Con un lema muy significativo “Rompe la cadena de la corrupción”, las Naciones Unidas han querido resaltar en este año 2014 el papel de las personas que tienen puestos de mando en instituciones, gobiernos o empresas para que eleven su voz y denuncien los sobornos que existen a su alrededor.

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En España sabemos mucho de esta cuestión, y ya venimos sufriendo desde hace décadas este tipo de delito con pocas consecuencias para sus infractores. El famoso “ladrillazo español” es ya conocido hasta fuera de nuestras fronteras, y es que nuestra imagen de souvenir vendiendo paella, jamón serrano, toros y flamenco ha pasado a la historia, según se plasma en demasiados chistes extranjeros.

El delito ambiental o ecológico es un delito social pues afecta las bases de la existencia social económico, atenta contra las materias y recursos indispensables para las actividades productivas y culturales, pone en peligro las formas de vida autóctonas en cuanto implica destrucción de sistemas de relaciones hombre – espacio. Viene muy claro explicado, incluso para los que no somos expertos en leyes, en el artículo 325 del Código Penal:

«Será castigado con las penas de prisión de dos a cinco años, multa de ocho a veinticuatro meses e inhabilitación especial para profesión u oficio por tiempo de uno a tres años el que, contraviniendo las leyes u otras disposiciones de carácter general protectoras del medio ambiente, provoque o realice directa o indirectamente emisiones, vertidos, radiaciones, extracciones o excavaciones, aterramientos, ruidos, vibraciones, inyecciones o depósitos, en la atmósfera, el suelo, el subsuelo o las aguas terrestres, subterráneas o marítimas, incluido el alta mar, con incidencia incluso en los espacios transfronterizos, así como las captaciones de aguas que puedan perjudicar gravemente el equilibrio de los sistemas naturales. Si el riesgo de grave perjuicio fuese para la salud de las personas, la pena de prisión se impondrá en su mitad
superior».
Los elementos que configuran este tipo penal son los siguientes:
1.º Uno de naturaleza objetiva (elemento objetivo) que por exigencias típicas descriptivas ha de consistir en la provocación o realización, directa o indirecta, de alguna de las actividades aludidas en el precepto (emisiones, vertidos, extracciones o excavaciones, aterramientos, residuos, vibraciones, inyecciones o depósitos) realizadas sobre alguno de los elementos del medio físico también enumerados (atmósfera, suelo,
subsuelo, o aguas terrestres, marítimas o subterráneas).
2.º En segundo lugar, la infracción de una norma extrapenal (elemento normativo), requisito exigido de manera explícita en forma de contravención de alguna de las leyes o disposiciones normativas reguladoras de aquel tipo de actividades.
3.º Que se cree una situación de peligro grave para el bien jurídico protegido (elemento valorativo).
4.º La comisión dolosa en la producción o realización (elemento subjetivo) para lo que deberá acreditarse bien la intención, bien la representación del riesgo y continuación en la actuación”.

El problema viene cuando en muchos casos las irregularidades debidas a la prevaricación y contra la ordenación del territorio han llegado y se han ido como si de una ola se tratase. Artilugios y artimañas de abogados, junto con el elemento subjetivo, han sido los responsables de tan desconcertante situación, en la que siempre salen perdiendo los mismos. Urbanizaciones de lujo o gigantescos hoteles construidos al borde del mar para no perder vistas o en una zona de especial conservación o protegida, o en un Parque Natural; todo ello sin ningún tipo de cortapisa, ni aprecio, y mucho menos con un mínimo de conciencia medioambiental. ¡Qué mas dará destruir un ecosistema!, debe de pensar quien se deja sobornar, o a lo mejor tiene en mente el popular dicho: “La razón se compone de verdades que hay que decir y verdades que hay que callar”.  Aderezado con terrenos adjudicados a dedo, construcciones en terrenos no urbanizables o zonas verdes, o en montes de utilidad pública; como si fuesen propiedad de unos cuantos, cuando SON TERRENOS DE TODOS.

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Junto a esta serie de actividades ya casi consideradas comunes en nuestro país, hay que añadir las emisiones o vertidos de muchas empresas a nuestros ríos y mares, tierras, o a nuestra atmósfera. La contaminación química ya es una realidad, pero la mayoría de la población todavía no sabe realmente cuáles son sus consecuencias, y cuáles les van a afectar directamente a ellos como personas. Una labor que lejos de hacerse pública, se esconde a sabiendas de lo que conllevaría alertar de los riesgos. ¿Nuestros mandatarios están vendidos por una larga cadena de favores? Eso es lo que le parece a una amplia mayoría de la ciudadanía.

Esa emisión o vertido tendría constitución de delito cuando no se ha evitado o no se han tomado medios para impedirlo. Aquí tendría que entrar en juego la normativa ambiental protectora para todo tipo de casos. Lo que no ocurre en la realidad, en la multitud de tipos de contaminación y en otras cuestiones ambientales existentes que afectan a la vida sobre la tierra y a la salud de los seres vivos que en ella habitan: contaminación electromagnética, contaminación acústica, contaminación lumínica, extracciones (agua, petróleo, etc); y un sinfín de acciones que destruyen todo cuanto nos rodea, la diferencia entre ellas está en que algunas lo hacen más despacio y otras más deprisa.

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Y es que otra consideración más que oportuna es: qué es verdaderamente lo que contamina, cómo se puede medir, quién lo mide y cuáles son los elementos para identificarla. Ya tenemos conocimiento de muchas enfermedades que están saliendo a la luz y que todavía no están reconocidas en España, a consecuencia de esta contaminación silenciosa. Esta polución que envenena a largo plazo y que no sale en análisis de sangre, ni en pruebas específicas, pero que está ahí, y que cuando ya da la cara es demasiado tarde.

Ahora nos toca cavilar si realmente este es el progreso que tanto habíamos añorado, con corruptos que pasean a sus anchas por los pasillos de la democracia diseminando rastros de envenenamiento. Dejemos de ser marionetas en este teatro, y pongámonos actuar que la platea nos espera.