Una urna biodegradable nos permite llevar el ecologismo hasta las últimas consecuencias. Nada de cementerios ni de esparcir nuestras cenizas en el mar, lo más sostenible que podemos hacer tras nuestro paso por el planeta es convertirnos en árbol.

El ecologismo no es una moda pasajera, es un estilo de vida. Desde la alimentación hasta el turismo, pasando por la ropa o la manera de desplazarnos, el respeto por el planeta se puede incorporar a todos los aspectos de nuestro día a día, desde que nacemos hasta el momento de nuestra muerte… y más allá.

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Cómo ser sostenibles hasta la muerte

La opción para que nuestra sostenibilidad sobreviva se llama Bios y es una urna biodegradable pensada para que las personas preocupadas por el medio ambiente puedan descansar en paz. Este recipiente tiene dos compartimentos. En el inferior se depositan las cenizas del difunto, mientras que en el superior debe alojarse una semilla, mezclada con tierra procedente del lugar donde el árbol crecerá. Cuando se produzca la germinación, las raíces comenzarán a crecer (hacia abajo, como es lógico) y atravesarán la zona donde reposan los restos del fallecido.

Dado que la urna se descompone de forma natural, para cuando las raíces lleguen al compartimento inferior ya se habrá producido una fusión de las cenizas con su entorno, donde formarán un subsuelo rico en nutrientes que alimentará a la planta. De esta manera, el legado de la persona no estará representado por una fría construcción en mármol, sino por un árbol lleno de vida, que cerrará el ciclo natural de los elementos que forman parte de cada organismo.

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Es posible escoger entre diferentes variedades de árbol, tales como pino, ginkgo, arce, roble, fresno o haya. La elección dependerá del terreno donde sea depositada la urna y sus condiciones ambientales, además de, evidentemente, las preferencias de la persona implicada. Y no solo nosotros podremos volver a la madre Tierra: también nuestras mascotas.

La búsqueda de la inmortalidad o de la vida eterna ha sido una obsesión sistemática de todas las civilizaciones. Puede que la solución sea simplemente aceptar que somos parte de un ecosistema global y que, como todos los seres vivos, nuestro destino es dejar paso a los nuevos organismos y contribuir a la conservación del equilibrio natural. ¿Qué mejor inmortalidad que convertirnos en un árbol?

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