comprende una visión holística con conciencia ecológica. Y es que la emergencia climática en la que se haya sumido el planeta lo vale.

flygskam

El «flygskam» ha calado hondo entre los más jóvenes, pero también entre otras generaciones.

Los aviones europeos han incrementado sus emisiones a la atmósfera un 26% en los últimos cinco años, según la Unión Europea; y el podio de las 10 aerolíneas, según el International Council on Clean Transportation (ICCT), más contaminantes respecto al combustible que usan, es largo:

1.  Norwegian

 2.  Airberlin

 3.  Aer Lingus

 4.  KLM

 5.  Air Canada

 6.  Aeroflot

 7.  Turkish

 8.  Air France

 9.  Delta

 10. Icelandair

Esta cruzada, si se la puede llamar así, no tiene nada que ver con el miedo a volar, totalmente respetable, sino con un cambio de mentalidad y de hábitos que implican todas las acciones de nuestra vida. En este caso, se pone el dedo en la llaga cuando se realizan recorridos de corta distancia, que podrían realizarse con otro medio de transporte como el autocar, el coche o el tren. 

Las emisiones  de los aviones podrían ascender hasta un 300% en 2050, según se desprende de los datos facilitados por  la International Civil Aviation Organization (ICAO). Para controlar tus emisiones de carbono, nada mejor que medir las que desprendes a la atmósfera con tus vuelos, con una calculadora para los desplazamientos que efectúas por el aire, proporcionada también por ICAO. 

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Los vuelos entre ciudades que se encuentran a una distancia cercana o media se deben sustituir por trayectos en tren.

El problema que se venía venir es, que si antes, en la década de los años 70 del siglo pasado, viajaban muy pocas personas en avión,  el año pasado la cifra fue alarmante: se sobrepasan los 120.000 vuelos transportando a doce millones de personas cada día, según los informes de ATAG (Air Transport Action Group). Por supuesto, no se puede hablar de sostenibilidad en ningún caso. 

Hay que ver el fondo de esta cuestión, es decir, de la vida que llevamos y queremos seguir llevando, visto, lo visto. Está bien conocer otras culturas, pero no comparto esa de tendencia de irse cuánto más lejos mejor de vacaciones, cada fin de semana, a no ser que sea para establecer otra residencia. Es lo que se lleva, es lo que vemos que hacen esos personajes famosos, y que lejos de ser modelos a seguir, están provocando que el resto de los mortales aspiren a tener esas vidas de despilfarro, para nada sugerentes de copiar.

Hemos perdido referentes, y nuestro modelo de sociedad de consumo está acabando con la vida de nuestro entorno, es un modelo capitalista «antivida», pero seguimos sin renunciar a él. Por suerte, la otra tendencia el tagskyrt, pretende que nuestros movimientos por el mundo sean más conscientes y más respetuosos con el medio ambiente, eligiendo como medio de transporte el tren, para esas distancias cortas y medias.

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El tren es una solución más viable para evitar una mayor contaminación.

Los suecos son los que más han luchado y animado a sumarse a este nuevo «plan de transporte», pero creo que va a ser (estoy segura de ello), algo perenne y duradero, porque el respeto por la Tierra lo merece a todas luces. Las aerolíneas de bajo coste tienen su futuro contado, por el bien de la humanidad y de los seres vivos. Se necesitan ya aviones híbridos y eléctricos, pero sobre todo lo que más se requiere, es dejar de necesitar, de anhelar, de poseer. Por último, no dejar de leer este estudio sobre quién viaja en avión y su nivel de renta.