Enfrente de mi casa tengo dos gigantescos contenedores para reciclar papel y vidrio, que me facilitan mucho la tarea diaria de sacar mis envases de casa para depositarlos en estos lugares. De un tiempo a esta parte, he advertido que cada día se plantan al lado de los mismos, coches y furgonetas de los que sale su conductor y  su copiloto para arramplar con todo lo que encuentran en estos depósitos. Mis ojos se han quedado haciendo chiribitas cuando alguna vez he encontrado  al ir a echar mis recipientes y embalajes, las piernas de un hombre sobresaliendo de los contenedores, en una postura diría que casi acrobática, intentando sacar el último cartón que quedaba en el fondo, e incluso más de una vez me los he encontrado dentro. Ya os podéis imaginar el susto que me he podido meter al abrir la escotilla y aparecer enfrente de mí una cara mirándome como diciendo “el cartón o la vida”. De hecho, tuve varios días pesadillas con esa situación y su cara.  Mejor no recordarlas.

La cuestión es que rellenan sus automóviles como si de un pavo se tratase; hasta en el último hueco que queda, meten alguna caja de cartón. Según lo que he oteado, no podría caber ni un brazo, de lo prensado que va el material. De hecho, por las ventanas no se aprecia nada de de la tapicería del coche, ni de su estructura.

Dándole vueltas a este asunto, me decidí a hablar con estos tipos y otros cuantos más que me he ido encontrando por mi barrio haciendo lo mismo. Valiente de mí, me pudo más la curiosidad y el saber porqué hacían esto.

Al principio, veía personas de los países del Este, pero actualmente se han sumado españoles. Van parándose por todos los contenedores que encuentran a su paso, e incluso trazan rutas según me informan, y recogen todo lo que ven por las calles que les pueda servir para luego vender. Nicolae, de 35 años realiza este tipo de operación desde hace dos años. Se quedó sin trabajo él y su mujer, y tuvieron que “buscarse la vida” como pudieron. Tienen dos hijos que estaban en España; pero finalmente se han vuelto a Rumanía, su país de procedencia, con sus abuelos, ya que no les podían mantener.

Lo mismo le sucedió a Esteban de 50 años y a su mujer. Pero en su caso, ellos son españoles, y también tienen dos hijos. La crisis les ha dejado sin nada y viven ahora de lo que pueden, comiendo donde pueden, y durmiendo, de nuevo, donde pueden. Los cuatro están en el paro, y no confían en que su situación vaya a mejorar.

Este lucrativo negocio está dando lugar a que existan ya, pequeñas mafias que regentan ciertas zonas para apropiarse de estos materiales en cuanto se depositan en la calle o en los contenedores. El cartón, lo están comprando a unos 8,5 céntimos de euro, el kilogramo; según he investigado.

Y los datos ofrecidos por Ecoembes son fidedignos: de 104.371 toneladas que se recogieron en el año 2010 de papel y cartón en Madrid, han pasado a 88.023 toneladas en el año 2011.

Algo similar ocurre con el caso de las latas de aluminio, envases de un solo uso, que los vecinos depositan en su correspondiente cubo amarillo; pero que la mayoría de las veces termina no en el camión de recogida de la basura, sino en manos de personas que la acumulan en sus casas, un aparente Síndrome de Diógenes que desenmascara una cruenta realidad: la de no poder llegar a fin de mes.

Este suceso lo podemos observar irremediablemente en nuestras calles: bolsas de basura amarillas esparcidas por toda la acera, en las que una serie de sujetos se afanan en encontrar envases de aluminio. He podido contabilizar lo que se pueden llegar a sacar en las grandes comunidades de vecinos, 90 o 100 latas por persona, y sabiendo que no sólo van a un sitio, sino a muchos más; y teniendo en cuenta que, según la información telefónica que he recibido, el kilo está entre 60 y 90 céntimos de euro; echando cuentas, creo que no les sale nada mal.

A esto se dedican Adelina  y Pablo, que recogen latas prácticamente todos los días, para luego, venderlas. Su situación es límite. Ambos están jubilados, y con la pensión mínima que perciben no pueden llegar a fin de mes; y esto les supone un suplemento extra para poder comer.

En Madrid, según Ecoembes, el reciclaje de aluminio ha pasado de 2.822 toneladas en el año 2010, a 2.711 toneladas en el año 2011. Un ligera caída que va en aumento, según lo visto.

Con el vidrio, está pasando igual; pero en menor proporción. ¿Quizás será por el sonido?. No es lo mismo robar cartón, que prácticamente es insonoro, a plena luz del día, que recoger vidrio. Los decibelios que se registran no son los mismos, y es más fácil que cualquiera pueda alertar a la policía al escucharlo. Esto entre otras razones.

A estos hurtos hay que añadir, el menor consumo de la población, y su consecuencia en la recogida de envases.

El problema es que no existe una cantidad de efectivos policiales suficientes como para atajar el asunto, o para atender a todas las denuncias que existen al respecto. Algo habría que hacer por parte de las autoridades competentes, en varios sentidos o direcciones.

En cuanto al vidrio, los datos aportados por Ecovidrio son preocupantes, cada vez depositamos menos vidrio en los contenedores; en España, en  el año 2011, 681.183 kg., frente a los 751.581 kg.del año 2009. Por habitante pasan de ser 15,25 kg en el año 2009 a 14,40 kg. en el 2011. Algo que da que pensar. No sé si es que estamos dando marcha atrás en vez de ir hacia delante. Es un factor decisivo que elijamos envases de vidrio en nuestra compra diaria, en vez de otros materiales más contaminantes, que tardan mucho más tiempo en poder recuperarse; y posteriormente nos preocupemos en depositarlos en los prácticos iglúes.

En el Informe Anual de Ecovidrio podemos leer que el 79,2% de los españoles afirma que recicla vidrio siempre, según el último estudio realizado por Quor en 2011. Este esfuerzo que realizamos algunos, nos está beneficiando a todos. Nuestro aire recibió 274.516 toneladas menos de CO2 en el año 2011, una cifra superlativa para nuestro medio ambiente y para nuestra propia salud. Toda la sociedad debe estar implicada e incentivar la recogida, sensibilizando suficientemente a la población en la medida que a cada uno de nosotros nos sea posible. ¡Juntos podemos hacerlo!.