Todos los años, la flota pesquera mundial extrae de los océanos unos 80 millones de toneladas de pescado. Según los integrantes del sector pesquero, este elevado número de capturas, se mantiene relativamente estable con el paso de los años y se reparte equitativamente. Según Daniel Pauli, esto no es así, pero no solo ese pensamiento es erróneo.

Un estudio llevado a cabo por el investigador antes citado, llamado SeaFoodPrint, intenta demostrar que la incidencia de un país en los océanos, no viene reflejada por la cantidad de toneladas de pescado y marisco que capturan. Esto es así, dado que no todo pez que vive en el mar se comporta de la misma manera y por lo tanto no influye de igual forma en la cadena trófica.

Para ilustrar esta idea, se desarrolla el patrón de medida llamado “huella de la pesca”.

Con el fin de definir la “huella de la pesca”, debemos fijarnos en la cadena trófica del mar. Para ello, clasificaremos los integrantes de dicha cadena en 4 niveles; en el nivel inferior se situarían los productores primarios, organismos como el fitoplancton, capaces de captar la energía solar mediante la fotosíntesis; el segundo nivel lo comprenden los consumidores de primer orden, son especies que se reproducen con rapidez y se alimentan de los productores primarios, como la anchoveta peruana o el bogavante; el nivel tres lo forman los depredadores intermedios, los cuales como el calamar del pacífico, controlan las poblaciones de peces del nivel dos; por último, el nivel superior está formado por los grandes depredadores como el atún rojo, o el pez reloj, siendo los peces de mayor demanda energética.

Con esto se puede definir cuan grande es la huella de la pesca de cada país, teniendo en cuenta el consumo y mediante una regla de equivalencia. Consumir 1kg de peces del nivel 4, equivale a consumir 10kg de peces del nivel 3 “o”, 100kg de peces del nivel 2 “o”, 1000kg de productores primarios.

Con la huella de pesca definida, nos queda aún un gran problema por resolver, y es la apertura de nuevos caladeros de pesca en alta mar, más allá de la zona económica exclusiva. Esto viene derivado de la creciente demanda de productos del mar, y de la acusada escasez.

La pesca tiende a centrarse en 5 zonas principales que son: sudeste asiáticozonas económicas exclusivasaguas australesatlántico norte y oriental. Esto unido a la apertura de nuevas zonas de pesca, el incremento de las capturas y la protección solo del 1% del océano, suma unos factores a tener en cuenta en un futuro próximo.

Según vaticina el estudio, estamos al borde de un colapso de los océanos, viéndose esto reflejado en una menor presencia de pescado en nuestra dieta. Pero aún no esta todo perdido. Para ayudar a disminuir la cifra de 60-70% de los stocks de pesca agotados, solo tenemos que introducir ciertas pautas de consumo responsable. Algunas de ellas son tan sencillas como consumir tilapia en lugar de salmón, elegir especies del nivel 3 que sean pescadas con artes menos agresivas con el mar, y evitar el consumo de grandes depredadores, cuya huella de pesca es muy grande en comparación con los integrantes  de niveles inferiores.

Yo, que vivo en un pequeño pueblo pesquero del sur de España, en el cual se ve día a día los efectos de la sobrepesca y la utilización de malas prácticas para la obtención de capturas; que tengo que convivir y presenciar cada verano como los visitantes de las famosas playas de Huelva, acaban inconscientemente con la población de coquinas, estando en este momento en su momento más crítico; y teniendo que ver como el pescado encarece sus precios, optando debido a ello por alternativas más económicas como especies congeladas como el pez llamado panga, el cual es duda actual para la salud, empobreciendo aún más el sector pesquero de la zona; creo que ha llegado el momento de actuar y proteger los mares de la sobrepesca, entre muchos otras amenazas, impidiendo que se vuelvan a producir fenómenos de extinción de especies y agotamiento de caladeros.

Es el momento de actuar, tenemos todos los instrumentos a nuestro alcance, solo necesitamos confiar en aquellos que nos enseñan a usarlos.